Por Mempo Giardinelli

Ya sabemos que el régimen macrista ha degradado la democracia a una velocidad que encandila. Y encima ahora imponen su autoritarismo con permisos para matar. Lo que demuestra que son malos de verdad, que destruyen vidas y haciendas, y trabajos, dignidades y esperanzas. Y se comportan como verdaderos virreyes al servicio de la metrópoli.

Así, con el cuento de la modernidad, el cambio, la globalización y “volver al mundo” han retrocedido a la República Argentina más de dos siglos. Lo vimos ahora con la reunión del G20, donde el presidente, la vice y todo el elenco gobernante brindó un verdadero espectáculo de colonialismo circense, auspiciado y alentado por las miserables prensa y tele que los bancan.

Pretendiendo ser fastuosos y definidores de rumbos planetarios, el ridículo circo mediático mostró al gobierno todo cumpliendo el patético rol de lacayos coloniales, mientras los visitantes sonreían, se hacían los discretos y replanificaban sus acuerdos de dominación.

En pleno siglo 21, y en el mismo territorio en que hace más de dos centurias surgió la Patria como una “nueva y orgullosa nación”, ahora esta jauría de oligarcas y vendepatrias montan, de hecho, un vulgar y servil Nuevo Virreinato del Río de la Plata.

Que duele, sin dudas, tanto como ofende a millones de [email protected] que se bancaron, azorados, la enésima y energúmena demostración de poder represivo y de periodismo autoritario que enferman a esta república.

Por eso ahora de lo que se trata es de volver a luchar por la Independencia.

Hay muchísimos patriotas todavía en estas tierras, como quedan también vergüenza y dignidad. Y están vivos y nos miran los espíritus indoblegables de Manuel Belgrano, José de San Martín, Mariano Moreno, Juana Manuela Gorriti y Martín Miguel de Güemes, entre tantos y tantas patriotas más. Sólo se trata de recuperar la consigna eterna del progreso social de la humanidad, y particularmente de los pueblos latinoamericanos: la lucha continúa. Y el campo de batalla serán las urnas en las elecciones de 2019, donde ganar, unidos y fuertes, será la única prioridad si así lo entienden de una vez tanto la derecha peronista como los restos del radicalismo, el socialismo y las izquierdas dogmáticas tantas veces erradas a la hora de votar. @