Por Pedro Peretti

El Grito de Alcorta tal como se conoce el levantamiento iniciado en Bigand el 15 de junio de 1912, y que estalló en la localidad homónima el 25 de junio del mismo año, es uno de los hechos más citados, menos investigados y tal vez  de los más tergiversados de la historia argentina. Allí la derecha hizo un trabajo impecable en cuanto a falsificación y olvido de la gesta se refiere. El primer libro sobre el tema fue escrito recién  en el año 1956, habían pasado ya  44 años,  cuando  a instancias del Partido Comunista Argentino se escribe la primera historia del acontecimiento. Su autor Plácido Grela no estuvo a la altura de la circunstancia. Su texto fue un verdadero compendio de inexactitudes, citas imposibles de verificar, hechos totalmente tergiversados e inventados, con  olvidos y recuerdos a todas luces interesados, lo que lo hacen más un ensayo literario de ficción que una obra de investigación histórica. Pero las desidias e intereses personales del autor no son imputables ni al  Partido que tuvo la loable  iniciativa de rescatar del olvido un hecho fundacional de la política agraria del país ni al materialismo historio al que adhiere expresamente el autor.Este opúsculo con el correr del tiempo se convirtió en una verdadera biblia a la hora de escribir u opinar  sobre el hecho, pero casi nadie se tomó el mínimo trabajo de corroborar o chequear las fuentes en que se basó Grela, a pesar de los abundantes y accesibles archivos existentes.

Debemos partir de la verdadera historia de aquellevantamiento, que tuvo a socialistas y anarquistas como auténticos protagonistas de los sucesos, y no a dos curas, cuyo hermano Francisco Netri fue llamado como asesor jurídico de los huelguistas no solo por su profesión de abogado sino también, por un detalle poco conocido y analizado como lo  fue su  ateísmo público y militante. Una historia sin evocaciones interesadas, ni falsificaciones u olvidos es clave para poder analizar  correctamente lo que sucede hoy y entender los porqué de los muchos los problemas agrarios que siguen intactos a pesar de los  107 años transcurridos.

Hay cosas que han cambiado-sin duda- pero hay otras que persisten casi intactas. Obviamente cambió la técnica del laboreo agrícola y del trabajo humano aplicado ael. Ya no se trabaja con tracción a sangre, ni se controla la maleza en forma manual, ni se embolsa la cosecha, ni se recolecta el maíz a manos (concuñada) ni se transporta en carros tirado a caballo hasta el tren. Eso se transformó, está más que claro. También cambió el sujeto agrario. La agricultura de 1912 era una actividad ejecutada por inmigrantes cuasi indigentes, desprovistos de todo derecho, que trabajaban a destajo en tierra ajena por un mísero mendrugo de pan. Sera el peronismo de 1945 a 1955 quien gracias a la reforma agraria -sin llamarla como tal- pero la hizo… y vaya si la hizo, que transformó a 50.000 colonos arrendatarios en  nuevos propietarios agrícolas. Nunca antes se había hecho tanto y nunca después se hizo tanto como en esa década. Los descendientes de esos arrendatarios son hoy los que encabezan todas las marchas contra la expropiación de Vicentin y critican a Juan Grabois por su propuesta de reforma agraria, similar a la que benefició a sus abuelos. Convertidos en verdadera fuerza de choque de la derecha neoliberal y base electoral del macrismo, son un  verdadero y complejo problema político a resolver por el gobierno popular.

Ahora veamos  lo que sigue igual: 1-) el tema de la tenencia de la tierra. Estamos de nuevo en el punto de partida. Más concentración con menos productores. 2- ) Seguimos con una  agricultura de tres pisos. En 1912 era: terrateniente-subarrendador-colono arrendatario, hoy  es: terrateniente, contratista rural, pool de siembra o mega-productor. 3- ) Ayer como hoy seguimos sin una ley de arrendamientos. 4- )La invisibilización del latifundio como problema estructural en el desarrollo de nuestras fuerzas productivas continua  intacto. Solo una minoría lo plantea como tal.  Ayer fueron socialistas y anarquistas, hoy el anarquismo es un recuerdo y  los socialistas partidarios se transformaron en “socialistas de mercado”. Gobernaron por 12 años Santa Fe, no solo olvidaron el tema, sino que deben ser el único partido político del mundo que hizo campaña en favor de un monocultivo. “La soja no es un yuyo”: vote Hermes Binner, decían los carteles de publicidad electoral del año 2011. 5- ) La concentración monopólica del comercio exterior de granos está más intacta que nunca. Vicentin puede ser un quiebre en esta tendencia 6- ) La inexistencia de una política tributaria progresiva que pague más quien más tiene fue base del reclamo de Juan B Justo y Antonio Noguera para castigar al Latifundio. Nada se modificó al respecto.7-) El debate sobre las retenciones. Ese tema tan espinoso de la política agraria argentina se empezó a discutir durante la interpelación a que fue sometido el ministro de agricultura  Adolfo Mujica (abuelo del recordado padre Carlos Mujica) el 29 de julio de 1912, a consecuencia de los sucesos de Alcorta. Esa discusión sobre las retenciones empezó allí, pero llega indemne hasta nuestros días. Es cierto que hemos tenido importantes avances en materia de segmentación cuando se discutió la ley de solidaridad fiscal en febrero del 2020.

A partir del golpe cívico-militar-eclesiástico de 1976, se clausuró el  debate agrario en la Argentina. En dictadura – represión mediante- se desarticuló buena parte dela estructura jurídica y de empresas del estado que se habían construido trabajosamente a lo largo de todo el siglo XX, como la Junta Nacional de Granos. Varios de estos instrumentos sobrevivieron a la tarea de demolición de las  conquistas populares que se dio a si misma la Revolución fusiladora  de 1955.Pero a partir de 1983, la oligarquía terrateniente argentina obtuvo un triunfo cultural notable e inesperado, logró invisibilizar el latifundio, y circunscribir el debate  agrario a técnicos y especialistas a su servicio, donde el uso y tenencia de la tierra quedó totalmente de lado. El campo nacional y popular abdicó voluntariamente de discutir la cuestión agropecuaria. Esto es una realidad inobjetable. No fue el imperialismo que nos impuso no discutir lo agrario sino nuestra propia desidia política e intelectual.  La oligarquía logró encapsular el tema gracias al concurso inestimable de los medios monopólicos  de comunicación, abastecidos por una fuente inagotable de recursos publicitarios, proveniente de las transicionales exportadoras de granos y sus colaterales proveedoras de insumos al agro.Encapsuló el tema para sacarlo de la mira legislativa e impositiva de los representantes de  las mayorías populares. Les  fue –para pesar nuestro-excesivamente bien. Pagaron nada de impuestos, se monopolizó la producción de alimentos, se concentró la tierra en pocas manos casi sin oposición, fugaron divisas sin límites y fueron identificados por importantes segmentos poblacionales  con la patria, como si terratenientes y la bandera fueran sinónimo de virtud. Lograron que cientos de argentinos de clase media, sin una maceta de tierra gritaran:“todos somos el campo”. Decía Albert Einstein: “dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de los segundo”.Salud y cosechas…