Por Ricardo Gil

Sí, mucho más que una bandera! Muchas banderas, todas vigentes, que los argentinos y argentinas debemos seguir sosteniendo, levantando y llevando para que sean no solo nuestras guías, sino nuestros objetivos.

Junio de 2020. A 250 años del nacimiento de Manuel Belgrano y a 200 años de su muerte, recordamos y reivindicamos su legado. El Gobierno Nacional decretó, mediante el Decreto 2/2020 al año 2020 como el “Año Belgra­niano”, en homenaje al prócer, al patriota, al revolucionario, al más íntegrode los idearios de nuestra Patria y promotor de una gran Nación Sur Americana soñada y anhelada por muchos. 

Asumo el legado de Manuel Belgrano. Un partidario de Belgrano

Pretender tener la potestad de veracidad en los argumentos, de muchos planteos o expresiones, suele fundarse en la autoridad o el prestigio de la persona que los defiende. No es mi caso. Lo lógico sería que la veracidad o certeza no dependa de quien  realiza la afirmación, sino de las evidencias y los razonamientos que la asisten. Existen muchas evidencias y razonamientos para aseverar que Manuel Belgrano fue el Padre de la Patria, gestándola junto a otros y otras patriotas desde antes de mayo de 1810.

Va aquí, un análisis de opinión, la opinión de un ciudadano, basada en razonamientos propios, con algunas citas o escritos de referencias históricas. Por supuesto, la simple opinión, deficitariamente fundada, o la sola opinión basada en sentires, percepciones o impresiones, sin una  valoración analítica y con respeto, sólo podrá ser considerada y respetada como una opinión común, y espero con estos escritos se posibilite más análisis, más intercambio y más opiniones.

Yo, ciudadano, no seré objetivo, lo asumo en este escrito de opinión, elaborado sobre la lectura de frases, escritos y evidencias reales del legado de Manuel Belgrano. No puedo ser objetivo, pues mi admiración, mi ideología e incluso mi participación ciudadana, me hace tomar partido, me hace un partidario de Belgrano.

Estoy convencido que los argentinos y argentinas, y todos los ciudadanos de buena voluntad que habitamos este suelo, deberíamos saber, conocer, reconocer  y asumir la gran deuda pendiente para un Padre de la Patria, posiblemente el más importante por su integridad, integralidad y dedicación, en su vivir para los demás y para su Patria, toda una vida, particularmente en los antecedentes y formación de una nación, por ser ideario, gestor y actor principal de los hechos entre los patriotas que llevaron adelante el proceso revolucionario para liberarnos  como colonia y declarar la independencia en Argentina y nuestra América. Y que por ello y otras razones, posiblemente aun esté inconcluso.

Me identifico con sus ideas, con sus pensamientos y hasta justifico sus errores, pues entiendo que estaba adelantado a nuestros tiempos, en nuestras tierras, en nuestra Patria, en Nuestra América, más aún cuando consideramos sus valores y principios, su coherencia en el pensar, decir y hacer; incluso aun hoy seguiría siendo un adelantado a nuestros tiempos. Ya que nuestra historia demuestra que todavía no fuimos capaces de resolver las cuestiones de hace más de 200 años y que siguen pendientes, pese a que muchos como Belgrano dejaron un legado de cómo hacerlo, por medio de escritos, documentados, con acciones y evidencias reales.

Pero podemos apreciar en retrospectiva, que como sociedad colectiva y proyecto de Nación, que incluya la totalidad de una comunidad de iguales; aún seguimos colonizados, dominados, condicionados, sin poder -aunque mas no sea-, acordar y definir el proyecto de país soberano, sin desigualdades, y sin ciudadanas y ciudadanos postergados; con independencia económica, que verdaderamente posibilite el sueño de una justicia social para todos y todas, en una sociedad de iguales y realmente solidaria. Como Manuel Belgrano soñara y viviera para concretarla.Va acá, parte de mi aporte, para reivindicarlo y si sirve, para colaborar con otrxs ciudadanos y ciudadanas que así lo consideren. 

Un adelantado y un estadista para su época, que hoy sigue vigente.

Manuel Belgrano, un adelantado para su época en Nuestra América: abogado, filosofo, economista, ecologista o ambientalista, educador, político, militar y posiblemente nuestro primer gran estadista. Tenía todo el perfil de un gran estadista, pero sin gran ambi­ción de poder, un servidor de la Patria y del Pueblo.

Probablemente en toda nuestra historia hay pocos que puedan acreditar tantos perfiles y características tan destacadas, tanto que: aun hoy siguen vigentes sus ideas, sus proyectos y sus escritos. Tan adelantado que 200 años después de su muerte las reivindicamos cuanto más las leemos, las conocemos y mejor entendemos.

Si no fue el más grande, que sus 50 años de vida, la entregó a su Patria, sin el más mínimo reparo o recaudo para sí,  está entre los más grandes.

En mi reivindicación, en estos tiempos de junio de 2020 que nos toca vivir, comparto una de sus frases:

“Ninguna cosa tiene valor real, ni efectivo en sí mismo, solo tiene el que nosotros le queremos dar, y este se liga a la necesidad que tengamos de ella… “

Con esta frase, simple, sencilla, y contundente, en estos tiempos, nos hace ver que: ¿cuantas cosas son las que verdaderamente necesitamos?  … ¿y cuantas cosas tenemos que no valoramos?

Un verdadero estadista, como referencia, como líder,que encarna un proyecto colectivo que lo coloca por encima de las parcialidades de clase o sectoriales, incluso partidarias;  y tiene éxito en llevarlo a cabo (elemento valuador de estos tiempos). Se transforma en símbolo de su Pueblo, de su Nación, de su Patria, del Estado que representa, más allá de su sector o partidarios. Se distingue por elevar la categoría de referente del sentimiento racional y espiritual, gestor, promotor y realizador de objetivos colectivos trascendentes en la historia de su Estado. Si reducir el peso de mi subjetividad, nos lleva a utilizar el “criterio del éxito” en sus concreciones, en su vida y la de nuestra Patria, lo fue y lo tuvo, solo dos ejemplos lo prueban: la Revolución de Mayo de 1810, con nuestro primer gobierno patrio y la Declaración de la Independencia de 1816. Dos ejemplos de los muchos que vamos a citar, en su (relativa) corta vida, de solo 50 años (1770-1820), de los que solo vivió diez años desde el inicio del proceso emancipatorio de 1810  y cuatro años de un país “declarado independiente”, pero igualmentefue tan amplia, completa y fundamental su participación en nuestra historia argentina.

Cronología, hechos y fundamentos que nutren su vida y su legado.

Hijo de una familia muy acomodada con 16 hijos e hijas, Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano,  nació el 3 de junio de 1770, en Buenos Aires, el puerto y ciudad capital del Virreinato del Río de La Plata creado luego en 1776,  en el contexto de la colonia, cuando nace y se educa en el Colegio Real San Carlos que estaba ubicado en el mismo lugar que hoy ocupa su continuador, el Colegio Nacional Buenos Aires, en la calle Bolívar, entre Alsina y Moreno, hasta los 16 años que viaja a España para continuar su formación y educación, junto a su hermano Francisco, donde se inscribe en la Universidad de Salamanca para estudiar Derecho. En se realidad se vincula con los principales pensadores e intelectuales de España y  estudia filosofía y economía; en una carta a su madre desde España cuenta su descubrimiento de la economía política“vine a estudiar leyes y me encontré con esto que acá llaman economía política” le decía, leyendo autores franceses como  Turgot, Quesnay, Dupont de Nemours , los italianos A. Genovesi, F. Galliani y G. Filangieri, pero especialmente estudió en profundidad al escocés Adam Smith,  es por ello que lee “La riqueza de las naciones”, y a otros los economistas de esa época, traduce varias obras parcialmente y a Quesnay, en su obra “Máximas generales del gobierno económico de un Reino agricultor”.

Se produce la Revolución Francesa en 1789, mientras recibe el diploma de Bachiller en Leyes de la Universidad de Valladolid. Mientras se forma en otras ciencias, como filosofía y economía política, en 1790, es presidente de la Academia de derecho romano, política forense y economía política, e mismo año que el Papa Pio VI lo autoriza a leer “los libros prohibidos”.

En 1793 la Real Cancillería de Valladolid le otorga licencia y facultad para ejercer el empleo de abogado. Cosa que le permite tramitar la defensa de su padre Doménico Belgrano Peri (genovés, italiano, de ciudadanía española por adopción) que fuera procesado, detenido y embargado en sus bienes como cómplice de un desfalco en la aduana de Buenos Aires -que muchas veces se expresa como el pesar o la sombra de Belgrano-, junto a su madre María Josefa González Casero (de ascendencia española nacida en Santiago del Estero) desde el Rio de La Plata seguirían todo el accionar para obtener la liberación mediante sentencia de absolución  que Manuel traerá a su regreso a Buenos Aires en 1794, año que es creado el Consulado de Buenos Aires, para lo cual ya había sido nombradode manera vitalicia, antes de su creación, en 1793 por el rey Carlos IV, como Secretario del Consulado en Buenos Aires.

Mientras tanto, antes de regresar a Buenos Aires, publica en España la traducción del idioma francés al español el libro: «Máximas generales del gobierno económico de un reino agricultor», de Francois Quesnay, para luego de cruzar el Océano Atlántico por segunda vez en su vida, regresa a Buenos Aires y asume la Secretaría del Consulado.

Su regreso de España,  que lo trae graduado de abogado, inspirado de las ideas de la revolución francesa y el iluminismo, además de la construcción de relaciones y referencias que deja constituidas en Europa como joven y brillante  intelectual, para intentar la implementación del bagaje de sus ideas de avanzada, desde el Consulado, donde ejercería hasta 1810 su cargo de Secretario, pero encuentra una fuerte resistencia de los intereses monopolistas del poder porteño y las clases altas que caracterizará muy bien como lo hace el historiador y escritor Felipe Pigna:

“Belgrano era una figura incómoda para aquellos a los que él definía como los partidarios de sí mismos: los enemigos de la patria, los egoístas, los que se oponían a su proyecto de modernización”.

“Belgrano provoca una doble sensación: gran admiración por la precocidad y la claridad de las cosas que decía y profunda tristeza, porque seguimos sin resolver problemas que él planteaba con toda claridad”

Lejos de amedrentarse, Manuel Belgrano  utilizará sus funciones y las Memorias del Consulado como herramientas y medios para difundir sus ideas. Siendo el primero en proponer una reforma agraria basada en la expropiación de las tierras baldías para entregarlas a los desposeídos:

“Se podría obligar  a la venta de los terrenos que no se cultivan, al menos en una mitad… y mucho más se les debería obligar a los que tienen sus tierras enteramente desocupadas…”.

Cita en las Memorias, que son parte del valioso legado escrito y publicado, que utilizamos como fundamento de la grandeza de Manuel Belgrano, quienes revindicamos su obra y abrevamos en sus principales ideas de economía política. En 1795 presenta su primera Memoria anual en el Consulado.

En 1796, como Secretario del Consulado de Buenos Aires expresa:

«una regular educación es el principio de donde resultan ya los bienes y los males de la sociedad. Uno de los principales medios que se deben adoptar a este fin son tas escuelas gratuitas”

Desde esa función de secretario y por su expreso pedido, la Corte de­signa a Juan José Castelli -primo y amigo, abogado graduado en Chuquisaca,quien será luego el orador de la Revolución de Mayo- para que lo supla en su cargo de secretario del Consulado durante todas sus ausencias.

En 1797  el virrey  Melo lo designa capitán de las milicias urbanas de Buenos Aires, cosa poco difundida y hace que sin ser militar haya leído estrategia y ordenamiento de las fuerzas de defensa, como la administración y asignación de fondos para la constitución de fuerzas militares,  cosa fundamental para los estados en esas épocas.

Una de sus obsesiones fue la educación, desde su gestión en la secretaria del  Consulado fundó escuelas, como las de Matemáticas, Geometría y Arquitectura, en 1799 las de Dibujo y Naútica, pero fueron desalentadas por el gobierno colonial del absolutismo español que las obligó a cerrar, pues al percibir que el conocimiento se transformaba en un peligro para su dominación. Adelantándose a nuestro futuro, pugnó por una educación común, obligatoria, gratuita y laica, proponiendo la inclusión de las mujeres y  escuelas para ellas, las que en ese tiempo no recibían ningún tipo de instrucción, cosa que fue considerada como escandalosa.

En 1801 se crea el Telégrafo Mercantil, Rural Político Económico e Historiográfico del Río de la Plata, con el auspicio de Belgrano donde realizara sus publicaciones.

Se edita en 1802 el Semanario de Agricultura,  Industria y Comercio, dirigido por su amigo Hipólito Vieytes  -actor fundamental con los patritas promotores de la semana de mayo de 1810-, también auspiciado también por Manuel Belgrano, cosas que también lo ponen como un gran comunicador, un periodista y revalorizador de los medios de comunicación, armando una “red de corresponsales”  en las principales ciudades del virreinato, que enviaban no solo la información para el Consulado sino que también servían para realizar publicaciones y comunicaciones de sus ideas. Probablemente acá también podemos apreciar que era un adelantado para su época y aún sigue vigente su visión de la importancia del periodismo, los medios y la comunicación popular.

Mientras en el Virreinato del rio de La Plata, en 1804 asume Sobremonte en Francia Napoleón I es cornado emperador, mientras nuestro patriota de referencia continua ejerciendo su secretariado en el Consulado.

En la historia oficial conocemos su participación en la Revolución de Mayo en la cual es nombrado vocal de la Primera Junta de gobierno, como primer antecedente saliente de su accionar. Como podemos apreciar hasta acá ignorando sus propuestas, logros y luchas; como así tambiénhay claros antecedentes de su participación en las invasiones inglesas(1806 y 1807). Participó en la Reconquista, negándose  a ser parte de la rendición se refugió en Montevideo, con la documentación del Consulado que pudo resguardar, y así también evitar  jurar obediencia a los ingleses al mando de William Carr  Beresford. Luego en la Defensa de Buenos Aires, como militar y ya parte del Regimiento de Patricios, como sargento mayor, para lo cual estudia táctica militar y un tiempo después renuncia a su grado militar.

Así se suceden los hechos en 1808, con la abdicación de Carlos VI y lo sucede su hijo Fernando VII, Manuel Belgrano entabla su relación por correspondencia con la Infanta Carlota Joaquina de Borbón, mientras Napoleón proclama Rey de España a su hermano José. En 1809 llega a Buenos Aires el nuevo  Baltazar Hidalgo de Virrey, mientras “los amigos de Belgrano”  como así los denominaban, con Manuel como referente, comienzan a reunirse constituyendo la Sociedad Patriótica.

Comienza a editar el Correo de Comercio de Buenos Aires, en 1810 y deja su cargo de secretario del Consulado de Buenos Aires

Participó de la inspiración, motivación organización y elaboración de la gesta libertadora y de sus revolucionarios, para el objetivo de “Libertad” que concretaron el 25 de mayo de 1810. 

Su participación en la Revolución de Mayo de 1810

En esa semana,  el viernes 18 de mayo de 1810 los integrantes del cabildo se reunieron para tratar los temas habituales, por la noche se enteraban de la caída de Fernando VII, allá por febrero de ese año. Vía barco desde Cádiz, Gibraltar y Montevideo, la nota junto a otros papeles en los baúles, con el escrito de la noticia, llegaba al puerto de Buenos Aires.

Cuentan las versiones dicen que podrían haberse enterado los patriotas en el puerto en oficinas de la Aduana, haciéndose ahí de la información real de la disolución de la Junta Central en España, cosa que luego sería informada mediante un bando del virrey Cisneros, “acomodado a su forma”, que se imprimía en la Imprenta de los Niños Expósitos, donde editaban el Correo de Comercio (otra obra de Belgrano); por ello una de sus personas de confianza, encargado de la imprenta, quien al no encontrarlo busco a sus amigos Vieytes, Rodriguez Peña y Francisco Paso, hermano de Juan José, para informarles.

Se daba en esa fecha que algunos de patriotas que habitualmente se reunían en la casa de Belgrano o en la jabonería de Vieytes, justo en esa fecha, como Saavedra (Jefe de Los Patricios), Castelli y Belgrano estaban fuera de Buenos Aires, en sus chacras.

En palabras de Belgrano: “el llamado de mis amigos de Buenos Aires, diciéndome que era llegado el caso de trabajar por la patria para adquirir la libertad e independencia deseada”.

Recién, el bando, fue puesto en conocimiento el sábado 19. El domingo 20 recién llego Saavedra, el bando ya circulaba por toda la ciudad. Castelli, Saavedra y Belgrano se encargaron de hablar con las autoridades, el síndico y el alcalde, instando a realizar un Cabildo Abierto, público y general. Cisneros tratando de resistir convoco a las milicias, por supuesto no tenía la autoridad suficiente, Saavedra jefe de Los Patricios con Viamonte como segundo, los Húsares a cargo de Martín Rodríguez y Juan R. Balcarce, la Legión Infernal o “Chisperos” denominados luego, con French y Beruti, entre las principales fuerzas opositoras, quienes apostaron sus fuerzas en la Plaza Mayor, disuadiendo al virrey. Ante la comitiva instando nuevamente al virrey a llamar al Cabildo Abierto, dicen que respondió: “hagan lo que quieran” y los patriotas asumieron: “la cosa está hecha. ¡Cisneros ha cedido de plano y dice que hagamos lo que queramos!”.

Los encuentra el lunes 21, a los miembros del Cabildo tratando la petición, tenían “la presión social” del pueblo en la plaza y Belgrano dijo: “el pueblo quiere saber si se realizará el Cabildo Abierto”, aceptaron los funcionarios del virreinato solicitando que dispersaran a los manifestantes, Manuel Belgrano se quedó verificando la organización y convocatoria, quien advirtió que si la convocatoria no era amplia habría una nueva revuelta. Se hicieron 450 invitaciones a la asamblea del Cabildo Abierto del 22 de mayo.

En el Cabildo, el martes 22 se reúnen 251 de los invitados que asistieron, algunos se retiraron antes de la votación final, Belgrano orador numero 117 dio su voto por la destitución del virrey y luego fue turno de su primo y compañero Castelli, el gran orador de la jornada, con un final de la votación de 159 votos por la cesación de Cisneros y 67 por mantenerlo, el dictamen fue: “que el virrey debía cesar en su mando”. Belgrano era el encargado de agitar un pañuelo blanco desde el balcón si no salían las cosas como querían, para desatar la acción de los patriotas en la plaza, con las acciones de los “chisperos” con French y Beruti a la cabeza, quienes identificaban a su gente y a los patriotas con cintas o tiras blancas.

Las acciones continuaron con el escrutinio, que  duró parte del miércoles 23, con la particular lectura que los partidarios del virrey que aceptaron la formación de una junta como la de Sevilla o Cádiz y se  atribuyeron el derecho de decidir sus integrantes, manteniendo a Cisneros en calidad de vocal presidiendo la junta, más dos españoles, un cura, un comerciante y dos patriotas: Saavedra y Castelli, estos últimos ni consultados; fueron anoticiados por sendas notas y manifestaron, al reclamo de sus compatriotas, sus renuncias  como vocales sin haber asumido.

La situación en Buenos Aires hizo que esa noche fuera dura para el virrey y sus seguidores, jóvenes y manifestantes golpearon las puertas y ventanas de sus casas, mientras los patriotas reunidos en la casa de Rodríguez Peña, debatían las acciones a tomar sin ponerse de acuerdo, Belgrano sentado, pensativo en un costado, y según los escritos de Tomás Guido -joven patriota, quien fuera luego de los mejores colaboradores y amigo de Belgrano y San Martín-, dice: “En estas circunstancias el sr. Manuel Belgrano, mayor del regimiento de Patricios, que vestido de uniforme escuchaba la discusión en la sala contigua, reclinado en un sofá, casi postrado por largas vigilias y observando las indecisión de sus amigos, púsose de pie y súbitamente y a paso acelerado y con el rostro encendido por el fuego de su sangre generosa, entró a la sala y lanzando una mirada altiva en rededor de sí, y poniendo la mano sobre la cruz de su espada dijo: ” ¡Juro, digo a la patria, ya a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no hubiese sido derrocado, a fe de caballero, yo lo derribaré con mis armas!”Profunda sensación causó en los circundantes, tan valiente y sincera resolución. Las palabras del noble Belgrano fueron acogidas con fervoroso aplauso.” Esta decisión y ultimátum al virrey, sacó a los patriotas y a los revolucionarios de su estancamiento e indecisión.

Así la Primera Junta de gobierno patrio, redactada por French y Beruti, en casa de Rodríguez Peña, con seis puntos principales y la integración ya conocida por todxs nosotrxs, con siete miembros que Beruti escribió en un papel, asumiría el viernes 25 de mayo, lluvioso a las tres de la tarde, con representantes de todos los poderes políticos, con cuatro de los mentores de la revolución impulsados por Belgrano, junto a Castelli, Paso y Alberti. Con Mariano Moreno como secretario de Guerra y Gobierno, estrechando sus afinidades ideológicas y políticas, como los amigos de Belgrano, mas tarde serian llamados: “Morenistas”. Saavedra queda como presidente por ser el único representante de la fuerza militar y política, siguiendo como jefe de los Patricios.

Por otra parte Mariano Moreno en su primer número de la Gaceta expresaría: “Desde el momento en que un juramento solemne hizo responsable a esta Junta del delicado cargo que el pueblo se ha dignado confiarle, ha sido incesante el desvelo de los individuos que la forman, para llenar las esperanzas de sus conciudadanos.”

Años después, Juan Bautista Alberdi escribe y pone en boca de Belgrano,  palabras que reflejan el estado de ánimo de los hombres de mayo que como Manuel Belgrano intentaban contribuir a una Patria para todxs y una Nación de iguales, considerando Belgrano un elogio a la locura:

“Nosotros somos esos locos; ¿lo saben ustedes, mis amigos? ¡Somos locos, porque pensamos que hay una justicia eterna que es llamada a gobernar el mundo; somos locos, porque pensamos que todos los hombres nacen iguales y libres, que lo mismo en religión que en política ellos tienen derechos y deberes uniformes a los ojos del cielo; somos locos, porque pensamos que todos los pueblos son libres y soberanos, y que no hay más legitimidad política en el mundo que la que procede de sus voluntades; somos locos, porque pensamos que el reino de la razón ha de venir algún día; somos locos porque no queremos creer que los tiranos, y la impostura y la infamia, han de gobernar eternamente sobre la tierra; somos locos, porque no queremos creer que nada hay en el mundo de positivo y perpetuo, fuera de las cadenas, los cañones, el plomo y el crimen! Por eso somos locos, sí, y si por eso somos locos, yo me lleno de orgullo en ser loco de ese modo. Yo me ennoblezco con la locura de creer como creo, que un sepulcro está cavado ya para nuestros tiranos, que la libertad viene, que el reinado del pueblo ya se acerca, que una grande época va a comenzar.”

Dados los hechos, concretada la revolución comenzaba la contra revolución.

Les llevaría años de lucha por la libertad y la independencia y les llevaría la vida a muchos y a muchas, entre ellos a Belgrano y a Moreno.

Manuel Belgrano fue el socio intelectual y político de Mariano Moreno en la Primera Junta de Gobierno y seguramente en la elaboración del Plan de Operaciones escrito por el secretario de la Junta. Sí lo acreditan cartas de Belgrano con la esposa de Mariano Moreno donde se menciona.

En una de sus publicaciones en el Correo de Comercio, donde instruye al comerciante, ilustra al labrador y al industrioso., podemos ver en su objetivo en la frase:

«formar ciudadanos honrados y útiles al Estado y la felicidad pública, pues es en las escuelas de dónde saca el ciudadano los primeros gérmenes que desarrollados en la edad madura, producen la bondad o la malignidad, y hacen la felicidad de la causa común».

Pocos días después de la  de la fundación de la Biblioteca Pública en Buenos Aires, encontramos a Manuel Belgrano ofreciendo generosamente toda su biblioteca  o “librería» para que se entregasen los libros considerados útiles.

En una de sus cartas desde  Jujuy, el 31 de marzo de 1813, dirigida al Supremo Poder Ejecutivo, luego de conocido el premio otorgado por sus servidos militares y especialmente por él triunfo dado a la Patria en la victoria de Salta, expresa:

«…cuando reflexiono que nada hay más despreciable para el hombre de bien, para el verdadero patriota que merece la confianza de sus conciudadanos en el manejo de los negocios públicos, que el dinero, o las riquezas (…) que adjudicadas en premio, no sólo son capaces de excitar la avaricia de los demás (…) sino que también parecen dirigidas a lisonjear una pasión seguramente abominable … , he creído propio de mi honor y de los deseos que me inflaman por la prosperidad de mi patria, destinar los expresados cuarenta mil pesos para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras en que se enseñe a leer y escribir, la aritmética, la doctrina cristiana, y los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones del hombre en sociedad (…)».

Militar, instructor y comunicador de los valores de Libertad, Independencia, Igualdad y Unidad de los Pueblos de Sur América.

Comprometido con la  con la revolución, la Junta lo designó, en septiembre de 1810, general en jefe de la expedición destinada a auxiliar a los pueblos de la Banda Oriental, Santa Fe, Corrientes y Paraguay. Y no dudó en aceptar: 

“porque no se creyese que sólo quería disfrutar de la capital, y también porque entreveía una semilla de desunión entre los vocales de la Junta”  nos dice en sus memorias.

En su paso  de consolidación de un ejército y organización, va dejando su legado en los pueblos de la Mesopotamia y Las Misiones, con el documento “Reglamento para el régimen político y administrativo y reforma de los pueblos de Misiones”, alcanza una trascendencia todavía vigente, antecedente de nuestra constitución, citado por Juan Bautista Alberdi.

Su  campaña al Paraguay, marcada de algunos éxitos iniciales, resultó un fracaso militar, pero  Belgrano supo sacar aprovechar todo su proceso, sin dejar de utilizar la ocasión para sembrar las ideas revolucionarias y libertadoras entre los guaraníes, a quienes otorgó derechos civiles y políticos, les restituyera  sus  tierras, así como influenciar a oficiales paraguayos, transmitiendo sus ideas emancipadoras al general Ca-bañas, con quien arreglaron un armisticio dignísimo. Y al regresar a Asunción, el ejército de Cabañas depuso al régimen colonial, cumpliendo su principal objetivo se había cumplido.

Pese a todo ello, el gobierno de Buenos Aires lo mandaría a llamar para hacerle un juicio por el fracaso de la expedición. Mientras  se hallaba instalado y realizando el mismo proceso emancipatorio del otro lado del rio Uruguay, en su expedición al Uruguay, poco difundida, junto a los Artigas; Manuel Antonio ya lo había acompañado como segundo oficial al Paraguay, y  ahora con su primo  José Gervasio en la Banda Oriental que posibilitaría el fortalecimiento de sus pueblos, el sitio de Montevideo  y la organización y ampliación de conocimientos de Artigas y su gente.

Entre muchas de las  amarguras que le reservara el destino y el poder de Buenos Aires lo enjuiciaría, volviendo a su ciudad natal para salir indemne, fundamentalmente por  las declaraciones de sus oficiales y la carta de los pueblos del Uruguay, con lo cual debieron restituirle su grado, mando y honor. Posiblemente fue una maniobra política del poder porteño de la capital, pues la caída de Montevideo haría que su regreso a Buenos Aires fuera glorioso, en un patrita capaz, instruido y al servicio de la revolución debilitaría el poder económico y sus asociados del puerto y sus negociados. También aleja a Belgrano de José Gervasio Artigas quien se encomienda en una separación del gobierno de Buenos Aires e impulsa luego su proyecto local y regional, que no avalaran Belgrano y San Martín. Otra vez el poder de Buenos Aires había cumplido su cometido.

En 1812 parte hacia Rosario y crea la bandera a orillas del Rio Paraná.  La patria y sus insignias.

En los inicios de la Patria, por esos años se combatía sin que los soldados de la revolución tuviesen un distintivo que los diferenciara de los españoles. El 13 de febrero de 1812, Manuel  Belgrano envía una carta al Primer Triunvirato donde dice:

 “sirva declarar la escarapela nacional que debemos usar para que no se equivoque con la de nuestros enemigos”.

Resultando aprobada su petición,  el 27 de febrero, frente al río Paraná, toma juramento a su ejército, en sus dos baterías, con un nuevo símbolo: la ban­dera.

No es casual que las baterías que creara, en las orillas del rio Paraná, las bautizara “Libertad”  e “Independencia”, y el 27 de febrero de 1812  frente a la Bandera nacional izada y que creara,  realizaran el juramento con su mensaje:

 “¡Soldados de la Patria! … hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional que ha designado nuestro Excmo. Gobierno … …. juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad. En fe de que así lo juráis, decid conmigo ¡Viva la Patria!   … id, posesionaos de ella, y cumplid el juramento que acabáis de hacer”

Posteriormente el secretario de Guerra del triunvirato, Bernardino Rivadavia, desautorizó la creación de la ban­dera, Belgrano hará oídos sordos y seguirá su travesía hacia hacerse cargo del Ejercito del Norte.

En Buenos Aires, todavía temían manifestaciones de  declarar la independencia, pues les parece que era    del desagrado de Gran Bretaña, quien era aliada de España en su lucha contra Napoleón. Así eran las cosas que todavía en la fortaleza de Buenos Aires seguía ondeando la bandera española.

Bien vale en este caso el comentario de una experta en el tema,Alicia Megías.  Profesora honoraria de la Universidad Nacional de Rosario:

“Manuel Belgrano,  el 27 de febrero de 1812, frente a una formación de tropas dispuestas ante el río Paraná: Elige Rosario por la ubicación geográfica: las altas barrancas y la cercanía de la isla permitían atacar desde una posición muy favorable a los barcos enemigos que trataran de surcar el río. El alcance del gesto de Belgrano respecto a los símbolos patrios tiene que ver con la generación y la consolidación de una identidad común y la sensación de pertenencia a una comunidad. Es la base indispensable para construir legitimidad en términos políticos: en la medida en que las personas se sientan parte de una comunidad más amplia, simbolizada por estos objetos, es posible por ejemplo pensar en el acatamiento del orden.

Durante mucho tiempo la historia más tradicional, sobre todo en la educación, trabajó a partir de efemérides y de biografías. Las efemérides daban un conjunto de información fragmentada en pequeños eventos poco articulados entre sí. Afortunadamente ahora se piensa en otras formas de manejar los contenidos para tratar de explicar los procesos históricos, una narración de mayor extensión que les dé una racionalidad más fácil de comprender”.

Belgrano se constituyó también entre los principales promotores de la Asamblea del año XIIIy aportantes de las mejores medidas implementadas, no solo como creador de la Escarapela y de la Bandera nacionales,  habría que evaluar también su participación en el impulso por la creación del escudo nacional, la moneda y  los cuños.  Recordemos que  la primera moneda argentina se aprobó el día 13 de abril de 1813, la Asamblea del Año XIII con la acuñación de la Primera Moneda Patria. De hecho será el primero en fundir y hacer monedas de plata en Potosí durante su estadía en el Alto Perú, actualmente Bolivia en su Campaña del Ejercito del Norte en su primer mandato.

El proceso de liberación e independencia de nuestro país constó de distintos pasos que forjaron un camino difícil, entre ellos la Asamblea del Año XIII, que tenía como propósito proclamar la independencia y redactar una Constitución. Aunque no logró esos dos objetivos,habría que preguntarse por qué no se hizo en ese momento?, pero dictó medidas históricas: Estableció el Escudo Nacional, adoptando un sello, que luego sería elegido como Escudo Nacional; Encargó la composición del Himno Nacional Argentino;Declaró la libertad de vientres: declarando la libertad de los hijos de esclavas nacidos luego del 31 de enero de 1813; Eliminó mayorazgos y títulos de nobleza: Se suprimieron los títulos de condes, barones y marqueses, mayorazgos, escudos de armas, símbolos y distintivos de nobleza en las fachadas de las casas. Esta medida buscaba abolir el latifundismo; Liberó a los indígenas del pago de tributo: Se puso fin a los tributos pagados por los indígenas: encomiendas, mitas y yanaconazgos; Acuñó la primera moneda nacional: Se mandaron a acuñar monedas de oro y de plata con el sello de la Asamblea; el escudo en el anverso y el sol en el reverso; Abolió la Inquisición y la tortura: Puso fin a las prácticas de tormento para hacer confesar a los delincuentes o presuntos delincuentes. Luego se suprimieron los azotes a los niños de las escuelas; Puso fin al tráfico de esclavos: Se declaró libres a “los esclavos que de cualquier modo se introduzcan desde ese día en adelante, por el solo hecho de pisar el territorio de las Provincias Unidasdel Rio de La Plata”; Instauró el 25 de mayo como fiesta patria: Fue declarada fiesta cívica, pero no nacional, porque todavía existía indecisión en cuanto a la declaración de la independencia; Creó el Directorio: Significó la transformación del Poder Ejecutivo, que de colegiado se hizo unipersonal, carácter que conserva hasta nuestros días.¿Cuántas de estas ideas pregonaba Belgrano y ya estaban escritas por el?, incluso algunas implementadas de hecho en algunas de sus campañas, todas inspiradas en los valores que pregonaba y nos ha legado.

El Éxodo jujeño, en 1812, también marca una gesta, y bien vale una pregunta aquí: ¿Qué pueblo autóctono y lejano sigue a un extraño?, aunque evidentemente  no lo era, pues fue su líder  en el Norte,  siguieron a un porteño, seguramente distinto a los que se quedaron cómodamente administrando y decidiendo desde Buenos Aires;  si no es un ejemplo y los convence de la causa…. ¿Cómo lo hizo?, las causas justas y sus sacrificios son antecedentes fundamentales de los triunfos de  Salta y Tucumán, 12 mil km recorridos para liberar e independizar  a una nación, con triunfos y derrotas

Desde Jujuy, al mando del Ejército Auxiliar del Norte, es  una de las epopeyas milita­res más importantes de la guerra de independencia en Nuestra América, en la que Belgrano convence al pueblo de Jujuy, ante la amenaza de invasión española, de dejar tierra arrasada y retirarse, todos juntos, pueblo y ejército y pueblo, hasta Tucumán, lo siguieron con patriotismo y confiando en la revolución, confiando en su liderazgo. Luego vendrán los triunfos de salta y Tucumán y posterior­mente las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.

Nuevamente será puesto en duda su capacidad o restando su influencia el gobierno central lo separara del cargo. Debería enfrentar nuevamente otro juicio, que no prosperaría por no poder encontrar responsabilidades en las derrotas, y fundamentalmente porque la opinión popular lo consideraba un héroe.Restituyéndole  nuevamente todos sus méritos y honores. Designado a San Martín en su lugar, con quien ya se conocían y comunicaban por cartas, pero no personalmente, lo hicieron en 1814, en el traspaso del mando, pero ya son temas históricos que se conocen más.

Por cartas de San Martín, quedó es­crito lo que pensaba de él: “Belgrano es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural; no tendrá los conocimientos de un Napoleón Bona­parte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur”. 

Activo participe y motor fundamental en la Declaración de la “Independencia” del 9 de julio de 1816, el 6 de julio participó del Congreso de Tucumán (convocado en el año 1815 y sesionando desde el 24 de marzo de 1816), en sesión secreta con los congresales, a su regreso de Europa, donde había cumplido durante el año 1815 una misión a Inglaterra,en función diplomática. Su participación en esta sesión secreta sin lugar a dudas precipitó la Declaración de la Independencia. Acompañando el deseo y pedido de San Martín ya radicado en Cuyo, como de Güemes y tantos otros patriotas y teniendo en cuenta que la mitad de las fuerzas indígenas revistaban todavía en las tropas realistas, buscando la unidad que evitar  las divisiones y anarquía que ya se avizoraban entre las distintas regiones de Sudamérica. Allí propone ungir un soberano elegido entre los descen­dientes de la dinastía Inca, para dirigir una monarquía con sede en el Cuzco. Por supuesto que la propuesta no tuvo eco, teniendo la principal oposición en los delegados porteños que renegaban de ser gobernados por un indio.

Luego vendrán sus últimos 4 años de vida, su retorno a Tucumán, haciéndose nueva mente cargo del Ejercito del Norte, por poco tiempo, su retornoen 1820 a su ciudad natal y su muerte.

Festeamos el día de la bandera no al día de su creación, el 27 de febrero  y tomamos el 20 de junio para ello en el día de su partida, no definitiva, pue nos dejó su importante legado. Mucho más que una bandera

Su pensamiento y su legado

Nuestra memoria es fundamental. Somos nuestra memoria. Por nuestra memoria, percibimos, nos movemos, pensamos, hablamos, nos emocionamos y sentimos, planificamos y proyectamos. Nuestra capacidad de recordar determina las decisiones que tomamos, también incluso, define nuestra identidad. Tengamos memoria y hagamos honor a esa frase acuñada por nuestro pueblo hace varios años: “Memoria, verdad y justicia”

Fue el gestor y forjador de Nuestra Patria, participó de los primeros sucesos y momentos históricos de nuestro país.

Se preparó, se entregó plenamente a las causas justas, entendió los tiempos y los momentos, escribió mucho (y muy bien), formo e informó -a quienes se vincularon y también lo hizo públicamente-, y realizó innumerables acciones para el desarrollo de nuestra sociedad.

Lo denominaron “liberal”, pues  para esa época en España y Europa era un movimiento por la libertad y la igualdad, en paz contra del Absolutismo y las Cortes, que promovía la participación y la ampliación democrática de los ciudadanos, mediante la creación de juntas (durante los años de 1800) y el orden establecido mediante normativas establecidas en una constitución. Lo promovió y lo concretó en mayo 1810, con la Primera junta de gobierno patrio, como primer paso. Se comprometió y dejo su vida su vida en ello, postergando su salud en el cumplimiento de lo que entendió su deber. Pocos en nuestra historia nacen ricos, se preparan y entregan su vida, muriendo en la pobreza como Manuel Belgrano. El aprendió “de todo y de todos” quienes conocieron,  lo trataron y compartieron algún momento en su vida.

Premonitor del cooperativismo

Aún antes que surgiera el cooperativismo -en  1844, en Rochdale, Inglaterra-, Belgrano en sus planteos, escritos y pensamientos al respecto, sin lugar a dudas, nos llevan a analizar la coincidencia de los principios y valores que claramente nos legó con los del cooperativismo. Con los mismos principios y valores por el bien común,  igualdad, equidad, ayuda mutua, responsabilidad, democracia y solidaridad, desde sus fundadores y en todo el proceso evolutivo del cooperativismo, hasta estos días, en función de estos  valores éticos de honestidad, transparencia, responsabilidad social y preocupación por los demás.

Manuel Belgrano plantea en agosto de 1810, meses después de la Revolución de Mayo, que concretara el primer gobierno patrio, en el Correo de Comercio del 25 de agosto, en uno de sus artículos, en carácter de crítica:

“¿No escandaliza que un poseedor de terrenos inmensos, los más de ellos abandonados, prive a sus conciudadanos de una porción de tierra a las orillas de un río navegable, para que traigan sus ganados en pie para matarlos, cuando por este medio ahorrarían los gastos inmensos de conducciones en unos países de tan pocos arbitrios?”

Seguramente, esta cita de claras condiciones de desigualdad en la distribución de las riquezas y particularmente en la distribución y uso de las tierras, como también al acceso de los recursos naturales, como lo es y era “un río navegable” que en esa ocasión, nos lleva a pensar en una reforma agraria o concesiones más justas para compensar las asimetrías respecto a algunos propietarios poseedores de grandes superficies. Cuestionando a los “partidarios de sí mismos” según Manuel Belgrano aquellos a los que:

“Acaso este pensamiento excitará el desprecio de los que nunca han meditado que una de las primeras obligaciones del hombre en sociedad es prevenir la miseria de sus conciudadanos, y que el mejor modo de prevenirla es proporcionarles que toquen la utilidad de sus respectivos trabajos para que sean provechosos al Estado, bajo todas las consideraciones.”

“Pero ese desprecio no ha sido capaz de arredrarnos para proponer nuestra idea, que no dudamos sea de la aprobación de los aman­tes de la patria, quienes conocen nuestra situación y saben cuán diferentes son sus circunstancias de las de los países viejos. […]

Y entre otras cosas, deja claramente expresado, con carácter propositivo, como estamos acostumbrados a leer en sus escritos:             

“… con el objeto principal de dar valor a las producciones del terri­torio y a las manufacturas de la industria, cualesquiera que sean, uniéndose los vecinos de una jurisdicción para hallar en sí mismos los recursos para proteger al labrador, al fabricante y abrirse los caminos de conducirlos al mejor mercado, libertando a esas clases útiles de que se abandonen por no encontrar la recompensa de su trabajo y adquirir, al mismo tiempo, el provecho que tal vez le arrastran los aventureros. Para esto nos parece que bastaría que los vecinos hicieran confianza en algunos sujetos honrados, que nunca faltan en los pueblos, en quienes poner parte de sus caudales con la idea de establecer almacenes para depositar los frutos y efectos de los que los quisieran entregar para venderse, o de los que se los vendiesen, y con la mira, también, de hacer anticipos y evitar malbaratasen los productos de sus trabajos.

Así tendríamos que los vecinos se darían la mano los unos a los otros y mutuamente conseguirían utilidades, sin que en ningún caso pudiesen decaer los valores de los frutos y efectos que se debieran a la agricultura e industria de la respectiva jurisdicción.”

Y continúa fundamentando las necesidades, que crean o generan la implementación de proyectos asociativos, que den satisfacción a esas necesidades, que años más tarde llamaríamos cooperativas y mucho después en el séptimo principio cooperativo de preocupación por la comunidad:

“No se puede dudar de las ventajas de este auxilio al comercio interno, aun cuando alguna vez no se hayan visto rápidamente en los tiempos en que nuestro comercio marítimo estaba estancado y un hombre necesitaba emplear el sudor de un año para cubrir con alguna decencia sus carnes, quedando con el dolor de ver a sus hijos en la miseria y desnudez.

La economía social y solidaria en todos sus aspectos, estaba también en sus ideas fuerte, hoy diríamos la Economía Popular:

“Otro medio ventajosísimo sería el establecimiento de ferias, al menos dos veces al año, con arreglo al número de vecinos de los pueblos y sus jurisdicciones correspondientes, concediendo todas las franquicias que sean posibles.”

Incluso, pensando en el rol del Estado al respecto, define claramente su promoción o apoyo mediante su clara expresión: “concediendo todas las franquicias que sean posibles”

Un cooperativista antes que se crearan las cooperativas, si vemos y comparamos sus valores de ayuda mutua, responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad, en los que se sustentan los valores cooperativos. Quien además creía y fue ejemplo de  los valores éticos de honestidad, transparencia, responsabilidad social y preocupación por los demás. Si además hacemos el paralelo con los principios cooperativos, las coincidencias son mayores: sostén de la libertad sin discriminación de género, raza, clase social, posición política o religiosa; promotor de la participación y democracia; artífice de las propuestas de desarrollo y participación económica, con distribución equitativa  de la riqueza y el ingreso; defensor de la  autonomía e independencia; autor y gestor del primer proyecto de educación, formación e información; cooperador y colaborador entre iguales y su firme compromiso con la comunidad.

No tengo dudas, fue nuestro primer y gran estadista, que tuvo un proyecto de Nación Argentina y Americana, basado en su conocimiento, principios y valores, mediante el desarrollo de ideas propias adecuadas a las circunstancias y los recursos. Tenía un bagaje de conocimientos par el tiempo  lugar, difícil de igualar, que veremos en el análisis posterior de su formación, relaciones, conocimientos incorporados y desarrollo de propuestas (políticas, económicas, sociales, educativas, agrícolas, productivas, industriales, comerciales, impositivas,  etc.). No solamente que fueron escritas sino que las sostuvo en su accionar y coherencia, con el esfuerzo de aplicarlas e implementarlas en cada ocasión que pudo.

 Así tenemos evidencias, que mediante múltiples estudios e investigaciones de sus escritos, publicaciones, cartas, actas del consulado -verdaderas propuestas de gobierno avanzadas para la época en la periferia del mundo, en una colonia y una región en pugna, sometida, explotada y disputada-, entre otras, nos permite apreciar los principios, conceptos e ideas que nos legara este prócer americano,  preocupado por la libertad y la igualdad de sus semejantes, y la felicidad del pueblo.

Así como estadista que fue, interpretó y tuvo propuestas para los aspectos de: Política, Economía -que el bien denominaba “Economia Politica”-,  Educación, Rol de las Mujeres, Religión, Producción y Trabajo, Distribución de la tierra, Agricultura, Industria, Comercio, Transporte, Navegación, Moneda, Impuestos, Defensa -las milicias y su rol-, Reconocimiento de los pueblos originarios, Cuidado del ambiente, …etc.

Un estadista que propone un rol del Estado fuerte y presente, justo en la compensación de asimetrías y desigualdades, evitando las injusticias y como motor y guía del desarrollo.

Manuel Belgrano tuvo el coraje y aplomo para aconsejar a San Martín; sancionar y ser amigo de Güemes; de dirigir, formar e informar, disentir o cuestionar luego a Artigas ; de ser disciplinado y obediente, pero también desoír el poder central de Buenos Aires, y hasta de tolerar cierta indisciplina de Manuel Dorrego, siempre con su sinceridad y franqueza -tanto en sus escritos, como en sus comunicaciones y  planteos orales en todas sus presentaciones-, entre sus principales valores y virtudes, dando transparencia a sus actos, que posiblemente también resultara en una de sus debilidades,  junto a la falta de ambición de poder, para ser “el conductor” y no solo “un servidor” de la Patria. Utilizado en muchas ocasiones por los poderes o compatriotas en el poder y sus intereses y vanidades personales, junto a los intereses de esos tiempos, quienes sabían cómo pensaba y actuaba, sus valores y honor, sin traicionar, ni revelarse, priorizando siempre “la unidad” (unión nacional) y el bien común. Así fue rebelde, revolucionario y desobediente, pero siempre vivió y priorizó el interés colectivo, contemplando las disidencias, incluso de sus opositores, pues concebía y  construía una Nación para todxs.

Era esencialmente Americano, fue creyente y religioso, pero no sometido al poder de la iglesia, posiblemente potencio su accionaren el efecto religioso y poder popular que generaba en esos tiempos Dios y la religión, luego de 300 años de conquista y colonización Católica en América Latina, con una población mayoritariamente originaria, no  europea ni descendiente de ella. Es tal su accionar que le sirve a la causa y estrategia militar, esto consta en sugerencias a san Martín para el manejo de la motivación del ejército y su relación con el pueblo. Fue tan religioso y católico, que no se casó, tuvo amores y relaciones, dos de ellas con descendencia, un hijo y una hija, no reconocidos legalmente, pero si en los hechos. Se puede decir que se comprometió y se casó con la Patria, con la nación y con las causas justas, a quienes les entrego su corta, agitada y sufrida vida de 50 años.

Nació, se crio, se formó, sirvió y murió en su patria, salvo para concretar sus estudios universitarios y formación superior se radicó  en Europa de 1786 a 1793, pero muy cerca, a la distancia, de su familia y su tierra. Etapa que le posibilito conocer  de cerca en Madrid sede de la capital hispana y monárquica, las mejores universidades y formadores e intelectuales en Salamanca, Valladolid y Europa de la época, viviendo la realidad de la Revolución Francesa, la Iglesia Católica de España, Roma y el Reinado Papal del Vaticano, como la Inglaterra de los mares y potencia mundial (donde solo estuvo luego,  durante 1815 como enviado en una misión diplomática,  por el gobierno de la Provincia Unidas del rio de la Plata, para negociar la independencia).

Vivió para su Patria y en post de ella, murió pobre, sin ser considerado y en su ciudad natal, en Buenos Aires. Fue un porteño que cuestionó el rol de su puerto y su hegemonía unitaria, planteando un federalismo amplio, justo y social de una gran Nación, de Los Pueblos de Sur América, incluyendo a todxs, etnias y religiones, economías locales y desarrollos locales, planificación de los pueblos y sus actividades, fundo ciudades, organizó  reglamentos y sociedades.

Fue un precursor de las ideas y valores que impulsaron la lucha por la liberación y la independencia de la Patria, dejando plasmados en sus escritos los ideales de la Revolución de Mayo y de la Declaración de la Independencia.

Es de lejos el más formado entre los revolucionarios de Mayo. Fue el primer estadista que tuvimos, y de los primeros americanistas, planteando por primera vez el proyecto de los Pueblos de América del Sur o de la Patria Grande.

En esa época Rivadavia y Alvear, por ejemplo, planteaban un vínculo centrado en Inglaterra, fundado en el gobierno desde Buenos Aires y la administración del puerto, modelo  limitado a la producción de materias primas y de ganado, por otro lado  San Martín, Belgrano y  Monteagudo, entre otros defendían la agricultura como un paso inicial para una cadena de valor y fuente de trabajo, instando a fraccionar y revalorizar la tierra para quienes la trabajaran, lo que reivindicaba a los trabajadores. Ya en esa época podemos visualizar  el origen de dos modelos, por un lado una oligarquía terrateniente concentrada, comercializando materias primas, principalmente constituidas por la ganadería y sus haciendas, y por otro la propuesta de un desarrollo con mayor participación de los habitantes y con distribución del ingreso y de la riqueza.

En su defecto en otros casos también la frase que “nadie es profeta en su tierra”. Si consideramos que nació y murió en Buenos Aires, donde transitó su infancia y vivió la mayor parte de sus 50 años de vida, era sin lugar a dudas un “porteño” (…desde el punto de vista del puerto de Bs.As, no?). Entonces si su tierra fue Buenos Aires: ” no fue profeta”, más  bien fue expulsado, enjuiciado, postergado y hasta olvidado por su ciudad; pero como la Patria y la Nación -que gestó, junto a otrxs muchxs patriotas-, no terminan en el Riachuelo y en la Av. Gral. Paz, entonces Manuel Belgrano quien fue un patriota en su tierra y probablemente así vale también que: fue un profeta en su Patria.Toda una vida para su Patria. Nunca mejor aplicada la denominación de “patriota”.

Fue posiblemente el más grande, íntegro, preparado y comprometido de nuestra historia, para la época que le toco vivir. No tengo dudas para Manuel Belgrano: “La Patria era el otro” y también le valdría hoy.

Asumamos el legado de Manuel Belgrano, también como bandera

Ay! Patria mía!

Sus últimas palabras todavía nos duelen, pues aún están vigentes también.