por Alejandro Mosquera

La idea que llevó al poder a Cambiemos de el Poder a toda costa, sin escrúpulos, utilizando como socios al poder permanente y los bajos fondos de la política y los servicios de inteligencia, llegó a su punto mas alto el ejercicio del poder y su justificación de las mafias judiciales con tal de que ellos puedan mantener el poder político. 

Mas allá de las implicancias judiciales y penales en particular de las denuncias sobre extorsión de Marcelo D’Alessio que implicarían al Fiscal Carlos Stornelli, también las que pesan sobre el Juez Luis Rodríguez, sumadas a las persecuciones a opositores,  queda claro que la mayoría de la justicia argentina, y especial Comodoro Py (salvo honrosas excepciones) esta carcomida y colonizada por los intereses de las corporaciones y de inescrupulosos que se enriquecen en la misma medida que se destruye la Justicia. El Estado de derecho cede ante las practicas de los auto-denominados “republicanos” que la utilizan en beneficio propio, de sus operaciones. Y que ahora para tratar de salvar los procesos contra los opositores corren en manada para salvar a sus fiscales y jueces, sin importarles la investigación de la verdad. Nunca les intereso.

La Justicia argentina necesita una transformación profunda, sin ella todo gobierno que quiera ser autónomo del poder y no aceptar los chantajes tiene poca viabilidad, y los ciudadanos de a pie viviremos siempre sujetos al autoritarismo de quienes manejan el derecho, pero no lo respetan. Como sostiene El Manifiesto Argentino no hay parches en una estructura que en su elite esta contaminada por practicas mafiosas e impune porque sirve al poder real. Elite donde se mezclan servilletas, jueces que llegaron cuestionados pero respaldados por el poder político, con los servicios de inteligencia, con presupuestos de la SIDE y de la ahora AFI sin control.

La justicia siempre tuvo una tendencia hegemónica híper-clasista, en particular la penal, solo basta ver cúal es la selectividad de los presos en el país y todo queda explícito. Continúa siéndolo, se agrega ahora la degradación y las conductas mafiosas. Es lamentable escuchar a abogados en los medios de comunicación sosteniendo que esto siempre pasaba, que es una justicia tarifada, como si ello justificara y promoviera un realismo horrendo para que nadie se escandalice.

Ante la evidencia hay quienes empujan la idea de todos son lo mismo, pasó siempre y seguirá pasando. Es una acción propagandística para promover la anti-política, la convicción de que no tiene arreglo y que hay que bajar los brazos y adaptarse.

Otros también defensores de los mismos intereses corporativos dirán que transformar la justicia es cosa de utópicos como El Manifiesto Argentino o de ensueños autoritarios de algunos populistas. Algunos temerosos del lado democrático sostendrán que no seamos “boludos” que los discursos maximalistas hacen perder las elecciones, olvidándose el repudio generalizado que por distintos motivos y razones el pueblo siente por la justicia. Yo diría siempre hay una “razón de estado” con buenos argumentos para no hacer lo que hay que hacer.

Los intentos de contar con jueces y fiscales adictos al gobierno e instrumento para su poder a toda costa combinan una alianza con lo peor de esa vieja estructura, la persecución a los magistrados que se resisten, y la inmensa cantidad de nombramientos que hicieron desde Cambiemos en algunos casos con anuencia de parte de la oposición.

Transformar la justicia, cambiar la Corte Suprema, abrir a la participación popular en la designación de la cúpula judicial rompiendo los pactos oscuros de reparto entre los oficialistas y los cuasi opositores, terminar con la perpetuación y promover un servicio de justicia transparente es esencial en la lucha por las libertades públicas, por el Estado de derecho, por la democracia y la República. Renunciar a ella es terminar siendo cómplices de la destrucción del estado de derecho.