Por Rosana Herrera 

La madrugada los encuentra chorreando ese sudor que las aspas del viejo ventilador no se dieron maña para secar. Envuelto en las sábanas, el silencio les incita a las miradas finales, esas que se acarician casi en la penumbra.

Y es entonces que el  portero suena y los enciende.

Los recuerdos se les humedecen con la incesante garúa que apenas si logra entreverar la nostalgia con los agrios tiempos del adiós.

De pronto, la boca que ensaya una mueca suplicante, la valija que no se cierra…

Y el ascensor que baja vacío.

CLARIDAD 

Lo estoy mirando y me río porque hoy canta como ella reía.

Risa transparente como el río, la de ella.

Canto con ruido a risa de ella, el del río.

El agua me trae cada vez más clara su risa clara.

Y es cuando de pronto descubro que nos estamos riendo las dos.

En este río que se nos ríe.