por Rosana Herrera

Es muy difícil esto que me toca. ¿Ponerme al costado de mis emociones para intentar darle forma de relato, de rigurosa crónica a todo lo que vivimos en apenas un medio martes, lxs compañerxs de El Manifiesto Argentino Tucumán y sus invitadxs “del palo”?.  ¡Ni a gaaaancho! Sería imposible. Como imposible me resulta, después de ver un Rosario colmado de militancia, guardarme lo vivido días antes en Santiago del Estero.

En realidad tengo que contarles lo que empezamos a vivir apenitas leímos en las redes un flyer pequeñito, casi imperceptible, que anunciaba la llegada de CFK a la provincia vecina para presentar su libro Sinceramente.Y a partir de ahí todo lo que se sucedía: ¿ysinosvamos?las averiguaciones, los presupuestos y todo lo que sostiene la previa de “un viaje de egresadxs”. Porque así lo sentimos desde el primer instante en que decidimos compartir el viaje: como un recreo largo. Aunque en el fondo todxs sabíamos que iba a ser una suerte de celebración y de homenaje a la militancia.

Los preparativos no se escaparon ni un milímetro del estándar de estos casos: las risotadas, las propuestas del exagerado  abastecimiento gastronómico y musical, la gestión de las recaudaciones financieras , las sugerencias de horarios de partida y de llegada, en fin… tuvieron todo lo que tienen que tener los acontecimientos de esta naturaleza. Y que desde luego fueron disfrutados de punta a punta por todxs lxs pasajerxs atrapadxs en la algarabía de una combi repleta que nxs  trasladaba a la provincia vecina.

La noche anterior, mientras se arreglaban los últimos detalles, suena mi celular y una voz que me pide mi DNI, dejándome sin habla y en silencio, tanto que se escuchaban mis latidos al galope. Pero apenas un triste tucutúntucutúnbien nac & pop, no ese oligárquico sisepuedesisepuedesisepuededel Senador Bullrich. Tampoco el que me habló para decirme que el MAT tenía una única invitación para entrar al salón y poder verla sentada y de cerca, pretendía provocar una revolución de corazones como la que propusiera en la comarca (felizmente sin éxito alguno) la otra exponente de la Cámara Alta, la muy tucumana (y muy antiderechos) Elías de Pérez. Lo cierto es que pasada la sorpresa y la felicidad de pensar que el colectivo iba a estar representado en mi persona, me agarra primero la culpa por ser la única privilegiada, luego la angustia por no poder compartir el viaje de ida con lxs cumpas (encima que a mí me tocaba llevar el parlante por donde iban a sonar bien fuerte el hit del verano y otros tantos temazos seleccionados para bailar a bordo) y termino trompuda por la envidia galopante que me agarró al imaginarlxs de joda en la traffic y yo, en auto, con “la gente importante”. Decí que por mi condición zodiacal, estoy acostumbrada a la frecuente rebelión de los gemelos, porque eso de pasar de  pasar del asombro a la culpa, de la culpa a la euforia y de la euforia a la envidia (maqué sana, carajo, de esa envidia que te pone moraaadaaa), en apenas unos minutos… sólo nos pasa lxs geminianxs paladares negros.

Volviendo al tema, confieso que me tocaron encantadores compañerxs de viaje con quienes tuve la posibilidad de almorzar el austero menú del día en el restorán de la Legislatura santiagueña, (me dijo el mozo que por culpa de la crisis y entonces aquí es donde corresponde aclarar que aparece el primer MMLPQTP de la jornada). Bueno, sigamos. El hecho es que se hacía tarde y sabíamos que nos debíamos parar en la puerta del Forum a las 16 hs ¡¡en punto!! e intentar ingresar al salón (pechando el gentío) a esperarla a Ella que llegaba a las 18, para dar comienzo al acto ¡¡y el vaguito diputado que las tenía no aparecíaaaa!! Otra vez la mezcla de sensaciones: desesperación, zozobra, terror de que no aparezca. Yo deambulaba de un lado a otro mientras, recién lo notaba, alrededor del predio, el color y el calor que tiene el campo nacional y popular, empezaban a invadirnos desbordando la calle de cantos, de banderas y de fervor. El mismo fervor con que yo lo puteaba mentalmente a mi anfitrión, hasta que finalmente apareció  con los pasaportes al paraíso.

Es cuando, en el momento en que me disponía a disfrutar del preciado trofeo, se me lo presentan en patota lxs chochamus de la combi, con los brazos extendidos y “pletóricxs de dicha” (junen ese vocabulario). Abrazos, besos, saludos como si hiciera siglos que no nos veíamos, lagrimitas de emoción y de sopetón… algún carnerx que me dicesaludamela de mi parte, Ro, decile que la amamos. Y claro que la aman pero ¿por qué en el preciso instante en que me ponía la pulserita azul??? Cagamo, me dije! Justo ahora que empezaba realmente a chorriarme la felicidad, ¿no va y de nuevo la culpa, atormentándome? Yo solita adentro y los 22 restantes robando pedacitos de pantalla gigante, turnándose para sentarse en la única reposera disponible, con la amenaza de lluvia…istumach,me dije, y me alejé casi sollozando con el diputamigo y su esposa, mientras todxs me miraban acongojadxs (un poquito contagiaditxs, tal vez, del moradito de mi envidia de la enferma).

Superado el trance y ya cómodamente instalada en la sexta fila, (ejem…por si no se lee bien: SEXTA FILA) con las emociones más sosegadas, sólo restaba ubicarme y sentarme a esperarla y que hace unx en esas circunstancias? Y sí endemientras… guasapea. Y entonces empiezo a leer en el grupo ya entré, Ro… Estoy adentro yo también… Y yo, cumpas… Y yo detrás tuyo, amiga… Y Yo…(otra vez el asombro, la euforia pero esta vez sin culpa) Cuando llego a leer los 22 yo también estoy adentro y lxs veo a todxs saludando felices en las fotos,otra vez el zucundum coronario, pero ahora el bobo sí que me hacía ¡¡¡sisepuedesisepuedesisepuede!!!. (Dios me castigó por hablar mal de lxs cardiólogxs o digo de lxs senadores) No podía creer!! Todxs adentro, todxs coladxs, como en las giras adolescentes. Y apenas empezaba a darme cuenta de que, si bien diseminadxs por el inmenso salón, estabámos todxs juntxs cumpliendo un sueño, se nos aparecía ELLA.

Y es a estas alturas cuando se supone que debo describir que ví, cómo la ví y cómo la escuché. Y es cuando me convenzo de que no quiero resignarme a la solemnidad de una nota que me despoje, ni por asomo, de lo que sentimos todxs. Porque Santiago era un solo sentimiento, Santiago logró amontonar a miles de paisanxs que se dieron cita por y con el sentimiento que les despierta una mujer. Ella. Una mujer que lagrimeaba conmovida por el amor a un pueblo que la esperó por horas sólo para verla de lejos, un ratito. Una mujer que desde la ternura del recuerdo de su compañero, desde la expresión de dolor por su partida, desde la seriedad de un diagnóstico político, desde la picardía de la nostalgia de una juventud de a dos, desde los soslayados pronósticos de la victoria para octubre y desde los deseos de la reconstrucción de la Patria, desde todos los rincones de su charla, no deja de militar. Marcelo Fuigueras, fue un inteligente interlocutor que le permitió explayarse por muchos aspectos de su vida privada y que logró que bordeando la peligrosa cornisa de la auto referencia, no sucumba a ningún golpe bajo. Pero que no pudo  evitar que las basuritas se le metieran en los ojos ante cada imagen de Néstor, presente en todo el relato y en el salón repleto de esa respetuosa intimidad compartida. Con Ella.

Sólo Ella perseguida, difamada, angustiada, puede estar tan serena y mantenernos a todxs en estado de esperanza permanente, contagiarnos entusiasmo y asegurarnos la confianza en un futuro luminoso que está ahí, a la vuelta de la esquina, preparándose para venir en nuestro rescate.

Ya está muy largo esto, ché y lo tengo que terminar. Porque todo termina menos la emoción que nos genera verla y escucharla y saber que el futuro nos parece un poquito más cerca.

Y eso que me faltan los llantos colectivos ante el final de una jornada que no quería llegar a buscarnos, porque sabía que queríamos quedarnos ahí, acurrucadxs. Y eso que no dije nada del millón de abrazos que nos dábamos, felices por la osadía. Y que me faltan los chivitos y los malbec de la cena, y los comentarios  y  las promesas de …savolversavolver…desentonadas a los alaridos y a los saltos en las calles de Las Termas de Río Hondo.

Eso nomás era. Lo siento, señor editor, pero es lo que salió…fuera de joda, Ale, hice lo que pude.