Por Alejandro Mosquera

No dejaron que se transmitiera en vivo. Difundieron en cadena las acusaciones, pero la defensa debía ser ocultada. Sabían que su palabra en la indagatoria seria una denuncia al sistema del lawfare, a los mercenarios, los ideólogos y mandantes de la persecución contra una idea, contra una identidad, contra una lucha, contra sus representantes.

La imagen la mostraba sola. Al lado un tribunal cómplice. Pero ella no estaba sola. Tanto por los millones que la acompañaban, sino y sobre todo porque hablo por todos. Incluso por aquellos que no la votan ni la quieren pero que son débiles ante un poder autoritario que decide sobre la vida y bienes de cada uno. Ese sistema corrupto de justicia, servicios, medios y mercenarios que actúa sin reglas, inspirado en intereses y con capacidad de destrucción de las personas y del país.

Debía ser proscripta su palabra pública centralmente para que quienes “compraron” el discurso de los perseguidores y trolls. Le temen a la verdad. Le temen a que se den cuenta. A que miren y vean que el rey está desnudo.

Que se den cuenta que le habían creído a quienes se proclamaron republicanos y eran autoritarios y arbitrarios, creído a que por ser multimillonarios o CEOs de corporaciones estaban saciados y serían entonces honrados y transparentes y en realidad fueron rufianes que utilizaron la persecución para hacerse de mega-ganancias a costa de la destrucción del país y de su endeudamiento.

Su palabra demostró que no somos iguales ante esta ley. Que en manos de la mesa judicial de Cambiemos, de jueces del poder y servicios oscuros, el derecho no es una regla común de todos, sino un cuchillo afilado para herir a opositores y luchadores.

La Justicia debe ser transformada para construir un umbral común de la sociedad. Toda la sociedad debe ser capaz de debatir los caminos de superación de esta negación del estado de derecho que provocaron. No es solo tal juez o tal funcionario. Hay que dotar al país de un sistema de justicia apto, moderno, independiente de poder en todas sus formas.

Le temen a que su palabra porque habla de libertad e igualdad. Rompiendo es vieja calumnia que los que luchan por la igualdad no lo hacen por la libertad. Y que quienes pregonan la libertad son “desprolijos” con la igualdad. Mentira. Ellos no creen en la libertad, por eso desmontaron la justicia y construyeron la hoguera. Por eso hay presos políticos.  Ellos son parte de una tendencia de derecha y ultraderecha que crece en el mundo y en nuestra región que promueve, naturaliza y santifica la desigualdad, y para garantizar su gobernabilidad recurren a la censura, la persecución, la xenofobia, el racismo, la represión.

La igualdad, la libertad, la democracia son las claves y necesidades del movimiento nacional y popular.

Cuando el video de su palabra giró en las redes muchos comunicadores salieron a alabar su “facilidad de palabra”, para tratar de disimular sus razones.  Los mercenarios en medios hegemónicos a “mostrar” sus datos “erróneos” eso sí, sin publicar sus palabras.

Cristina defendió la democracia, la ley, el estado de derecho para todos. Es valiente, pero no es un problema de valentía, sino de convicción.

El final de la indagatoria, cuando los jueces le preguntan si va a responder preguntas, y ella mirándolos de frente y diciendo “preguntas tienen que responder Uds.” es una alegoría de un pueblo después de 4 años de dolores.

PD: Si continua el lawfare todos los argentinos seguimos en prisión preventiva. Con responsabilidad, pero sin medio hay que enfrentar los lugares oscuros de un estado y un para-estado que destruyeron la República.