por Carola M Bayle

Hace 18 años que entré en el Hospital Posadas, corría el año 2000. Recién recibida ingresé a la residencia de pediatría. Pasé muuchas horas y vivencias muy fuertes en esta profesión que me acercaron a mis compañeros de trabajo y a mi lugar de trabajo de manera muy distinta que en cualquier otra ocupación: fiestas, feriados, vidas, muertes, nacimientos…. y uno se va apropiando del lugar… Pensar que ingresé aún sin matrícula, sin saber casi nada y me fui cruzando con grandes colegas que desinteresadamente me fueron formando e hicieron de mí lo que hoy soy. Y yo repito la historia con los que sigo cruzando porque es un hospital escuela asociado a la UBA y que recibe rotantes argentinos y extrangeros.

Al cabo de 3 años recibí mi título de especialista en clínica pediátrica y decidí quedarme para continuar mi formación con una beca gratuita que duró dos años. Mientras tanto hacía guardias, y entré al plantel de “homologados” a la carrera hospitalaria no había nombramientos….

Así fueron pasando los años, guardia de fin de semana, luego de semana noche, y un día me presionaron a firmar el contrato 48 !_ Noooo !! Cómo voy a firmar algo que dice que pueden echarme en cualquier momento?!?! _ Nadie va a echar a nadie !!! Eso jamás pasó en el Hospital….  Y era cierto …. hasta que un día….. Cambiamos.

No voy a negar que hay muchos vivos en el nosocomio. Somos pocos y nos conocemos mucho.

Honestamente nunca pensé que iba a ver lo que hoy pasa en el Posadas. La labor destructiva es de hormiga y el trabajo impecable. Primero nos prohibieron con una circular que llegó por mail “hablar con la prensa sin autorización de la oficina de comunicación “, después pusieron las historias clínicas digitales y el control de “la producción” y comenzaron las apretadas. Este sector produce poco. Aquel produce más. Luego los datos biométricos para controlar la asistencia. Y comenzaron los despidos de administrativos, limpieza, técnicos y algunos casos de profesionales recién este año en enero. Nadie hizo nada en principio. Los gremios que históricamente daban vuelta el hospital por cosas mucho menores. Mudos. Muy raro todo. Un trabajo de guante blanco. Y finalmente la renuncia del Director médico Dr Palmieri por no querer avalar los últimos despidos. Ahí sobrevinieron los hechos de los últimos días: las marchas de silencio, las cartas documento a granel y la unión que hace la fuerza y que hizo abrir nuestra historia a la opinión pública.

Da mucha bronca cuando con tu trabajo se forjó una institución de renombre y prestigio y vienen otros de afuera, niños ricos que en su vida pisaron ni escuela, ni universidad ni hospital público, y de un plumazo destruyen lo que tanto llevó. Indigna y duele. Angustia. Sólo consuela saber que conmigo y caminando hay muchos otros locos enamorados de ese Hospital que morirían con las botas puestas y peleando por lo que en definitiva es nuestra salud pública.