por Alejandro Mosquera

Nos dirigimos hacia las PASO el primer capitulo del proceso de votación que puede una vez mas con mucho esfuerzo derrotar al tercer ciclo de las políticas neoliberales aplicadas en el país. Todas las encuestas dan ventaja a la formula del Frente de todos, sin embargo, una buena parte de nuestro pueblo continúa apoyando a quienes han producido una catástrofe social, productiva y económica sobre sus familias.

Apoyados en los cambios de época, la revolución comunicacional, las formas nuevas de subjetividad en muchos casos atadas a un individualismo y egoísmo promovidos y sustentados en la hegemonía del capitalismo globalizado, el Macrismo desarrollo una agresión programada sobre los valores y memoria de los argentinos. El objetivo: un cambio cultural profundo para que se adhiera al dogma y valores promovidos en el siglo XXI por las derechas. Un magma donde se combina la meritocracia, con valores liberales, con autoritarismo, negación y miedo al otro, al otro extranjero, al otro pobre, al otro diverso, con formas de progresismo cultural. Se apoyó en una sociedad mundial donde se naturalizó la desigualdad. Como analiza Pierre Rosanvalllon en “La sociedad de iguales” (2011) “…Múltiples encuestas mostraron así que, en Europa, como en China o en Brasil, una mayoría de personas, a veces muy amplia, tiene la sensación de vivir una sociedad injusta, pero sin que ese juicio acarree acciones reivindicativas o elecciones políticas seriamente susceptibles de invertir el curso de los acontecimientos. Todo ocurre como si hoy existiera una forma de tolerancia implícita frente a las desigualdades…”

Hubo distintos análisis  de esta operatoria ,  se la vinculó a lawfare (guerra jurídica), otros  al autoritarismo y la discriminación, otros al marketing y el discurso vacío de política, también a la anti-política. Muchos que no podían creer en franjas importantes que apoyaban a los victimarios se inclinaban por el fraude electoral y al papel dominante de los medios de comunicación. Y así podríamos seguir.

Seguramente cada un de estos estudios con sus razones y verdades. Sin embargo, cada vez queda mas expuesto a los ojos de quienes quieran mirar, que no estábamos solo frente a la confrontación entre dos discursos que disputaban en términos de las democracias realmente existentes, sino a un proyecto y programa de manipulación y transformación, de operatorias de inteligencia, sin reparos ni escrúpulos tanto para utilizar los medios de comunicación, los jueces, los servicios, las empresas de big data como Cambridge Analytica, con el objetivo de borrar las valores y umbrales comunes construidos por los argentinos. Cuando en estos días repiten como un coro todos los candidatos del Macrismo que no se construye Futuro con el Pasado no solo están criticando los 12 años kirchneristas de gobierno o la existencia de 70 años de peronismo, no es solo una consigna de ocasión, es la idea de desmontar el entramado de visiones que componen la cosmovisión popular.

Vulnerando leyes, ética, y principios básicos de la democracia el objetivo es vaciarla.

Si países desarrollados y sistemas institucionales estables como EE. UU. y Gran Bretaña están discutiendo la validez democrática de las elecciones que terminaron con el triunfo de Trump y del Brexit que transformaron aceleradamente el mundo. Como nuestro país visto como necesario para las políticas de EE. UU. no va a estar en riesgo si en esos procesos judiciales del primer mundo quedó claro que aquella empresa Cambridge Analytica también había sido contratada en Argentina para una campaña anti-kirchneristas.

Ese fue y es el verdadero fraude a la voluntad popular. Una modificación radical de las formas de agresión a la democracia y la voluntad de las mayorías que no se logró analizar a tiempo y con rigor para poder combatirla.

Por eso las PASO y las elecciones generales y el posible ballotage debe ser librado por millones de compatriotas como única manera de romper los candados que Cambiemos y el poder real intenta ponerle a la voluntad soberana de nuestro pueblo. No es un problema de moderación para conquistar un centro (como si existiera un “centro ideológico”) sino de la inteligencia estratégica para ver con que confrontamos.

 

El presidente ¿enojado?

Todos los presentes en ese acto de funcionarios (donde ningún laburante podría ir por los horarios) donde el presidente habló en Ferro saben que fue una actuación mal hecha los gritos de Macri. Como en su momento De la Rúa golpeando la mesa, buscando una autoridad que se esta perdiendo. Es que una parte del voto que puede hacerlo en favor de Macri piensa que no sabe resolver los problemas que el país padece. Aún sin querer votar a la yegua, o al kirchnerismo, o el peronismo o al populismo o a la izquierda (elija Ud.) se convenció que es un inútil.

Es una performance dirigida a los propios no a quienes cuestionamos su modelo de país, sus políticas y no solo su estilo. Logró sin embargo que muchos hablaran de sus formas. Por eso fue adecuada la respuesta de Sergio Massa cuando le señaló que los gritos no ocultan los problemas que vive nuestro pueblo.

 

Las políticas del miedo

Hemos analizado muchas veces en esta columna la utilización del miedo por parte de Cambiemos, hoy solo quiero escrutar un costado de esta. La promoción de las diferencias en el seno del Frente de Todos por parte del aparato de propaganda e inteligencia del oficialismo apunta a tratar de desmontar la vieja idea que el peronismo o los frentes que lo integran son capaces de sacar al país de los terremotos sociales y económicos que crean los neoliberales. Dicen: son una bolsa de gatos, peleados entre ellos, sin conducción centralizada, con lo cual no podrán gobernar.

Al mismo tiempo sin sonrojarse dicen que Alberto es la derecha, en el mismo momento que lo acusan de un populista disfrazado de racional, tratan de que la izquierda del frente desconfíe del candidato y que el candidato desconfíe de la izquierda. Sostienen que mandará Cristina y mirando la otra cámara sostiene que tiene un plan para desestabilizar al gobierno de Macri y hacerse con todo el poder.

El Frente de todos es rico en su diversidad. Esa riqueza es parte central del poder que tiene que construir para transformar el país. Tiene que ser el eje de un nuevo compromiso amplio, de un acuerdo social, productivo y cultural de los argentinos para reparar el daño ocasionado por estos 4 años de salvajismo pro-mercado. Esta visión de que el pueblo no es un sujeto único, sino plural, diverso, con muchas identidades viejas y nuevas no debe ocultar que para ello debe ser capaz de actuar en común, unido como un bloque frente a un enemigo tan dañino e inescrupuloso. Solo pensar que la alianza Cambiemos tiene el apoyo de Trump y un FMI que se mete como un actor más en la campaña tendría que mostrar cabalmente lo que sostenemos.

Es tiempo de revisar también ciertos criterios del neoliberalismo cultural que se incorporaron al accionar y pensamiento popular progresista.

Solo un pueblo unido salvara al pueblo.