Por Alejandro Mosquera

El escenario poselectoral comenzó a desplegarse. Mientras escribimos esta columna la oposición trata de bloquear la aprobación del presupuesto nacional, por otro lado, la Corte Suprema declaró la inconstitucionalidad de una ley que lleva vigente 15 años sobre el Consejo de la Magistratura después de permitir el copamiento del poder judicial por el Macrismo y de admitir el lawfare sin decir una palabra. Como un signo de la etapa vuelven las sesiones sorpresas para votar contra la opinión del pueblo: la Legislatura provincial de Chubut sancionó la Ley de Zonificación que autoriza la minería en la meseta central de la provincia. En la puerta los manifestantes ambientalistas fueron reprimidos por la Policía.

Como contexto de la crisis que se desarrolla el FMI sigue presionando para pactar con el Gobierno sobre la base de achicar la brecha cambiaria es decir devaluando, achicando el déficit fiscal con reducción del gasto público, disminuir bruscamente los subsidios a la energía provocando un aumento de tarifas, y seguir reduciendo en moneda dura los sueldos y jubilaciones, y perfilan sus consabidas reformas laborales y jubilatorias. Sin embargo, sigue habiendo algunos dirigentes importantes que sostienen que el acuerdo con el FMI, la posible convergencia en el Congreso para legitimarlo con el voto del oficialismo y Juntos por el Cambio puede ser sin ajuste. Magia en vez de lucha.

En ese mismo encadenamiento de acciones se presenta la contracara dos movilizaciones en la Plaza de Mayo de perfiles partidarios distintos, pero en lo esencial en su base social expresaban el rechazo al ajuste del FMI.

La movilización de gran parte del pueblo de Chubut contra la megaminería son parte de esta historia donde el protagonismo popular activo trata de dar batalla con su propia agenda.

Las derechas y el poder real otra vez quieren hacernos creer a los argentinos que no hay escapatoria, que hay un solo camino alumbrado por un realismo que debe abandonar toda vieja consigna que lo contradiga. Ofrecen al gobierno una gobernabilidad tortuosa, donde todos los días tratan de debilitarlo para hacerlo mas flexible a la oferta que le presentan.

Las alas de JxC nos hacen el viejo cuento del policía bueno y el policía malo. Y a la vez se cuidan para que por ultraderecha Milei no les socave su base, aunque es de prever que el novel diputado no la tendrá tan fácil por la capacidad de los bloques de la principal oposición de instalarlo en el lugar de lo testimonial para luego sumarlo en el frente de derechas que sueñan para el 2023.

Por el lado del Frente de Todos se extiende el debate. No debe haber lugar del país donde no se converse el presente y el futuro, el rumbo y el para qué. Como paradoja el principal partido del frente el PJ realizó su Congreso Nacional, prometiendo un nuevo Congreso para debatir política (¿?). Entre tantos compañeros se escuchó la voz valiente del gobernador de San Luis Alberto Rodríguez Saá en su batalla por la recuperación del debate, el programa y la acción del justicialismo : ”cuando tenemos una simetría, un espejo entre el poder ejecutivo y el partido, no suma nada y resta muchísimo en el mundo de las ideas y en el mundo de los programas, en el mundo del dialogo, y en el mundo de la democracia”.

El impacto de la derrota electoral, las discusiones con el Fondo, la crisis social empuja y estimula el debate en el Frente. Con promesas de institucionalización, pero sin pasos concretos, como el agua que se filtra en cuanto puede sin muro que lo pueda detener por siempre, crecen formas de agrupamiento y militancia para abrir un nuevo capitulo en la lucha por el rumbo de la unidad. El surgimiento de un movimiento aglutinante de puertas abiertas en el seno del FdT y del movimiento nacional que llamamos Soberanxs es la novedad que expresa esa necesidad. En pocos días se transformó, miles de compañeras y compañeros se integraron en todas las provincias del país. Es que Soberanxs es una interpelación al Frente desde las mejores ideas que pario el proceso de resistencia al neoliberalismo y de recuperación de la soberanía integral y decenas de miles de militantes lo necesitan.

Su desafío es inmenso, transformar la energía popular, las ansias de protagonismo en lucha de ideas, en movimiento para constituir una fuerza organizada, en territorio para expresar la diversidad federal de nuestro pueblo. Allí se juega su futuro.

En tiempos donde el posibilismo como ideología de la imposibilidad trata de deglutirse las ansias de transformación de nuestro pueblo y de tantos dirigentes, nació Soberanxs para desafiarlo, una esperanza en movimiento.