Por Oliverio Jitrik

Un patético bufón “medieval”, con esos gorritos que poblaron las tribunas ya en varios mundiales pasados, una especie de mala tapa de un disco de Jethro Tull versión Barrio Norte, machaca con una pandereta y persigue a Daniela la periodista de C5N, que intenta cubrir el banderazo del 12 de octubre. Ella le ofrece el micrófono para que diga lo que quiera decir, pero este prefiere amenazarla. Evidentemente, estos sujetos están muy cabreados. Y seguimos convenciéndonos de que, por ahora, no se les responderá de manera correlativa.

“El pdoblema de la Adgentina” –como afecta la dicción del holográfico Macri frente a Morales Solá (aunque dicen que esa entrevista requirió de muchas horas de ensayo, si juzgamos por el cansancio facial del obsecuente tucumano)- no es más que él y esos rufianes. El pedoblema de la Argentina es Patricia Bullrich, es Sandra Pitta, es Fernández Díaz y su mejor alumno (¿o amigo?) Fernando Iglesias: ¿qué habrá entre ambos, detrás de esa retórica tan íntimamente compartida?

Mientras estos “Ellos” practican con brío el amor libre entre marcha y marcha, los “Nosotros”, más conservadores en realidad, los miramos por TV, cada vez más preocupados por la siniestra combinación de pandemia con esa caries horadante de esta oposición cada vez más destructiva. ¿Se repetirá la historia del último periodo de Cristina, en el que el asedio mediático les dio al final sus frutos? Siempre pensaremos que estamos a tiempo de conjurar cualquiera de estas amenazas y queda siempre el recurso último de la calle, la de siempre.

La incitación de Clarín al “escrache” a Cristina, al que sólo le faltó publicar un mapa con una cruz que marcara su domicilio y el “cómo llegar” desde Belgrano, no tuvo mayores consecuencias para este diario, y hubo una vez más que frenar la llegada a poner orden de grupos ya francamente irritados por tanta rubia tarada y sesentones destemplados que, una vez magullados, servirían de ejemplo para un gimoteante Majul de cómo actúan las patotas sindicales peronistas al servicio de Cristina. Todavía no les daremos el gusto, pues. Por mientras, entonces, la pandemia es hoy en día totalmente funcional a la derecha, puesto que lo único con lo que se cuenta es la acción potencial de una respuesta y, mientras, nos tiene agarrado de los huevos trabando, hasta ahora con éxito, lo que motiva a estos repetitivos banderazos. Pero, pienso, que en algún momento convendría replantearse los conceptos del poder real encarnados en los intereses económicos y en la patria financiera que, suponemos, no está armada sino de los simbolismos autoinstalados en la población que suele otorgárselos sin cuestionamientos. Se sabe que Clarín es poderoso, que el Departamento de Estado está presente, pero, utópicamente, sería interesante algún día arriesgarse a indagar qué pasa si pincho acá o allá y ver qué sale.

Alimentar esa idea de poderes fácticos inapelables, con los que permanentemente hay que “negociar” sólo hace crecer la amenaza monstruosa que representa y que, tarde o temprano, consigan volver a hacerse del manejo del Estado con todas las instituciones armadas a su servicio. No parece muy prudente, entretanto, pensar que eso sólo pasa en Bolivia o Brasil.

Pero hoy existen temas de mayor urgencia que irritarse por el subnormal de Macri o sonreír tibiamente ante la probable grieta dentro de Cambiemos.

El primero es el de los incendios forestales y rurales que asuelan el país. El cambio climático ha alargado el periodo de sequía que, añadido a la permanencia anormal de temperaturas altas el desastre ecológico se materializó, irremediable. ¿Se podía haber prevenido? La expansión incontrolable de la frontera agropecuaria sobre el bosque nativo, los “emprendimientos” inmobiliarios y el escaso cumplimiento de las leyes ambientales provinciales es el marco de impunidad para que se sigan quemando deliberadamente campos enteros para que sus propietarios se ahorren el desmonte mecánico. Pero, una vez iniciado los incendios, ¿se podían haber controlado antes de que se expandieran sin control, merced a los vientos implacables?

En el caso, Córdoba no pidió ayuda al gobierno nacional o no lo hizo a tiempo, de modo que este entró en acción muy tarde, apenas el viernes 2 de octubre. Para ese momento ya se habían quemado más de 180 000 Ha. ¿Por qué la provincia se comportó de esta manera? ¿Para no deberle nada al gobierno nacional? En todo caso, la Nación podría haber intervenido por cuenta propia desde la primera llama. Lo que se estaba quemando era, como cualquier sistema ecológico, único, un bien territorial estratégico e invaluable, y murieron millones de árboles y animales, sin contar con las trágicas muertes de dos personas mientras atacaban el frente de fuego en Punilla. Asumiendo que el Ministerio de Medio Ambiente estaría familiarizado con las experiencias de países vecinos, ¿por qué no se consideró la posibilidad de pedir ayuda a Rusia, que con un solo avión IL 76 logró apagar varios frentes en Chile a comienzos del 2017? ¿Habrán faltado canales de comunicación entre técnicos del INTA regionales, la Provincia y el ministerio? El otro tema muy áspero es la autoadjudicación de los terrenos de Costa Salguero a los negocios inmobiliarios, entre socios del macrilarretismo. Aunque la maniobra ha sido denunciada y expuesta, todo apunta a que se respetará la decisión de la Legislatura porteña, mansa y republicanamente. Parte del litoral de la capital será propiedad privada. Fabulosa cabeza de playa para un desembarco de troopers (como sucedió en Venezuela) si algún día Carrió y Macri deciden que, precisamente, “nos volvimos Venezuela”. ¿Qué pensará al respecto el Ministerio de Defensa? Nuevamente, por la pandemia, ¿no podremos movilizarnos para impedir esta burla? Los porteños anticuarentena, caceroleros y macristas en su mayoría- para esto no saldrán. No sólo no les molesta sino que les gusta, así como les gusta que se destroce la Costanera Norte a la altura del Aeroparque, donde ávidamente se “le gana terreno al río” pasando por sobre cualquier sentido común para el entorno de un aeropuerto. Pero negocios son negocios y para ellos está bueno que esta linda gentuza siga recibiendo prebendas por sobre los intereses nacionales. Quizás ha llegado la hora de poner en tela de juicio esto de los poderes “simbólicos” y, en sinergia con la Constitución Nacional, sacarles de una vez el caramelo de la boca. Se puede.