por Miguel Núñez Cortés

 “Quien tiene un motivo para vivir, siempre encontrará el cómo” (Nietzsche – 1844/1900).

  “Viene al caso citar a Victor Frankl, en “El hombre en busca de sentido”  – Editorial Herder (1979). Era el año 1938 y Austria había sido invadida por los nazis. Viktor Frankl, reconocido creador de la logoterapia, tenía 33 años y ejercía como médico en Viena, en un consultorio privado que pronto tuvo que ser cerrado. La amenaza se acercaba inevitablemente. La brutalidad nazi daba muestras del terror que impartiría.

 “En su obligada estadía en un campo de concentración, cuenta que en cierta ocasión estaba cavando una zanja. El amanecer sembraba una luz grisácea.

 “Mientras trabajaba, su imaginación se escapó otra vez a conversar quedamente con su esposa ausente o, tal vez, intentaba escudriñar la razón de sus sufrimientos, de aquella lenta agonía. En una última y violenta protesta contra lo inexorable de una muerte inminente, sintió como si su espíritu rasgara su tristeza interior y se elevara por encima de aquel mundo desesperado, insensato, y por algún lugar escuchó un victorioso «sí» en respuesta a la pregunta sobre si la vida escondía en último término algún sentido. 

  “En aquel mismo momento encendieron una luz en una granja lejana, una luz que se recortaba sobre el horizonte como una pincelada de color frente al gris miserable de aquel amanecer en Baviera. Et lux in tenebris lucet. Y la luz brilla en medio de la oscuridad. 

 “Estuvo muchas horas despedazando la tierra helada. El guarda pasaba junto y lo insultaba, pero él continuaba charlando con su amada. La presentía a su lado, cada vez con más intensidad. Sentía que casi podía tocarla, que si extendía su mano tomaría la suya. Fue una sensación terriblemente viva: ella estaba allí realmente. En ese mismo instante un pájaro alzó un breve vuelo y se posó junto a él, sobre el montón de tierra que había extraído de la zanja, y se quedó mirándolo fijamente» 

 “Sin saber que a su esposa ya la habían asesinado, Viktor Frankl tenía un porqué para vivir y encontró el cómo

 “En anteriores artículos se ha hablado de la persona humana, en especial en aquél trabajo al que titulamos “Prósopon”. Los valores de creación de mujeres y hombres se realizan bajo la forma de aportaciones, que guardan siempre una relación más o menos grande con la comunidad. Es por carácter recíproco que la comunidad debe conferirle un sentido existencial a la singularidad y peculiaridad de nosotros, seres humanos. Estas individualidades, en su carácter único, necesariamente están direccionadas a conformar una comunidad íntima entre un yo con un . Y entre un nosotros y un ellos.

 “Es este el momento en que hay que hacer público “el sentido de la vida que nos anima”, pasando de tal forma de lo particular a lo general. “Nuestra opinión sobre los hechos importantes y trascendentales de la existencia, depende del estilo de vida que hemos elegido” y ello merece ser público, pues en sí mismo son invitaciones concretas a una vida mejor. Si tenemos algo que decir, digámoslo. Anunciemos a los cuatro vientos que no amamos un algo, sino que amamos en un todo a esa sociedad que nos ha sido esquiva.

 Y los adherentes al campo nacional, popular y democrático, por historia y por doctrina, tenemos que señalar “un sí a la vidaa pesar de todo”. Fue lo que le dijo  Frankl a su esposa cuando los separaron en el campo de concentración: “Trotzdem ja zum Leben sagen”.

 “Y si nosotros NOS comprendemos en este sí a la vida, podemos ayudar a que ELLOS comprendan”. Es perentorio que nos renovamos en nuestras convicciones. Que estemos “alumbrados”, pues la luz brilla en medio de la oscuridad que nos envuelve. ¡Ya es hora de la luz!

 “Nunca olvidemos que el hombre sabe mucho más de lo que comprende”, también ELLOS.