Por Roxana Mugica

Periodista y militante feminista

Poner fin a las violencias de género es uno de los grandes desafíos de los países de América Latina. Los esfuerzos están orientados a la búsqueda de la igualdad de género y al empoderamiento de todas las mujeres y del colectivo LGBTIQ+.

 Estamos transcurriendo los primeros meses del 2021, con las estadísticas en la mano, conocemos la cantidad de femicidios ocurridos el año pasado, y sabemos que la violencia hacia las mujeres y disidencias ha ido aumentando a pesar de las políticas de inclusión que se llevan a cabo en Argentina.

Sabemos que, después de cuatro años de debilitamiento del Estado, el gran desafío para el gobierno nacional está en estabilizar la economía y bregar por reforzar la democracia en el Poder Judicial mientras se hace frente a la pandemia causada por el Covid-19 y la que se nos presenta cada día con mayor virulencia en los barrios: los femicidios.

La crisis económica y sanitaria incide negativamente en lo que ya era un problema grave en nuestra provincia; al igual que en el resto de los países de Latinoamérica, los casos aumentan, las mujeres son violadas, asesinadas, desaparecidas. Tucumán es noticia y está en la memoria de muchos por Belén, Daiana Garnica, Lucía, Paola Tacacho, Ayelén y tantas mujeres que fueron víctimas del orden patriarcal y de la inacción del Poder Judicial. 

Dolorosamente, Tucumán está entre las tres primeras provincias del país con mayor número de femicidios, junto con Buenos Aires y Santa Fé. La tasa de femicidios es un indicador del bajo nivel de protección de los derechos y libertades y del alto nivel de discriminación de la sociedad. Es por ello que la lucha por la equidad de género en todos los ámbitos se vuelve un deber del estado, pero también de la sociedad.

La prevención es la clave y va de la mano de la participación en el desarrollo de políticas públicas con perspectiva de género.

La paridad en todas las instituciones del Estado es la herramienta más acorde para revertir las prácticas, las creencias, los roles y los estereotipos que el orden patriarcal sostiene y que muchas veces pasa desapercibido.

Los diversos movimientos feministas pujan por un derecho clave: la participación en la vida pública. Miles de mujeres y personas del colectivo LGBTIQ+ apuestan a seguir revirtiendo las injusticias sociales y culturales en los diferentes territorios, conocen las realidades, los límites que hay que superar. No hay nada más revolucionario que las pibas, las mujeres, y la disidencias, en las calles, en las escuelas, en los barrios, tomando la palabra y exhibiendo lo despiadado del sistema capitalista que va de la mano del sistema patriarcal. Son las que tienen en claro desde qué lugar pensar las políticas públicas para minimizar y revertir la desigualdad en el acceso a la salud, educación, trabajo, vivienda, y tantas otras.

Ellxs son lxs que participan, lxs que luchan por ocupar lugares que ahora están ocupados por hombres, muchas veces violentadas por su simple condición de género.

Después de un largo proceso de luchas de movimientos feministas, nacimos a la vida cívica, pudimos emitir el voto por el impulso de la voluntad política de Eva Duarte de Perón en 1951, pero los pasos para alcanzar una plena participación aún se siguen dando.

Desde 1991, la Ley 24.012 de Cupo Femenino estableció que al menos el 30% de las listas de candidatos que presentan los partidos estuviera ocupado por mujeres. Esta ley promovió el acceso de mujeres en las organizaciones, lo que terminó generando un histórico aumento de la representatividad en nuestra provincia pero que hoy es un techo para la participación en igualdad de condiciones a los hombres. En nuestra Legislatura llegamos, con esfuerzo, a ocupar un 15% del total de bancas, lo que es un avance que parece poco a 30 años de vigencia de la ley.

La Ley 27.412 (23/112017) de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política establece que las listas de candidatos al Congreso de la Nación y al Parlamento del Mercosur deben ser realizadas ubicando de manera intercalada a mujeres y varones desde el/la primer/a candidato/a titular hasta el/la último/a candidato/a suplente.

Cuando hablamos de Paridad hablamos de que las listas estén conformadas por la misma cantidad de hombres que de mujeres. ¿Es pedir mucho? Las mujeres en promedio son casi la mitad de la población. ¿Por qué a los compañeros les parece tan descabellado? A ellos les parece que venimos a exigir que dejen sus privilegios, fundados en la idea de libertad y fraternidad sin nosotras. Sin nuestras libertades, sin nuestras sororidades.

 ¿Cuánta paridad hay en las organizaciones?

Si nos ponemos a pensar, hay más militantes mujeres en la mayoría de nuestras organizaciones, sean éstas unidades básicas, organizaciones sociales, sindicatos, pero el problema está en cómo se distribuyen los roles, y en especial los cargos representativos.

Las mujeres históricamente estuvieron limitadas al espacio privado, asumiendo roles de cuidado y de mantenimiento del hogar. El estereotipo de la ama de casa que lejos de terminarse se resignifica en el contexto capitalista para asumir, además de ése, otros roles similares en el trabajo y en la militancia también. Hay que romper con esto, en realidad con todo, y empezar a ser quienes tenemos ganas de ser como militantes.

 Proponer una nueva forma de militancia

En las organizaciones necesitamos eliminar los estereotipos y los roles de género, pero no lo vamos a lograr ni con paciencia ni con trabajo duro ni con capacitación, sino cambiando el orden patriarcal y cuestionando los privilegios de quienes nos subordinan. Nosotras estamos más que capacitadas y tenemos un compromiso social inquebrantable con una identidad construida por siglos de opresión: Somos las nietas de las brujas que nunca pudieron quemar. Nosotras somos muy diferentes, pero hay algo común entre nosotras: la opresión. 

Todas hemos sufrido algún tipo de violencia, física, verbal, económica, o simbólica que, lejos de quebrarnos, nos une y nos empodera.

La violencia de género en la política.

La ley 26.485 define a la violencia de género como “cualquier acción, conducta u omisión realizada de forma directa o a través de terceros que, basada en su género cause daño o sufrimiento, y tenga por objeto menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de sus derechos políticos”.

De los 19 municipios tucumanos, solo 2 tienen intendentas mujeres, y en los cuerpos legislativos también estamos infrarrepresentadas, en casos extremos hay consejos deliberantes con comisiones de género integradas por varones. Una muestra alarmante de la fuerte cultura patriarcal presente en las prácticas políticas en interior de la provincia.

Hay que celebrar

Tenemos un Estado Nacional que tomó la decisión de acompañar nuestras luchas. El Ministerio de la Mujer, Género y Diversidades es una apuesta del gobierno nacional para construir una sociedad diferente, más justa, más respetuosa de los derechos de todxs. Es claro que somos nosotres, nosotras, las protagonistas de este siglo. 

Hemos conseguido con militancia, con sudor, sangre y lágrimas, la aprobación de la ley de interrupción del embarazo; tenemos un derecho que nos permite decidir sobre nuestro propio cuerpo, porque no éramos dueñas, y también reclamar nuestro lugar como sujetos históricos. El Estado, a partir de esta ley, se asume garante de nuestros derechos individuales como personas, sin importar otra condición.

Celebramos que estamos juntas, en redes, apoyando a las compañeras que se caen hasta que se levanten de nuevo porque las políticas neoliberales nos golpearon fuerte y es por eso que cada vez somos más las que sentimos la necesidad de salir a luchar por nuestro sueño, la Paridad en todos los poderes del Estado, en la Justicia, en la Legislatura, y en los diferentes ámbitos de nuestras vidas.