Por: Marta Ofelia Valoy

Hoy las mujeres, a pesar de que deben seguir bregando por la igualdad de género, han conquistado casi todos los derechos civiles, al menos en la letra. En el camino hay una larga  y penosa lucha y grandes mujeres que dejaron su impronta indeleble en la conquista de esos derechos. Uno de los muchos rasgos positivos de esta época de marea feminista es que vuelve a poner en agenda a  esas  mujeres que hicieron grande a nuestra patria y es así que revisitamos nuestra historia, siempre contada por hombres, recuperando heroínas sin capa que con su lucha inclaudicable  fueron responsables de conquistas de derechos fundamentales. Un ejemplo admirable de esa lucha es la doctora Julieta Lanteri.

Julia Magdalena Ángela Lanteri,  mejor conocida como Julieta Lanteri, fue una política y feminista ítalo-argentina, olvidada por años y dejada de lado por los libros de historia. Su militancia fue tan fuerte que hasta se sospecha que su muerte, nunca esclarecida, fue por encargo. Una sola de sus frases definen su lucha y su personalidad: “Los derechos no se mendigan, se conquistan”.

Había nacido en 1873 en Cuneo, en la región italiana de Piamonte y a los 6 años emigró con su familia a la Argentina. En 1886, comenzó sus estudios en el Colegio Provincial (que luego pasaría a ser el Colegio Nacional Rafael Hernández) de la recién fundada ciudad de La Plata.

Fue la sexta médica recibida en Argentina, una profesión negada  a las mujeres. A  pesar de las numerosas trabas  que le impuso la universidad para avanzar en su carrera luego de obtenido su titulo,  logró, por medio de orden judicial,  que se legalizara su concurso para acceder a un cátedra en la Facultad de Medicina. Más tarde, se especializó en enfermedades psíquicas femeninas y de los niños, por cuyos derechos trabajó sin descanso.

En 1906 integró el Centro Feminista del Congreso Internacional del Libre Pensamiento que se hizo en Buenos Aires y con otras feministas como Raquel Camaña, Elvira Rawson de Dellepiane, Petrona Eyle, Sara Justo, Cecilia Grierson y Adelia Di Carlo, reclamaban por los derechos cívicos femeninos en Argentina y en el mundo entero.

Organizó para mayo de 1910, junto a otras mujeres, el Congreso Femenino Internacional que tuvo como sede a Buenos Aires. Se presentaron trabajos de mujeres de todo el mundo referidas a temáticas de género como derechos civiles y políticos, divorcio, educación, cultura, economía, etc. Fue el primer evento de este tipo que mostró al mundo, y de manera concreta, la organización feminista y las propuestas para modificar las situaciones de inferioridad que vivían las mujeres argentinas y del mundo entero.

Cuando en 1911 la Municipalidad de Buenos Aires convocó a los vecinos para que actualizaran sus datos en los padrones, en vista a las elecciones municipales de legisladores, llamó a que lo hicieran los ciudadanos mayores, residentes en la ciudad, que tuvieran un comercio o industria o ejercieran una profesión liberal y pagasen impuestos. La incansable Lanteri, advirtió que nada se decía sobre el sexo. Entonces, se inscribió en la Parroquia San Juan Evangelista de La Boca, que era la que le correspondía por su domicilio y cuando llegó el 26 de noviembre de ese año, día de las elecciones, votó en el atrio de esa iglesia.

El Dr. Adolfo Saldías, Presidente de mesa, la saludó y se congratuló “por ser el firmante del documento del primer sufragio de una mujer en el país y en Sudamérica”. La Dra. Lanteri se dirigió a La Nación y a La Prensa, por entonces los medios escritos más leídos, y contó el hecho. Al día siguiente, la novedad apareció en los titulares de esos  los diarios,. Poco tiempo después, el Concejo Deliberante porteño sancionó una Ordenanza donde especificaba claramente que estaba prohibido el voto de las mujeres porque el empadronamiento se basaba en el registro del servicio militar obligatorio. Al enterarse de eso, Julieta Lanteri se presentó ante registros militares de Capital Federal, solicitando ser enrolada y acudió directamente al Ministro de Guerra y Marina. Por supuesto, su petición fue denegada.

A pesar de haber sufrido ese embate, la terca Julieta no se detuvo y  reparó  que las mujeres no podían votar pero no había impedimento en el texto oficial para que fueran electas. Se escurrió entonces, por ese vacío legal que había dejado involuntariamente la sociedad patriarcal. Es así que en el año 1919, se postula a una banca en el Congreso como diputada, convirtiéndose así en la primera mujer candidata en la Argentina. De nuevo, se le impidió llegar al Parlamento  mediante artimañas legales. Entonces, organizó y encabezó en Plaza Flores, el primer simulacro de votación callejera. Este meeting congregó más de dos mil personas, y llamó la atención de las feministas en el mundo. A principios de 1920, el Senador Dr. Juan B. Justo la incluyó en su lista del Partido Socialista Argentino junto a Alicia Moreau de Justo.

En su marcha  imparable en la conquista de derechos, en 1924 fundó el Partido Feminista Nacional por el que se postuló a legisladora en varias oportunidades. Para la campaña electoral, echaron mano a diversos  recursos disponibles y de bajo costo, dada la precariedad económica en la que desplegaban su actividad política: volantes hechos en mimeógrafos que luego se repartían en las plazas y el transporte público, discursos improvisados en las esquinas y en el intervalo de los cines. La presencia de este nuevo partido que al principio fue casi testimonial, fue consolidándose por el apoyo creciente, aún en la población masculina. En el mismo año (1924),  triunfó el Dr. Alfredo Palacios y  Julieta lo siguió en cantidad de votos obtenidos. No fue poca cosa, a partir de allí comenzó a ganarse  enemigos. Los principios de su partido se incorporaron a partidos nacionales en San Juan y Mendoza. Previó golpes totalitarios en Sudamérica, Lanteri disertó en la UNLP y se entrevistó con el Dr. Marcelo T. de Alvear para comentarle las alternativas antiautoritarias de su partido. Mientras, siguió  bregando  por derechos y mejoras laborales femeninas y la protección de la infancia.

Vivió en Buenos Aires, La Plata, Olivos y Quilmes, lugares donde cultivó la amistad con Alfonsina Storni, Alfredo Palacios, José Ingenieros, entre muchas personalidades sobresalientes. Su lucha, su militancia feminista, su ejemplo que cundió entre muchas mujeres, sus convicciones firmes y su accionar permanente en busca de justicia y de igualdad de oportunidades, le valieron el odio de la derecha conservadora que  tramó  su asesinato en forma de un confuso accidente. Es así que  en 1932, a sus 59 años, un auto subió a la vereda, por donde transitaba desprevenida,  y la estrelló contra la pared, provocándole heridas mortales, en un incidente sospechado de asesinato político

La hipótesis del homicidio fue planteada por una de sus biógrafas, Araceli Bellota, en el libro «Julieta Lanteri, la pasión de una mujer», y fue retomada por el historiador Felipe Pigna, en su libro «Mujeres tenían que ser».

» La muerte de Julieta fue un incidente extrañísimo. Cuando fui a investigar a la policía me di cuenta de que el acta en donde constaba el accidente estaba borroneada. Llamativamente, la página anterior y la posterior se veían perfectas. Y en la Justicia pasaba lo mismo, el expediente estaba destruido», dice Bellota.

Según investigó la periodista y escritora Adelia Di Carlo (una de las pioneras de la Argentina) para la necrológica que salió en el diario El Mundo, el conductor del vehículo era David Klapenbach, un hombre ligado al grupo de extrema derecha Legión Cívica. El accidente se produjo cuando el auto circulaba marcha atrás, aunque había indicios suficientes para suponer que el hecho era confuso. Di Carlo fue amenazada por haber publicado esos datos, pero son la base de la hipótesis que también fue ratificada por Felipe Pigna.

«La Legión Cívica fue un organismo de represión política formado por civiles armados que respondían al general dictador José Félix Uriburu», según consigna Pigna en su investigación.

El accidente de Lanteri se produjo en una época muy convulsionada del país. «Era la dictadura de Uriburu y salían a perseguir a todos: sindicalistas, anarquistas, y la figura de Julieta era muy controversial, encajaba perfectamente en esta descripción», dice Bellota.

Después de dos días en el hospital, Lanteri murió por las heridas que le produjo el accidente. Más de 1.000 personas la despidieron en su funeral. Había entre los y las concurrentes, militantes feministas y personalidades de la cultura, el arte y la política.

“Mis actos son una afirmación de mi conciencia que me dice que cumplo con mi deber “decía nuestra heroína.

El 23 de febrero de 1932, un asesino terminó con su vida, no así con el ejemplo de su lucha y  con su memoria. Dos libros biográficos, una calle en Puerto Madero, una estación de Subte de la Línea H,  una escuela en San Juan y una escuela secundaria de Berazategui (Escuela Media Nº10) y varias entidades con su nombre, la recuerdan y homenajean. Cuando en 2000 la Municipalidad de Buenos Aires convocó a varias ONG para elegir las mujeres más destacadas de todo el Siglo XX, ella fue una de las dieciocho elegidas.

Referencias:

1- Araceli Bellota, Julieta Lanteri. La pasión de una mujer, Buenos Aires, Ediciones B, 2012

2- Felipe Pigna, Mujeres tenían que ser –  Planeta de Libros,  1 dic. 2014 

JULIETA

Encontré tu historia, Julieta

en el rincón  clandestino,

de las rebeldías.

Ibas , en vuelo sobre la infamia

burlando la  hipócrita parcialidad

de las palabras.

“Lo universal es todo o no es nada”,

decías.

Siempre

 Por la parte lateral de lo que

 que nos pertenecía

pariste  todo lo que estaba

destinado a florecer.

Infatigable,

Interpelabas construyendo

 Y reconstruyendo.

Peleona, insurrecta;

 no diste ventaja

en medio de todas las desventajas.

Eras la desobediencia clavando  su filo

en la  piel patriarcal,

siempre corriendo el horizonte.

Fuiste demasiado lejos.

El escarmiento

pintó  con tu  sangre la pared.

En tu viaje nos resucitaste a todas.

El asesino, los mandantes;

 Impunes.

Los sueños

también.