Colaboración: Ezequiel Pelliza Goicochea

Argentina ya tiene nuevo presidente electo. Alberto Fernández se impuso ante Mauricio Macri en unas elecciones que tuvieron, por segunda vez en la historia, una fórmula cuyo binomio tenía el mismo apellido: Fernández (Alberto) – Fernández (Cristina) y, anteriormente, Perón (Juan Domingo) – Perón (Isabel Martínez de Perón), en 1973. El dato no resulta relevante en pos de lo que pretende esta nota, pero vale como anécdota introductoria.

El concepto de reminiscencia es usado en filosofía y en psicología. Se propone acá traerlo al campo político.

La reminiscencia en la filosofía

Hablando en términos educativos, Platón decía que aprender es recordar. ¿Qué significa esto? Que todos tenemos el conocimiento en alguna parte nuestra, sólo que no lo recordamos. De esta manera, cuando adquirimos un conocimiento nuevo, según Platón, en realidad estamos recordando.

El alma es prisionera del cuerpo. Lo ideal es encerrado dentro de lo material. Cuando lo material se termina, es decir, cuando morimos, el alma recupera su libertad y vuelve al mundo ideal. En él, recupera su perfección. Todo aquello que perdió cuando se vio reducida al cuerpo. Ya no tiene límites. Se volvió perfecta. Y, en esa perfección, lo sabe todo.

Según la mitología griega, luego de recuperar ese estado de perfección, las almas reencarnan. Vuelven a prisión, vuelven a un cuerpo. Pero antes de volver, beben agua del Lete, el río del olvido. Al hacerlo, como su nombre lo indica, pierden todo el conocimiento adquirido. Es acá entonces que Platón afirma que aprender es recordar: el alma lo sabe todo, pero lo olvidó por tomar el agua del Lete. Cuando aprendemos algo, en realidad, estamos recordando, estamos recuperando el saber perdido antes de reencarnar.

La reminiscencia en la psicología

Todos tenemos recuerdos felices. Todos recordamos algo que en la infancia o en algún momento de nuestra vida nos hacía bien. Algunas de esas cosas las seguimos haciendo, pero otras no. Por distintos motivos: nos dejaron de provocar lo que nos provocaban, consideramos que ya no tenemos edad para seguir haciéndolas, etc.

La reminiscencia se refiere al momento en que una persona vuelve a hacer algo que hacía antes, pero ya no. ¿Por qué puede suceder esto? La persona está atravesando alguna crisis, de cualquier tipo: crisis amorosa, no sabe qué hacer con su vida, no está segura de estar estudiando lo que quiere, su trabajo no le gusta, etc. En ese momento de malestar, la persona no encuentra algo que la haga sentir bien. Entonces recurre a algo que en algún momento sí lo hizo. Puede ser volver a tocar la guitarra, puede ser volver a ver una serie animada, puede ser volver a coleccionar figuritas, puede ser lo que sea. Algo que se disfrutaba hacer pero que por X motivo se dejó de hacer. Algo del pasado que es traído al presente para poder afrontar el futuro.

No hay que confundirse: no se trata de retroceder. Eso sí sería negativo. Anclarse en el pasado por temor al futuro. Negarse a seguir. La reminiscencia está lejos de ello. Es, más bien, volver hacia atrás para buscar algo que nos olvidamos o desechamos en su momento. Una vez recuperado, seguir avanzando con su ayuda.

Podemos graficarlo de este modo: de niños, tenemos muchos sueños, imaginación, creatividad. Tenemos alas. A medida que crecemos, el estudio y el trabajo nos van haciendo perder todo eso, presos de la rutina, el cansancio y el estrés. Ya no aspiramos a tanto como cuando éramos niños. Ya no tenemos alas. Pero en ese mundo adulto tendremos varias crisis de distinta índole. Nos veremos frente al precipicio más de una vez. La reminiscencia no es salir corriendo hacia el pasado para estar a salvo: es volver al pasado para recuperar nuestras alas, las que nos permitirán atravesar ese precipicio. Volver para poder avanzar.

La reminiscencia en la política

El triunfo de Alberto Fernández tiene muchas explicaciones y lecturas posibles. Lejos de hacer un análisis arduo del mismo, me centraré en aquello de lo que vengo hablando. Gran parte de sus votantes lo hicieron con un objetivo claro: volver. De hecho, se escuchó en reiteradas ocasiones corear a los simpatizantes el famoso “oh, vamos a volver, a volver, a volver, vamos a volver”.Pero, ¿qué significa volver? El mismo Alberto, al dar su discurso tras conocer los resultados, dijo que el primer objetivo de su gobierno será recuperar lo perdido durante los últimos cuatro años para, después, poder seguir avanzando. “Volver” puede significar muchas cosas. Una posible sería retroceder. No obstante, acá cobra importancia lo dicho por Fernández: volver para poder seguir. Incluso antes de las elecciones ya se iba dejando algo en claro: tenemos que volver, pero volver mejores. No es retroceso, ni repetición. Es recuperar lo necesario para dar los pasos que hay que seguir dando hacia adelante. Una de las frases de campaña de María Eugenia Vidal había sido “no vas a perder nada de lo que ya tenés”. Más allá de esa expresión de voluntad, los resultados dicen otra cosa: a nivel nacional la pobreza creció, al menos, un 4%; el desempleo se duplicó; los comedores comunitarios comenzaron a recibir muchas más gente de la que recibían; el poder adquisitivo de los trabajadores, en promedio, cayó cerca del 20%. Y, así, hay un largo etcétera que indica que mucha gente sí perdió lo que ya tenía. Es menester, en este sentido, devolverles esos derechos y ese bienestar, para luego llegar a todos los demás.

No volvió el kirchnerismo. Al menos, no solo. El kirchnerismo es parte del Frente de Todos. Pero el Frente de Todos está compuesto por otros sectores, muchos de los cuales se habían distanciado del gobierno kirchnerista en sus últimos años. “Volver” no es hacer como si nada, sino dejar de lado cuestiones nimias (muchas veces el propio ego) que no hacían a lo fundamental. ¿Qué es lo fundamental? Las palabras de Cristina y Kicillof, tanto durante la campaña, como después de conocerse los resultados electorales, son claras: no al neoliberalismo. Volver a un gobierno que ve al Estado como un regulador de las relaciones económicas, sociales y culturales. Un Estado que no deja los derechos de la población en manos del azar, ni de un grupo de empresarios, sino que se hacer cargo de lo que le corresponde: cuidar los intereses de todos los argentinos.

Vale señalar que, durante su campaña en el 2015, Mauricio Macri también hacía alusión a una forma de volver. Ganó el ballotage declarándose industrialista, admirador de Frondizi y prometiendo que iba a tener el mejor equipo de los últimos cincuenta años. Tardó sólo un par de meses en abandonar todas esas banderas: la industria fue uno de los sectores más perjudicados durante su gobierno (que benefició, principalmente, al sector financiero y al exportador), de Frondizi no volvió a hablar y el discurso del mejor equipo de los últimos cincuenta años lo terminó cambiando por uno que señalaba que la culpa de todo lo tienen unos supuestos setenta años de peronismo. Está claro que, más allá de lo enunciado en campaña, no hubo una verdadera vocación de volver. En todo caso, su gobierno sí representó una vuelta, pero no a esos períodos, sino a la economía de Martínez de Hoz y de Cavallo, un gobierno más parecido a la Alianza de Fernando De la Rúa que al de Arturo Frondizi.Y, en el plano internacional, más similar al de Menem, con el tipo de relación que pretendía tener con el resto de los países y organismos internacionales, principalmente Estados Unidos y el FMI.

En este ámbito, volviendo a Alberto Fernández, cabe destacar que, en campaña, visitó a Lula da Silva en la cárcel y al Pepe Mujica. Una vez electo, se vio de nuevo con Mujica y tuvo su primera salida al extranjero para encontrarse con Manuel López Obrador en México, donde, de paso, también mantuvo un encuentro con Rafael Correa. Vemos la voluntad del presidente electo de volver a tejer lazos de solidaridad con los países hermanos y fortalecer la integración regional. La unidad latinoamericana fue totalmente paralizada por el gobierno de Cambiemos y los demás gobiernos de derecha de la región. Organismos como el Mercosur, la Unasur y el Parlasur no tuvieron ningún rol fundamental en estos últimos años. Se trata, ahora, una vez más, de pensar en una Patria Grande. En una Latinoamérica unida, consciente de los desafíos que deberá enfrentar. Por parte de Argentina, se viene una dura negociación con el FMI (organismo con el cual el país se había desendeudado durante los gobiernos kirchneristas, peroahora debe enfrentar de vuelta esa obligación. En este caso, es un “volver” forzoso). El presidente electo lo sabe y no ignora que es conveniente tener una buena relación con Estados Unidos. Pero tampoco ignora que, si nos peleamos entre hermanos, nos devoran los de afuera.