El pasado 1 de octubre Estados Unidos despertó ante la mayor masacre a tiros de su historia.

Un solo sospechoso disparó contra una masa de unas 22.000 personas que asistían a un concierto al aire libre. Mató a 59 personas y dejó más de 500 heridos.

Se calcula que cada año en Estados Unidos mueren unas 33.000 personas por disparos de armas de fuego, lo que equivale a unas 93 al día.

El corporativismo y los grupos de presión impiden reformas de calado en el país con la proporción más alta de armas en el mundo.