Colaboración: Noé Jitrik

¡Increíble lo que está pasando en Bolivia! La saña, el desenfreno, una irrigación de odio que podría parecer incomprensible sino fuera evidente que podría ser un capítulo más en la ominosa historia del llamado “Nuevo mundo”, o sea el exterminio de los pueblos originarios. Es eso, creo: los desenfrenados que incendian las casas de miembros del entorno de Evo y otras expresiones, son como los antiguos conquistadores para quienes “indios” son objetos a destruir, mundo blanco que no soporta, hacedores del infierno en la tierra, delirantes que no comprendan nada. ¿Y lo tenemos que aguantar?

A los pocos días del acceso de Macri a la Presidencia, en diciembre del 2015, un responsable y equilibrado Eduardo Jozami invitó a un grupo de amigos políticos a examinar la situación que se presentaba, con la idea de encontrar algunas formas de acción para enfrentar y neutralizar lo que se sabía, con un mínimo criterio de realidad, que se iba a producir. Apasionados, furiosos, los asistentes bramaban un furioso desconcierto, daba la impresión de que se sentían traicionados, no de una dirección cuya estrategia política, léase Cristina Fernández, habría llevado al desastre, sino de la historia misma. La reiteración de argumentos se me instaló como un aburrimiento que se iría perfeccionando durante los cuatro años que comenzaban a abrumarnos. Pensé, como para interrumpir la retahíla, que de esa reunión debía salir algo así como un programa de acciones o acaso que quienes tan vehementemente se quejaban de lo que comenzaba pudieran asumir algún compromiso, una tarea, no necesariamente pegar carteles acusatorios a las madrugadas o acompañar a los muchos que comenzarían a congregarse en Plaza de Mayo para protestar por las medidas antipopulares que se sabía que se iban a producir. Escuché con estoica paciencia y me quedé en un punto: Macri proclamaba que sus colaboradores, ministros y demás, constituían el mejor equipo de los últimos cincuenta años. ¿Quiénes eran? Misterio. Nadie sabía: paracaidistas, recienvenidos o personajes salidos de vaya uno a saber dónde. ¿Por qué, propuse, no emprendemos una tarea de investigación acerca de quiénes son? Establecer sus biografías con riguroso criterio histórico, sus orígenes, sus competencias, sus asociaciones, sus complicidades, etcétera.  Mi propuesta cayó en el vacío, salvo Jozami, que lo entendió, nadie pensó que algo así era verdadera acción y, por el contrario, todos entendieron, en silencio, que era una verdadera tontería. Los contundentes trazados que suele hacer Verbitsky de los actores principales del macrismo, por empezar la familia Macri misma, una reciente de Peña Braun, con la aparición en escena de parientes de todo tipo metidos en el gobierno, me dan, tardíamente la razón.  Me resigno, casi todas mis propuestas de acción corren la misma suerte, en mi condición de cazador solitario no puedo esperar otra cosa.

Me he preguntado muchas veces, casi todos los días, si es cierto que la vida normal de la gente, entendiendo por “normal” una natural y conocida relación de cada individuo con su entorno, no tiene el mismo tono y color que tenía en el pasado, en todo el pasado, no sólo en el período previa a diciembre del 2015. Una pérdida de fervor, una languidez de las respuestas, un desmayo de las prácticas que, sin embargo, se realizan. También son ciertas dos cosas más, causas si se quiere, de ese desánimo: por un lado, el descomunal aumento en el costo de la vida, con la imprevisibilidad que comporta, destituye casi todos los hábitos y los proyectos; por el otro, el extraño comportamiento de aquellos que viven como si no pasara nada, como si nada hubiera cambiado cuando, es evidente, mucho de la “natural y conocida” relación con el entorno ha cambiado ostensiblemente. ¡Qué raro! Después del triunfo de los F-F me da la impresión de que todo empieza a cambiar, como si la sociedad recuperara las ganas, con una consecuencia importante, empezar a interesarse por otras cosas, apaciguarse las obsesiones de una política viciosa para encontrar el camino de una politicidad más interesante, que estimule todo lo que compone una vida y no sólo lo que, como ocurrió en estos últimos cuatro años, la mortificó.