por Alejandro Mosquera

Dos realidades en paralelo atraviesan al país. Por un lado, se presenta que faltan pocos días para la reunión del G20 en Buenos Aires. El Foro internacional nacido como un intento de coordinación de respuestas a la crisis financiera del 2008, después de 12 de cumbres, donde en la ultima (Hamburgo 2017) quedaron claras las diferencias entre las grandes potencias mundiales en un mundo en proceso de cambio.

Y por otro lado un país real que sufre las políticas neoliberales, en recesión profunda mas inflación, con un mega endeudamiento, y con destrucción de empresas y puestos de trabajo.

El capitalismo globalizado vive los cambios que significan las políticas de Donald Trump, el debilitamiento del multilateralismo, la guerra comercial entre EEUU y China, el no cumplimiento del Acuerdo de Paris sobre cambio climático del cual se retiró EEUU, las migraciones masivas, el crecimiento de la ultra derecha y en algunos casos su llegada a los gobiernos entre otras cuestiones, todas ellas impactan en esta nueva reunión del G20, incluso se especula con un documento final que no decida sobre ninguna de las cuestiones principales en debate. El foco mundial estará puesto en las reuniones bilaterales entre los lideres de EE. UU., Rusia y China.

A pesar de sus debates, de las contradicciones de las cúpulas de los países, de las grandes corporaciones, nada en él es reconocimiento del drama y crisis que vive el mundo por el predominio en el comando del mundo del capital financiero, de una globalización que se profundiza contra las grandes mayorías tanto en los países empobrecidos como el de las grandes potencias desarrolladas. Su legitimidad está en cuestión, y es duramente criticado por el movimiento internacional que resiste las políticas de las instituciones globalizadas neoliberales.

El papel del gobierno nacional como anfitrión del evento es acotado, mas allá del esfuerzo de Macri, la diplomacia nacional y los comunicadores amarillos de darse importancia, de tratar de utilizarlo en términos de la política interna. A pocos días del encuentro el ejecutivo nacional está mas preocupado por mostrar que esta apto para desplegar una seguridad apta para el tipo de evento que con las políticas que se discutirán en su seno. No es inocente este marketing, quiere congraciarse, y hacia dentro utilizar las demostraciones de fuerza, las fuerzas especiales nacionales y extranjeras, como insumos de campaña electoral. Vale recordar que una parte de nuestra población es afecta a estas demostraciones.

El Macrismo soñó con una vuelta al mundo como si este fuera el de los 90, atrasan. Les cuesta acomodarse a las transformaciones que ha sufrido. Aunque ello no los inhibe de actuar bajo el impulso “genético” de su movimiento: disciplinamiento a las políticas de EE.UU., libre mercado, no impulsar regulaciones al capital financiero, perdida de soberanía. Mas que un reingreso es una rendición a las elites poderosas del mundo.

En el otro país la recesión y la inflación están haciendo estragos sociales. El colchón dejado por la administración anterior se esta derritiendo. La pobreza y la indigencia no dejan de aumentar, las empresas nacionales cada vez tienen mas capital ocioso, muchas están en crisis, convocatoria de acreedores o restructurándose hacia abajo. El trabajo en todas sus formas esta seriamente debilitado. Comercios y pymes que cierran, otras endeudadas, y la mayoría bajo la presión de un mercado interno achicado.

En ese otro país se afirma no solo el malestar social, sino que el cambio en los estados de animo, el rechazo al gobierno, la necesidad de otro camino, empujan a la oposición a mutar en las posiciones que hasta hace poco sustentaban. La unidad aparece como la clave para poder producir un cambio de gobierno en el 2019. El discurso de CFK en el Foro del pensamiento critico en Ferro lo planteo en dos claves: por un lado, la unidad de los agredidos por las políticas neoliberales es decir del 80% de la población, y en la unidad amplia de la oposición política: “la división es un lujo que no nos podemos permitir”.

La actitud y el contenido del discurso de la expresidenta no parece ser el de alguien que este eludiendo su responsabilidad como líder popular ante las próximas elecciones, por el contrario, es la imagen de alguien que se está poniendo al frente de articular las políticas y administrar las tensiones del bloque popular.

Comienza una etapa que, junto a las estrategias electorales, y a los esfuerzos por concretar un frente amplio, está la lucha y el conflicto por el rumbo que no se define solo por el componente de rechazo a las políticas neoliberales sino por las propuestas hacia delante. ¿Qué hacer con la deuda externa que nos dejara el Macrismo? ¿Cómo reindustrializar el país? ¿Cómo integrar y equilibrar las regiones y economías provinciales? ¿Cómo desarrollar una política agropecuaria que discuta el uso y la tenencia de la tierra? ¿Cómo recuperar cada derecho perdido y construir igualdad? ¿Cómo recuperar el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones? ¿Cómo profundizar el Mercosur y la unidad regional siendo que triunfaron varios lideres de derecha y ultraderecha en américa latina? ¿Cómo recuperar para la Nación el manejo de los recursos naturales y la energía? … y podríamos seguir.

Cuanto mas participativo sea el debate, cuanto mas gane los espacios públicos , cuanta mas organización haya en el movimiento popular, mas profundas serán las ideas fuerzas del frente o confluencia nacional y popular.