por Aram Aharonian y Horacio Rovelli

La economía argentina está en serios riesgos de default (cesación de pagos) y eso no lo dice la oposición al régimen neoliberal de Mauricio Macri, que heredó en diciembre de 2015 una economía desendeudada, sino las calificadoras de riesgo, fondos de inversión y bancos internacionales, máxime cuando el Fondo Monetario Internacional parece haberle dado la espalda.

Argentina está al borde del default, de la cesación de pagos de la deuda externa, gracias al vertiginoso endeudamiento, la liberalización extrema del mercado cambiario, la apertura sin restricciones para el ingreso y egreso de capitales especulativos, la desarticulación de la administración del comercio exterior y la caótica fuga de capitales.

Del 1 de enero de 2016 al 31 de agosto de 2019 la Formación de Activos Externos de residentes argentinos al exterior (fuga de capitales) del Balance Cambiario del BCRA asciende a 79.069 millones de dólares. Si se le suman los intereses de la deuda pagados a esa fecha por 36.381 millones de dólares, el total de divisas que salieron del país en se lapso fue de 115.450 millones de dólares.

Cabe recordar que, en 45 meses de desgobierno, el macrismo se sometió a las demandas judiciales desproporcionadas de los fondos buitre y privilegió al capital financiero internacional.

El aún presidente Mauricio Macri viajó a Nueva York para tratar de lograr que el FMI destrabara el último tramo del préstamo acordado con el organismo internacional, de unos 5.400 millones de dólares, que debieron haber sido entregado en el mes de septiembre que ya pasó. Cifra por otra parte menor a los 5.909 millones de dólares fugados en el mes de agosto 2019. Van a pedir al FMI lo que dejan irse del mercado financiero local.

El vocero del FMI, Gerry Rice, insistió en que «será difícil encontrar una solución rápida» para la crisis argentina, en línea con lo manifestado el día anterior por el director interino del organismo, David Lipton, quien sostuvo que el país «deberá esperar un tiempo para reanudar una relación financiera».

Además, los financistas de Wall Street querían escuchar de boca de Macri las explicaciones de cómo va a evitar el default, sin posibilidades de un ajuste fiscal en año electoral, máxime cuando nadie cree en su reelección. Mientras, Alberto Fernández, casi seguro próximo presidente, señaló que «La deuda se deberá afrontar de manera seria y sensata» y advirtió a argentinos, banqueros y financistas que Macri dejará una economía «atada con alambres».

Emplazado, Macri se reunió con ejecutivos de bancos y fondos de inversión, entre ellos los de Templeton y BlackRock, dos de los fondos buitres más especulativos del mercado y que acumulan más papeles de deuda argentina, quienes brindaron el salvavidas para la primera corrida en abril de 2018. Confiaba en disuadirlos de que no lo abandonen en este último tramo de la estafa común. 

 

La confianza del gobierno de conseguir el apoyo político del FMI para acelerar el giro de dólares descansaba en la idea de que la Argentina de Macri es clave en la estrategia geopolítica de Estados Unidos para enterrar las experiencias progresistas en América latina, cuando en realidad, el objetivo de Washington es frenar la influencia de China en la región.   

Sebastián Maril en Research for Traders, señala que “El Tío Sam no ofrecerá asistencia económica a Argentina tan fácilmente”, explica que EEUU rara vez abre la billetera para ayudar a un país necesitado sin que éste sea de interés nacional, saliendo al cruce de las versiones, difundidas por el gobierno argentino, de que Macri tiene asegurada una línea contingente de la Reserva Federal, el banco central estadounidense. O en defecto directamente de la Secretaría del Tesoro.

¿Una ilusión que sirve para estirar la agonía de la economía macrista? Incluso si se concretara, ese auxilio de emergencia, en el actual contexto de fuga de capitales, déficit en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos que acumula 19 meses de saldos negativos, sólo serviría para ganar tiempo para un desenlace que se presenta como inevitable

Los ganadores ante la suba del precio del dólar

El 25 de abril de 2018 ante la suba de la tasa de interés de largo plazo (10 años) de los EEUU, acercándola al 3% anual, se produce en el país la fuga de capitales encabezada por los mismos bancos que colocaron los títulos de deuda de la Argentina en los mercados financieros internacionales en el comienzo de la gestión de Mauricio Macri: JP Morgan, HSBC, Deustche Bank, Morgan Stanley, Merrill Lynch, etc.

Compraron dólares a 20,20 pesos y se llevaron ese solo día 1.225 millones de dólares y continuaron comprando dólares en el mes de mayo (se fugaron otros 4.616 millones) y junio (3.074 millones)[1]y el precio de un dólar fue de $ 38,90 el último día de ese mes de 2018.

Ellos y los que fugaron 79.069 millones de dólares hasta el 31 de agosto de 2019, son los grandes ganadores del fin del gobierno de Macri y son los que propician la devaluación del peso argentino para comprar por la mitad lo que vale el doble.

Obviamente que entre los fugadores hay grandes empresarios que residen en el país, que compraron esos dólares a través de los bancos autorizados a operar por la autoridad monetaria central que, a su vez, los adquirieron al BCRA y que éste sabe fecha y monto de cada operación, pero amparándose en el secreto bancario el gobierno de Cambiemos no da a conocer quiénes son esos beneficiados.

Los perdedores ante la suba del precio del dólar

  1. a) Los que no pudieron irse por tener vencimientos a posteriori, esperaron cierta estabilidad para vender títulos públicos y privados argentinos, y cuando esa estabilidad lograda tras las elecciones internas del 11 de agosto se perdió, no trepidaron en vender tratando de salir cono sea de un mal negocio.
  2. b) Hubo quienes ingresaron fuertemente a mediados del año 2018, incluso acrecentando sideralmente su posición en títulos públicos y acciones de empresas argentinas, principalmente la aseguradora suiza-francesa Allianz SE (Pimco), el banco de inversión Goldman Sachs, la Financiera Lazard y los fondos Franklin Templeton y BlackRock.

Según el registro, los acreedores de títulos públicos argentinos, en pesos y en dólares a mediados del año pasado, sumaban un total equivalente a 28 mil millones de dólares. De este total, la aseguradora suiza-francesa Allianz SE (Pimco) administraba unos 6.400 millones de dólares; el Fondo Franklin Templeton poseía títulos públicos argentinos por 6.200 millones; el fondo BlackRock por unos 3.700 millones, Goldman Sachs por unos 2.200 millones de dólares y la Financiera Lazard (2) unos 1.500 millones de dólares.

Pimco poseía entre el 40 al 50% del total de título público denominado por su sigla Bopomo (Bono de Política Monetaria), que es un bono en moneda nacional por 24.000 millones de pesos, atado a la tasa de interés de política monetaria que cerró al 83,205% anual y, se pagó el lunes 23 de septiembre. La otra mitad está en manos de otros fondos del exterior.

Obviamente, Pimco y tal vez los otros tenedores, esperaron la fecha de vencimiento para cobrar e irse, más que probablemente con el mecanismo de contado con liqui, comprando con esa plata, otros títulos públicos y privados y vendiéndolos en el exterior a un dólar a mayor precio, que es el costo de volver a esa moneda, por lo que definitivamente no ganaron plata.

Esto es, el dólar (tipo comprador) cuando ingresaron estaba a 37,90 pesos (24 de septiembre de 2018) y el contado contra liqui del 23 de septiembre de 2019 estaba a 68,64 pesos. Por lo tanto, la depreciación fue del 81,11%, con lo que estuvieron inmovilizados más de 400 millones de dólares y en este caso ganaron solo 2% de interés en pesos

Pero peor le fue a Franklin Templeton y BlackRock que compraron los Bonos del Tesoro (BOTEs) el 15 de mayo de 2018 por unos 3.000 millones de dólares, cuando el dólar saltaba a 25,50 pesos, para posicionarse en Bonos del Tesoro (BOTEs), que adquirieron por 76.500 millones de pesos a tasa fija del 20% anual con vencimientos en los años 2020, 2023 y 2026.

Con una tasa pactada, hasta septiembre 2019 solo por la variación de monedas, llevaban perdidos 930 millones de dólares por esta operación. Como fueron bonos emitidos a medida de estos fondos, no encuentran comprador y su precio de mercado también cae, lo que amplía las pérdidas a casi 1.100 millones de dólares.

  1. c) Todas las empresas locales que colocan sus acciones en mercados de capitales del exterior valen en dólares mucho menos que hace un año atrás. Por ejemplo, al 25 de septiembre de 2019, el valor de los ADR (que son los certificados de tenencia de las accionesy es la forma de invertir en empresas de todo el mundo a través del mercado norteamericano) de YPF SA es de 9,80 dólares, un 32,1% menos.

El valor de los de Transportadora Gas del Sur (del grupo Werthein) 43,5% menos; Central Puerto (presidida por Nicolás Caputo, hermano del alma de Mauricio Macri) descendió un 68,4% en su valor.

Las empresas lideradas por Eduardo Elsztain (IRSA) cayeron un 59,5% y Cresud 52,7%; Pampa Energía -cuyo principal accionista es Marcelo Midlin (quien le comprara la empresa IECSAde Ángelo Calcaterra, primo hermano de Mauricio Macri sufrió una caída del 49,2%; mientras que los valores de Loma Negra cayeron un 51,1%.

Y los bancos Galicia (con fuerte participación de los Braun, tíos del Jefe de Gabinete de Macri, Marcos Peña) descendió un 55,2%, Supervielle 66,2% y Macro 44,6%.   

Cabe destacar que, de hecho, en la práctica concreta en la Argentina, existe una alianza entre las principales empresas locales, representadas mayoritariamente por la UIA (Unión Industrial Argentina), encabezadas por el Grupo Techint (de los Rocca) y Arcor (de los Pagani), que tienen deudas en dólares y que piensan que las devaluaciones realizadas por el gobierno de Cambiemos ya les permite competir en el mercado interno y hasta en el externo.

 

Ellos siempre buscaron y propiciaron que el salario industrial medido en dólares de la Argentina sea menor que el de Brasil… y lo lograron. Y no quieren que se devalúe más porque corren el riesgo que sus activos sean comprados por capitales extranjeros y a precio vil, perdiendo su influencia en el mercado cautivo local, con lo que sordamente se genera una puja entre los devaluacionistas (los que fugaron capitales) y los que quieren mantener el valor presente del tipo de cambio.

 

Quienes poseen títulos y acciones locales no quieren perder más plata y los industriales, por su parte, saben que con esta paridad cambiara el costo local es uno de los menores de toda la región.

 

En síntesis, la puja por arriba de la sociedad es muy fuerte y no se sabe el resultado final (si el dólar se vuelve a disparar y en ese caso a qué precio y cómo impacta sobre el valor delos activos locales y sobre la deuda externa pública y privada), mientras el pueblo argentino espera pacientemente el fin del gobierno de Cambiemos y el inicio de un nuevo gobierno nacional y popular

 

El tiempo que todo lo dice, dará razón a unos u a otros

[1] Siempre medido por el FAE (Formación de Activos Externos del sector privado) del Balance Cambiario del BCRA

(2) La Financiera Lazard fue la que intermedió en la compra de IECSA entre el Grupo Macri y el grupo Midlin