Por Alejandro Mosquera

Los avances en las pruebas y en el conocimiento público de la existencia de un aparato estatal ilegal durante los gobiernos de Macri y Vidal, que integraban funcionarios, varios jueces y fiscales, articulado con medios de comunicación, para perseguir a opositores, sindicalistas y sindicatos y organizaciones sociales, muestran a las claras que era un plan sistemático que se ideó en las entrañas del gobierno de JxC.

La reivindicación de la necesidad de una Gestapo -la policía ilegal secreta del nazismo-  por parte del ministro de trabajo de Vidal  en un video registrado por el espionaje  de la AFI macrista, muestra a las claras que el proyecto político neoliberal necesita violentar la democracia y la república para poder doblegar las resistencias que encuentra en el camino, sean de dirigentes políticos, sociales y sindicales o de empresarios nacionales. La presencia en esa reunión de dos miembros jerárquicos de la AFI también deja en claro que esta era un instrumento ilegal de una dirección política y operativa que tenía el proyecto.

Es evidente que Argentina no vivía una epidemia de sentencias arbitrarias como sostuvieron algunos dirigentes del FdT -cuando se da el debate sobre la existencia de presos políticos- sino que la sociedad era víctima de un aparato que actuaba en las sombras, y que su sola presencia y accionar demolió el estado de derecho.

La potencia que tiene que ver las imágenes conocidas en estas semanas no quita que el sistema político conocía esta realidad desde mucho antes de que el Frente de Todos ganara las elecciones del 2019. Si bien hubo un importante avance en desmantelar los “sótanos de la democracia” con la intervención de la AgenciaFederal de Inteligencia y el nombramiento de Cristina Caamaño al frente de la misma, todos somos conscientes en que era un instrumento del sistema ilegal.  ¿Por qué no se tomaron las medidas desde la asunción del nuevo gobierno para desmontarlo? ¿Por qué no se lideró una profunda reforma del poder judicial? Si los jueces y fiscales que participaron no eran víctimas de extorciones de la ex SIDE, de sus espías, sino parte orgánica de un aparato estatal ilegal la necesidad de recuperar un servicio de justicia para la república era y es una de las necesidades estratégicas para proteger la democracia y a nuestro pueblo.

¿Por qué sigue en funciones  Julio Conte Grand Procuración General de la PBA cuando ha sido claramente un funcionario parte de la estructura partidaria de Vidal, y nombrado el ex ministro de Trabajo de la provincia, Marcelo Villegas por como parte de los acuerdos para perseguir sindicalistas? ¿Por qué sigue en funciones el procurador general interino de la Nación Eduardo Casal?

La transformación del Poder judicial clasista, patriarcal, lejano de las necesidades de nuestra sociedad, enredado en zonas grises con el poder de las corporaciones económicas más importantes desde la cabeza misma que es la Corte Suprema, es una necesidad del conjunto de la sociedad. La vigencia plena del estado de derecho debe ser intransigente porque es la regla básica de convivencia social, aún cuando su negación afecte a personas que no comparten nuestros valores. Todos los regímenes autoritarios construyeron un relato para justificar su violación, el neoliberalismo en su versión macrista también.

La idea de que la Constitución y el poder judicial no se deben cambiar porque aseguran la república no solo es mentira, si no que es una defensa de un status quo que se demostró que es útil para una minoría que lo usa como ariete contra la población. En el mundo que nos toca los autoritarios y victimarios se presentan como republicanos, los fascistas y admiradores de partícipes de las dictaduras como libertarios, y las víctimas tienen que probar que no son culpables de las acusaciones que el poder construye contra ellos.

Tampoco es cierta la propuesta de la autodepuración judicial no solo porque no funcionó nunca, sino porque no estamos frente al caso de una manzana podrida y, entonces, con sacarla del cajón protegemos al resto. Lo que está podrido es el sistema, y para proteger a los jueces, fiscales, defensores honestos, tenemos que cambiar el cajón.

En el país, si perteneces al círculo rojo no solo sos inocente hasta que se demuestre lo contrario como corresponde, sino que sos inocente aunque la investigación judicial  demuestre que sos culpable. En cambio, si estás entre las personas de a pie y mucho más si sos joven, morocho, de barriadas populares, sos culpable si el aparato penal te puso en la mira y tendrás que demostrar que tu inocencia aunque el poder judicial no pruebe nada.

A quienes planteamos la necesidad de reformar la Constitución y el poder judicial nos critican sosteniendo que hacemos tambalear la seguridad jurídica y que eso perjudica la posibilidad de inversiones. Es como si en un partido de fútbol el equipo poderoso pone a su técnico y al presidente del club como referees, borra su área penal, maneja las cámaras de tv y del VAR para que no se vean las faltas de su equipo, encima compara a varios jugadores del equipo más chico y cuando el capitán contrario reclama lo acusan de no querer jugar el partido, es decir de no preservar la seguridad jurídica y los intereses de los que invierten para ganar mucho dinero con la transmisión.

Cuando está comenzando el 2022, hay que mirar la realidad de frente. Junto con las investigaciones en la justicia sobre el aparato estatal ilegal macrista, con las investigaciones en la Cámara de diputados que se anuncian, hay que abrirle paso al protagonismo social democrático. La transformación del poder judicial y la Constitución no es un problema de expertos y profesores universitarios, sino de la participación ciudadana amplia, sin restricciones, en todos los territorios, en todo el país. Abrir espacios de participación de base, en los barrios, sindicatos, centros estudiantiles, en los feminismos, en las organizaciones sociales, a un movimiento para transformar la institucionalidad en favor de más democracia, más república, más igualdad.

Es un protagonismo sin pedir permiso, es la potencia revolucionaria de la democracia en marcha, convertida en movimiento. Sin lucha no hay futuro digno.

Feliz año

*Foto: fuente La Nación