por Noé Jitrik

El grotesco episodio en el que estuvo envuelta la Señorita Esmeralda Mitre, y del que le cuesta salir –típico caso de del “hablar por hablar” que genera un macaneo irresponsable- se sigue prolongando y parece tener más consecuencias: si afecta al ahora expresidente de la DAIA debe también estar afectando a la DAIA y a la familia de la señorita Mitre, ninguna de las dos entidades muy contentas con lo que sus desafortunadas declaraciones desencadenó.

Los “medios” se ocuparon de la cuestión, no faltaba más, los medios adoran estas cosas, de modo que se sabe cómo esto comenzó: al exmarido de EM, el ex ”sushi” delarruista Lopérfido, se le ocurrió “aclarar” la cuestión de los desaparecidos durante la dictadura militar; como si los hubiera contado declaró, con soltura de cuerpo, que no eran 30.000, como se viene diciendo, si no muchos menos; seguro de sí mismo censuró vivamente a quienes sostenían esa dramática cifra, era evidente que bregaba por una verdad. La repulsa no tardó en producirse y el Gobierno, con gran simpatía por sus afirmaciones pero deseando que no se le viniera un problema más a los muchos que ya tenía y tiene, lo remitió al extranjero, un exilio no demasiado doloroso.

La exSeñora de Lopérfido, nuevamente Señorita Mitre, sintió más tarde y todavía fiel a él, interpretando por sí sola la línea de conducta del diario que todavía posee su familia, que no sé si inauguró el mítico fundador del diario y de quien es muy posible que ella no sepa ni siquiera que tradujo La divina comediay escribió La historia de Belgrano, que debía continuar en esa línea, concordando con la transparencia que el Gobierno muestra en todos sus actos y, sobre todo, en cuanto a la memoria histórica; dijo, en un arrebato, que ella no creía que los nazis se habían llevado a seis millones de personas al infierno; puso en duda la existencia de la Shoa, palabra que, sin duda, no debe serle muy familiar.

Ardió Troya o, más precisamente, la calle Pasteur; fieles a la memoria del exterminio de esos millones de judíos, atentos a cualquier manifestación negacionista, antisemita o que pone en duda la equidad del Estado de Israel, sus representantes o sus voceros saltaron como leche hervida como cada vez que se pone en cuestión lo judío, pero, en este caso, no era sencillo porque además de esas fidelidades al colectivo judaico también son fieles a la gestión del Pro y que alguien –la joven Mitre, probablemente heredera del tradicional diario La Nación, pilar del macrismo- de ese linaje saliera con tamaño despropósito les creaba un problema serio, la contradicción no resultaría fácil de resolver. Si en lugar de EM hubiera prorrumpido con una estupidez parecida alguien vinculado al kirchnerismo no habría habido problema pero, lamentablemente, no era así.

Acorralada, la hermosa jovencita reculó; compungida, pidió perdón a quien había ofendido por sus apreciaciones –no quedó claro quiénes eran los ofendidos, tal vez los seis millones de exterminados por los nazis- y, últimamente, porque no terminaba el asedio dijo, casi en llanto, “me retracto”, como si estuviera frente a una persona acerca de la cual había dicho algo inconveniente. Pero del hecho de los seis millones nada, probablemente siga creyendo lo mismo, o sea que no se hagan las víctimas, no deben haber sido tantos. De todos modos, es también probable que alguna persona sensata de la familia, si es que después de la llegada de Macri al mundo de la felicidad financiera queda alguno, le haya dicho que ya no anduviera diciendo cosas por ahí, que una cosa es ser una chica bella y otra es opinar.

En el medio, al entonces presidente de la DAIA, señor Ariel Cohen-Sabban, se le ocurrió algo genial: proponerle un trato cuyos detalles no trascendieron pero que a EM no le gustó; por lo que ella dijo después de esa conversación que no parece haber sido amable por ahí hubo alguna propuesta como la que da título a una película de Robert Redford: “indecente”, o a lo mejor fue otra cosa; en todo caso, el señor DAIA puede haber prometido, no lo sabemos, que a cambio de lo que de ese encuentro se podía obtener la DAIA no insistiría con su inquebrantable posición frente a cualquier nube antisemita.

El episodio no me parece importante, el macrismo nos depara unos cuantos que lo son, e incluso me divierte un poco así como me da un poco de pena por la chica, vaya lio en el que se metió. Peor le fue a COHEN Sabban: rápidamente le exigieron que renunciara, orden que acató de inmediato y desapareció, con lo que nos quitó la posibilidad de saber que había ocurrido durante ese encuentro del que tanto se habló, un símil de Guayaquil, los protagonistas se llevan el secreto si no a la tumba al menos a su fuero íntimo y tal vez al familiar.

Pero esa desaparición tiene en común con otra: la del regreso a la Argentina del primer marido de EM. Mientras ese matrimonio subsistía Lopérfido obtuvo algunos cargos, no menores; cuando se separó casi al día siguiente lo despidieron, o sea que quien tiene algo que ver con EM es considerado y sostenido por el macrismo y cuando deja de tener que ver, el macrismo, implacable con quienes ya no sirven porque chocan con sus grandes cómplices, La Nación y la DAIA, se los sacan de encima. Me prometo valientemente de no tener nada que ver con esa beldad.