por Ricardo Luis Plaul

La Madre de los Dragones se acerca a ocupar su banca y sus enemigos se desesperan. El Rey de las Tinieblas y sus esbirros, encarcelan, torturan y reprimen a sus partidarios. Sin embargo quienes la aman y respetan, porque liberó a los esclavos y les dio mejores condiciones de vida, porque sueña con no repetir errores de sus antecesores y construir un mundo más justo, son fuertes y valientes. No se dejan amedrentar por los muertos vivos que ya han causado muertes y dolor en tiempos pretéritos.

Los muertos vivos siguen endeudándose con el Fondo de Hierro: necesitan pagar antiguas deudas y comprar nuevas armas porque su modelo sólo cierra con una guerra permanente contra quienes cuestionen sus privilegios.

La vida enfrenta a la muerte, la solidaridad al individualismo egoísta, la justicia a la codicia sin límites.

No siempre se ganan las batallas, no siempre se obtienen triunfos resonantes, no siempre los aliados son leales al Proyecto, no todos son buenos sin matices, no siempre se es totalmente coherente.

No siempre se obtienen resultados inamovibles, ni se esgrimen verdades absolutas. A veces no se reconoce  al enemigo.  La Memoria suele perderse en los meandros de las conveniencias e intereses.

La historia, que no comenzó en esta temporada, seguirá su curso con la dialéctica propia del universo. Seamos protagonistas colectivos de la misma. Los derechos sancionados que los detenían están siendo derrumbados y es necesario unirse para enfrentar su avance, para evitar que las tinieblas vuelvan a destruir nuestras posibilidades de vivir y soñar.