por Germán Gorraiz López 

La drástica devaluación del yuan como respuesta del Banco Popular chino (BPC) “a las medidas unilaterales, el proteccionismo comercial y la imposición por EEUU de subidas arancelarias contra China”, provocarán una tormenta bursátil en el resto de mercados mundiales así como una carrera devaluacionista de las economías emergentes y del área de influencia china. Así, muchos países están buscando devaluar sus monedas para incrementar sus exportaciones y salir así de la crisis actual” ante la imposibilidad de adoptar medidas como el “quantitative easing “, utilizado por EEUU, el Reino Unido y la UE para incrementar la masa monetaria y debilitar sus monedas.

El FMI aboga por una devaluación coordinada y esperan que esta guerra de las divisas consiga frenar el proceso deflacionista en el que se encuentra sumergido buena parte del mundo, pues “una inflación ordenada sería la tabla de salvación de las economías al producirse una enorme transferencia de riqueza de los ahorradores a los prestatarios”. La devaluación del yuan frente al dólar servirá al BPC para seguir manteniendo un control estricto sobre la evolución de su moneda, pues si la divisa china se fortalece en exceso asistiríamos a una severa constricción de sus exportaciones y al consiguiente descenso de su Superávit, agravado por el aumento de los costes laborales y el previsible riesgo de deslocalización hacia India o Vietnam, cuyos salarios mensuales rondan los 60 euros.

Sin embargo, la medida unilateral del BPC podría obligar a una devaluación progresiva de las diferentes divisas por parte de los Bancos Centrales Mundiales, a la ruptura del sistema de paridad de las divisas internacionales y la posterior Libre fluctuación de las mismas, lo que aunado con el Neoproteccionismo económico podría significar el finiquito a la globalización económica y el retorno a los compartimentos estancos en la economía mundial.