Por Paola Andrea Artunduaga Torres

A través de la historia las mujeres hemos luchado contra viento y marea por nuestros sueños, nuestros ideales y nuestros sentires.

Hoy rindo un sentido homenaje a las mujeres patriarcas de mi CLAN, quienes me enseñaron que el miedo no existe y que en la guerra también nace el amor, si se es lo suficientemente resistente para asumir los dilemas de la lucha, en una guerra viva y latente, donde las bondades del amor son más fuertes que los odios y los miedos.  Mi madre, mi tía y mis abuelas, ese MATRIARCADO de tres generaciones, me demostró que las mujeres no somos de papel sino de hierro.  Cuando aún no pensaban nacer mi madre ni mi abuela, ya la bisabuela vivía su propia guerra, tenía 15 años y no sabía que en su vientre se gestaba una vida, cantaba tangos en los calabozos de un convento en Medellín, donde la habían llevado castigada por haberse dado la oportunidad de amar y sentirse mujer en los años 1930…

La abuela Marina en medio del dolor y la frustración. Crece con una madre de pensamiento algo anarquista y comunista que, como consecuencia de las injusticias que le tocó vivir como mujer se une al movimiento DE LA CHUSMA O CHUSMEROS, de pensamiento comunista, y campesinos cansados de los abusos de los conservadores que usurpan las tierras de los más indefensos y el arrebato de los derechos humanos de quienes trabajan sin recibir lo justo por su labor. Ella la bisabuela, que alrededor del tango y el aguardiente de caña vivió unos años como una guerrillera campesina, alza su voz contra los opresores de su país en ese momento. Difícil niñez tuvo la abuela Marina, le tocó vivir de un lado para otro, viendo y escuchando muchas tristezas, pero esto fortaleció su alma, por lo menos es lo que ella decía. Pasaron unos años hasta que la bisabuela se enamoró y se retiró a vivir una vida normal, fuera de las montañas y las dificultades de la guerra. Pero a la abuela le quedó muy claro lo que significa luchar por la paz y la justicia, siendo ya maestra de música, se vincula a las guerrillas urbanas del ELN para pedir justicia y defender, no sólo sus derechos, sino también los de muchas mujeres invisibilizadas y atropelladas por el estado indiferente con sus necesidades, tenía muy claro el porqué de su militancia, para ella ese era el único movimiento que hablaba de equidad y justica con reparación, aquí militó por muchos años a pesar de haber sido perseguida y amenazada muchas veces y otras tantas despedida de su empleos como maestra por pensar diferente y exigir justicia y paz. Pasan los años y se enamora, entonces llegan mi madre y su hermana, nacen en un MATRIARCADO políticamente muy fuerte, totalmente de IZQUIERDA. Mi madre y mi tía crecieron escuchando los discursos de Fidel Castro que el bisabuelo ponía en la radiola todas noches, haciendo de este modo que sus mentes tuvieran desde muy niñas una formación política e ideológica sobre la defensa DE LO JUSTO Y EQUITATIVO. Siendo muy jóvenes  se unen a las juventudes comunistas de CALI y en los años 60 y 70 son, con buenas intenciones, fundadoras del MOVIMIENTO 19 DE ABRIL más conocido como M-19 y comienza el camino al infierno, son perseguidas políticamente y  un objetivo militar, por ser parte, y la voz, de los que callan y reclaman justicia y paz para su pueblo, los militares entonces las torturan junto con nuestros padres a dos jóvenes que conocen en este proceso y todo termina en un juicio político militar en los finales de los años 70  e inicios de los 80. Además de este concejo de guerra en el que son juzgados, el estado pretende robar los hijos a los militantes de este movimiento, por tal razón mi madre y mi tía toman la decisión de escondernos con amigos, dejándonos por varios días sin su presencia y así cuidar nuestras vidas. Somos cuatro hermanos, dos hombres y dos mujeres que brotamos del amor en medio de la guerra y que nacimos por la misericordia de DIOS pues, embarazadas, fueron torturadas con electricidad en las esencias y golpeadas en el vientre entre otras torturas. Pero la fortaleza de nuestras madres y el amor por su patria fue más grande y aquí estamos hoy, continuando el legado, luchando contra las persecuciones y los señalamientos que hasta el día de hoy, disimuladamente siguen, nos acostumbramos a encontrar la felicidad en medio de la guerra, convirtiéndonos en mujeres de hierro porque tenemos muy claro que moriremos luchando por nuestros ideales, pero jamás arrodilladas o acalladas por un gobierno fascista, asesino e injusto… pienso que hoy no han cambiado las formas de lucha, aún se protesta por el abuso a las mujeres, por la injustica social y la inequidad. Rescato y destaco que esta generación de mujeres es muy valiente, más segura e independiente, más ellas, y por ende son más las mujeres vinculadas a este propósito, sin dejar de reconocer que nuestras abuelas y madres nos abrieron el camino para plasmar las ideas en los espacios de lucha y resistencia…

POR QUE LAS MUJERES SOMOS LA MEJOR MUESTRA DE LUCHA Y RESISTENCIA… ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!