por Alejandro Mosquera

El gobierno nacional nuevamente comete un yerro político de envergadura. Presionado por el FMI y por el circulo rojo convocó a la oposición a que avale su política de déficit cero, reforma laboral y jubilatoria, y pago de la deuda a cualquier costo. Ni una palabra de aumento de salarios y jubilaciones, de congelar las tarifas, de bajar las tasas, de dar una batalla contra el desempleo y la falta de medicamentos.

Algunos miembros del ala política de Cambiemos entendieron que había preocupación en la oposición por verlo muy débil al gobierno con riesgo de derrumbe y trataron de utilizar la visión de la mayoría de sostenerlo hasta el fin del mandato y derrotarlo por los votos, como una oportunidad para dar una señal a las corporaciones y especuladores que lo sostienen y a la vez hacer una jugarreta electoral.

La ilusión que trataron de vender es mas o menos así. Están obligados a firmar los 10 puntos porque el riesgo es una corrida y fuga de capitales que dejen sin oxigeno al gobierno. Y si no firman los medios hegemónicos demostraran que no les interesa nada más que ganar una elección.  Hasta algunos periodistas del palo compraron sugiriendo mandar segundas líneas.

Ni Massa ni Lavagna podían ni siquiera sentarse a una mesa sin el kirchnerismo porque lo sentían como un suicidio político ya que el gobierno los iba a presentar como sus aliados razonables, y ello los debilitaría ante sus propios votantes que reclaman un cambio de rumbo, y emigrarían hacia CFK, y en otros profundamente anti-K o antiperonistas los llevaría al razonamiento de que si están todos juntos porque no votar a Macri antes que a la fotocopia.

Pero el yerro a que nos referimos en esta columna no solo se refiere a una mala lectura, sino a la irresponsabilidad del elenco gobernante. Porque si nadie se presta a la farsa saldrán mas débiles de los que entraron a esta maniobra.  Las corridas contra el peso, la fuga de capitales no tiene como actores principales a las clases medias compradoras de dólares, ni a los trabajadores, ni a las pymes, son los grandes jugadores del sistema, los bancos y carteras de inversión el problema. Y estos no se miden por las mentiras de los grandes títulos de los diarios.

Nada tiene que ver esto con el Dialogo 2000, es una maniobra mas para afirmar el mismo programa que llevo a esta catástrofe que vivimos.

Ante los irresponsables se necesita  firmeza desde la oposición real porque Argentina necesita cambiar el rumbo, y eso se construye con la voluntad democrática de millones y derrotando una vez más al neoliberalismo y sus recetas dogmáticas. Pero también templanza, seriedad ante el momento que vive el país. Argentina necesita una oposición a la altura del desafío.

La víbora venenosa cuando se siente atacada y débil sigue siendo peligrosa. Pobre víbora ponerla de ejemplo, estos son peores.