por Miguel Núñez Cortés

El nombre de nuestra revista, “La Barraca”,  reconoce explícitamente su origen a partir de determinados acontecimientos de honda raigambre histórico-cultural.

Invito al lector a adentrarse en esta breves líneas, para ir descubriendo algunos sucesos que partiendo de aquél lejano 18 de julio de 1936, se manifiestan aun hoy en la política española. Hasta la Argentina han llegado ecos, algunas veces espantosos, sobre “la guerra civil”, los golpes de estado, asesinatos y el remanido y siempre sobreactuado pacto de la Moncloa.

Y no es casualidad que Mauricio Macri se haya entrevistado con distintos dirigentes españoles de ambas ramas. Mariano Rajoy vino a la Argentina y Pedro Sánchez lo recibió en extensa reunión en Madrid. El pacto de la Moncloa persiste en un bipartidismo tutelado por la monarquía borbónica y los poderes fácticos.

Este nuevo aniversario del 18 de julio de 1936,  nos retrotrae a cinco años antes de esa fecha, cuando el rey Alfonso XIII, atento a los resultados de las elecciones celebradas el 12 de abril de 1931 manifiesta  lo que ya ha quedado en la historia: “este acto cívico revela claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo”, tal cual lo dejara escrito en la nota con la que se despedía de los españoles, antes de abandonar el Palacio Real la noche del martes 14 de abril de 1931.

Los gobiernos de la República duraron en paz cinco años y tres años más en guerra (desde el 18 de julio de 1936 hasta su derrota definitiva el 1 de abril de 1939)

Y a aquella República que puso fin al reinado de Alfonso XIII, la recibieron unos con fiesta y otros con luto. Los purpurados de la iglesia católica, por ejemplo, vivieron su llegada (hubo excepciones y hay constancias) como una auténtica desgracia. Esa jerarquía de la iglesia católica, porción minoritaria,  siempre poderosa, ajena a los pobres y a los desprotegidos, pero atenta a los ricos, esa iglesia de cardenales y obispos de largas capas y buenos negocios, teme hoy -como en 1931- que un mínimo republicanismo que se pudiera empoderar, se convirtiera en una auténtica desgracia para sus intereses terrenales.

Y hoy la monarquía de Felipe VI – que no quiere verse en el espejo de Alfonso XIII – concita en su entorno a las fuerzas más reaccionarias en una entente con CEO´s (Ibex 35) ennoblecidos y “enmedallados”, junto a centenares de  industriales y financistas (¡aun se escuchan los ayes de los engañados “preferentes”!), que temen perder al rey y al sistema prebendario  (probenda de «praebere» =dar=ofrecer) por influjo de una corriente progresista que se atreva a sugerir otras formas de gobierno.

Por ello el Partido Socialista (PSOE), el de la conducción biunívoca y en las sombras con los conservadores del Partido Popular (PP), impide darle participación dentro del sistema parlamentario al Partido Podemos. Los necesita para la investidura parlamentaria, pero lo tienen maniatado.

No se debe dejar de lado a los representantes  europeos de la OTAN y las fuerzas locales, más tranquilos con el bipartidismo monárquico que les dejó Franco y la muy “trabajada” Constitución de 1978, no vaya a suceder que una renovadora visión republicana de gobierno, ponga en jaque al rey, a los grupos financieros y al poder mediático, debilitando la participación española en la alianza militar que la vincula al poder norteamericano por el Atlántico Norte y que la obliga a intervenir –vaya a saber con qué beneficios – en alejados países del África o el Asia.

Extraña “trilogía” que no es precisamente la de nuestro querido Federico García Lorca. Y aquí viene “La Barraca” ¿por qué?

Federico había fundado el Teatro La Barraca, que deambulaba por distintos pueblos, con base en estudiantes universitarios de filosofía y letras de Madrid. La dirección la llevaba junto al vasco Eduardo Ugarte

Miembros de La barraca

Meses antes de aquél desgraciado 18 de julio de 1936, el Teatro La Barraca tuvo su última función. Los grandes pedagogos y políticos, ligados al instituto de Libre Enseñanza (nuestro Hipólito Yrigoyen fue un formado en los valores de esta nueva pedagogía) apoyaban el quehacer de La Barraca.

Y dentro de un contexto difícil, el Teatro La Barraca llevó el repertorio del muy grande y clásico teatro español hasta los mismos pueblos de campesinos y obreros en aquellos años 30 del siglo pasado.

Apenas un mes de sucedido el levantamiento militar de Franco, un 18 de agosto de 1936,  fue asesinado en un camino de Granada el gran Federico García Lorca. Francisco Franco, preguntado tiempo después por el fusilamiento del poeta, respondió: “Lo cierto es que en los momentos primeros de la revolución en Granada, ese escritor murió mezclado con los revoltosos; son los accidentes naturales de la guerra. (…) Como poeta, su pérdida ha sido lamentable”. No existe un acto de hipocresía más grande.

Contrariando el espíritu fundacional del Teatro La Barraca, hoy, 21 de julio,  el gobierno del PSOE se niega a que 4 millones de ciudadanos españoles integren democráticamente el nuevo gobierno español, aun no conformado. El sistema parlamentarista lo permite. Los poderes constituidos, no.

Pablo Iglesias, líder de Podemos, para destrabar la situación y permitir la investidura de Sánchez, ha dicho que se retira y no desea integrar el gobierno del PSOE. Parece que ni aun así … A Pedro Sánchez no le dejan incorporar a su gobierno ni a mujeres ni a hombres de la segunda línea de Podemos.

Las palabras de Alfonso XIII zumban en los oídos del borbón Felipe VI y el temor al cambio se infiltra entre las estructuras del poder real, que maneja bajo conducción externa los poderes decisorios de una España que está empezando a ponerse institucionalmente vieja.

Tenga la certeza el lector que el alma fundacional del Teatro La Barraca sigue viva dentro de los corazones de millones que aun creen que con el advenimiento de la memoria, llegará el momento de la justicia, esa gran ausente.

La luz de la aurora lleva 
Semilleros de nostalgias 
Y la tristeza sin ojos 
De la médula del alma. 
La gran tumba de la noche 
Su negro velo levanta 
Para ocultar con el día 
La inmensa cumbre estrellada. 

Desde “El Alba” la luz del día, puede ocultar –escasamente- la inmensa cumbre estrellada.

NOTA: 

«[…] En la obra de teatro  ‘La piedra oscura‘ de Alberto Conejero, se recrean los últimos días de Rafael Rodríguez Rapún, estudiante de Ingeniero de Minas, secretario de La Barraca y compañero de Federico García Lorca en los últimos años de sus vidas. En la habitación de un hospital militar, Rafael espera su fusilamiento, al amanecer; lo hace en compañía del joven soldado que lo vigila.

«En un momento de enorme tensión en la obra, Rafael interpela al joven vigilante:

«Cuando todo haya terminado. Si lo lográis, si ganáis esta guerra que habéis querido, ¿qué vais a hacer luego? ¿Cómo vais a vivir con toda esta sangre bajo los zapatos? ¿Cómo os vais a abrazar a vuestras mujeres por la noche? ¿Cómo vais a mirar a vuestros hijos a la cara y les vais a decir «yo maté a mil hombres»?

«Probablemente, para algunos la respuesta sería: «Si ningún problema» […]»