Por Alejandro Mosquera

La población continúa apoyando la acción central del gobierno respecto a la pandemia y a la idea de que los que más tienen más deben aportar para la emergencia y para la reconstrucción y quiere un estado presente con capacidad de impulsar el desarrollo y cuidar a cada familia.

Después de tres ciclos neoliberales, de la revolución conservadora y del bombardeo sistemático y generalizado de los valores de un darwinismo social y meritocracia salvaje, no es poco. Es una base donde apoyarse, tanto para evitar que se retroceda como para poder instalar la agenda de los grandes temas que necesita el país.

Ese valor se agiganta cuando miramos la región de la cual somos parte. Nos rodean gobiernos de derecha y ultraderecha, el principal socio y protagonista del Mercosur está gobernado por un fascista que se ríe mientras el pueblo recoge muertos y lucha por sobrevivir al hambre y la pandemia.

Mientras pueblo, sociedad y estado convergieron en una coalición para defenderse del covid 19, la alianza de los irresponsables trata de desgastar al gobierno para sostener las ganancias de los grupos más concentrados rompiendo la cuarentena aún a costa de la vida de las personas de a pie, despidiendo trabajadores, o logrando subsidios del estado mientras ellos se reparten regalías.

La coalición de los irresponsables no es una cofradía de locos. Defienden intereses, los peores. Intentan de todas las maneras posibles desgastar al gobierno, dividir al frente de todos, el objetivo no está puesto solamente en las elecciones del 21 y 23, sino en la negociación de la deuda. Entiende cuanto más débil esté el gobierno menos fuerza tendrá para sostener posiciones que defiendan el interés general y al país.

Las líneas de ataque son diversas, no tienen un centro coordinador, sí una confluencia de intereses. Sus objetivos van contra los aciertos y políticas justas de los gobiernos, pero en muchos casos se apoyan en desaciertos, debilidades y errores.  Un segmento de esa campaña está destinado a desmoralizar a una parte activa del apoyo al Frente.

La oposición política más salvaje encabezada por Macri y Bullrich quedó aturdida no tanto por el resultado electoral que preveían, sino por el apoyo de una parte de su electorado a la actitud de cuidar de todos por parte de Alberto y su gobierno.  Ahora creen que llegó la hora de confrontar y aunque muchas cosas le fallan encuentran su fuerza en ser parte de la Coalición de los irresponsables.

La pandemia desnudó aún más las desigualdades en el país y en el mundo. Muestra con crudeza y crueldad como es este capitalismo de la catástrofe, hegemonizado por el capital financiero y que proclama a los cuatro vientos que pueden maximizar sus ganancias aún sobre los miles de muertos de la pandemia, del hambre, de la violencia, de todas las catástrofes.

Mostrar la desigualdad, la apropiación de la riqueza de todos por ese 1%, es necesario pero no alcanza. Tampoco alcanza confiar en los dirigentes populares y delegar el propio protagonismo. Es necesario contar con una estrategia, un cuaderno de navegación que nos empodere para los conflictos  actuales y futuros. Hay que ser conscientes que la Argentina pos pandemia necesita reparar los daños  del neoliberalismo y el covid 19, necesita reconstruir sobre bases sólidas y más democráticas el aparato productivo, el trabajo. El virus no crea condiciones de un mundo feliz, por el contrario, agrava cada uno de los males estructurales de la sociedad capitalista. Y a ello debemos enfrentarnos unidos y protagonistas.

Hay una agenda que nace como desafío de trabajar por un país más igualitario y más democrático. El estado nuevo que necesitamos no es aquel que ajusta a los trabajadores y productores para salvar a las grandes corporaciones, necesitamos un estado que apunte a dinamizar a las clases trabajadoras y productoras. Un estado con soberanía nacional y autonomía, para lo cual debemos convenir que la energía en manos del estado y la sociedad es clave para impulsar el desarrollo productivo. Un estado que replantee la educación en todos los niveles, que se proponga una nueva ley de educación superior y una escuela secundaria del siglo XXI, que procure desatar la dependencia científica y tecnológica y conquistar nuevos niveles de autonomía y desarrollo.  Que además del impuesto extraordinario a la riqueza se plantee un sistema impositivo progresivo y basado en la imposición de la ganancia y el patrimonio.

El estado de ellos es el que garantiza los convenios colectivos a la baja, la súper explotación de los trabajadores, que insiste con la reforma laboral y una modificación regresiva del sistema jubilatorio. El estado democrático que proponemos es un estado con los atributos y facultades necesarios para impulsar un plan integral de desarrollo, que replantee el federalismo ausente en el país y esté basado en el la concepción del Arraigo como derecho individual y colectivo.

Es tiempo.