Por Alejandro Mosquera

En el país hermano del Brasil se está dando una de las batallas principales por la democracia y la salud para toda la región.

El proyecto neoliberal, militarista y responsable de las formas de no combatir adecuadamente el Coronavirus que conduce Jair Bolsonaro  es un peligro  tanto para su pueblo como para la región, tanto desde el punto de vista sanitario por sus políticas de minimización de la pandemia y de confrontación con las medidas de protección que tomaban algunos gobernadores, como  de que  la cepa Manaos se expanda en toda la región dada la porosidad de las fronteras. Asimismo, desde el punto de vista de la paz, el desarrollo y la democracia regional por la irresponsabilidad del presidente  ultraderechista, siempre presto a provocar a otros países llegando, incluso, a ofrecerle a EE.UU a sus militares como instrumento de agresión.

Las cifras de infectados activos y de muertes en Brasil colocan al país en una situación sin precedentes en el mundo ya que, ante situaciones parecidas, otros países afectados por el coronavirus apuestan por medidas estrictas para restringir la circulación, Brasil va en sentido contrario mejor dicho Bolsonaro va en el sentido inverso..

En la vereda opuesta, el ex presidente de Brasil Luiz Ignácio ‘Lula’ da Silva afirma que su país necesita urgentemente una cuarentena estricta e insta a los brasileños a quedarse en casa «por el bien de la humanidad».

Su voz crece en todo Brasil. Y muestra a las claras confluencia entre la lucha por recuperar la democracia, el estado de derecho, derribar las políticas de lawfare, y la actitud responsable frente a la catástrofe sanitaria del país hermano y del peligro para américa latina en especial.

La decisión del Supremo Tribunal Federal que consideró parcial al ex juez Sérgio Moro en una votación histórica y, consecuentemente, anular la condena contra el expresidente Luiz Ignácio Lula da Silva, se ha transformado en un escalón clave en la recuperación del estado de derecho, y en la posibilidad de derrotar a la camarilla fascista y militarista que se hizo cargo del gobierno vía la proscripción y persecución de Lula y el PT.

La declarada “parcialidad” de Moro no es otra cosa que haber sido parte de un plan criminal antidemocrático donde convergieron intereses de los sectores más concentrados de la economía del Brasil, los intereses de los halcones de EE.UU. y la ultraderecha política, militar y religiosa de nuestros vecinos.

El enorme cacerolazo contra la política sanitaria de Bolsonaro que sucedió el martes a la noche es expresión de la unidad de la batalla por la vida y por la democracia que esta protagonizando el pueblo brasilero. Por supuesto que el contexto se completa con que una parte de la comunidad económica concentrada le está soltando la mano, pero que buscará también frenar la llegada al gobierno de las fuerzas democráticas populares en especial del PT, buscando un nuevo neoliberal para reemplazar a Bolsonaro en las próximas elecciones, o antes, si la situación se les va de las manos.

Argentina necesita medidas contundentes

Los riesgos sanitarios de la situación exigen que el gobierno del Frente de Todos retome medidas de protección más enérgicas para lograr que el golpe de la segunda ola de coronavirus sea más leve de lo que se anuncia.

Es difícil entender porqué no se cierran las fronteras como piden expertos y científicos. Y cómo no se intenta cortar el contagio creciente con medidas focales o extendidas para frenarlo.  Es cierto que una parte de nuestra población obedece los mensajes de las derechas y el medioevo que rechaza una cuarentena general. Pero esa oposición salvaje no quita un ápice la responsabilidad de los gobiernos de tomar las medidas que correspondan.

Hay una esperanza, con poco basamento en experiencia científica, que un día la pandemia pasará. Y que volverá la “normalidad”. ¿O será que tenemos que pensar un mundo que ya no será igual, que enfrentaremos nuevas pandemias? Esa primera mirada nos envuelve en tacticismos de corta proyección, apurados por el poder económico más concentrado que exige maximizar sus ganancias, y por las actitudes de Juntos por el Cambio que, con tal de desgastar al gobierno e intentar la vuelta del neoliberalismo a pleno, utiliza políticas irresponsables que ponen en riesgo la vida, la salud y el trabajo de los argentinos.

Parte de esas medidas nos exige pensar la región en términos de cooperación activa. Cuando Alberto y Cristina asumieron el nuevo gobierno estábamos solos con México y Venezuela en un mar de gobiernos de derecha y ultraderecha, esa realidad ha ido variando.

En ese marco es muy importante que Argentina se haya retirado del Grupo de Lima. Un grupo que nació para justificar la intromisión en los asuntos internos de Venezuela y sobre todo para derrocar el proceso Bolivariano. Es una actitud de autonomía que beneficia a toda la región y sus luchas populares.

En este mundo diferente pero donde siguen dominando los mismos que antes de la pandemia, el país para su desarrollo necesita recuperar autonomía y soberanía de manera integral. Soberanía en el Paraná como se está discutiendo ahora, soberanía sobre la energía y los servicios públicos, soberanía fiscal, recuperando las deudas que tienen los que estafaron al estado y al pueblo como Vicentín, a favor de una empresa testigo en el mercado de granos, soberanía en recuperar una flota mercante nacional, creando los controles necesarios para frenar la evasión, la elusión y el contrabando de los grandes grupos.

La concentración de riqueza de manera vertiginosa en el mundo y en el país desde los 80 y 90 no trajo un mundo mejor, no generó mas trabajo, ni mas inclusión. La híper concentración económica también trajo un debilitamiento de las democracias y una concentración del poder en el 1%de la población global.

El desarrollo productivo y el empleo, la transformación educativa que necesitamos, y un sistema integrado de salud fortalecido para el presente y para los futuros desafíos solo son posibles si construimos igualdad.

Construir igualdad es un desafío porque presupone un conflicto con los que viven del privilegio, los que se benefician con la desigualdad. Significa enfrentar el relato de la desigualdad que el poder ha institucionalizado como natural.

Significa romper el empate estratégico entre el proyecto de la igualdad y el neoliberal, en la región donde se alternan en el poder político, donde cuando llegan los neoliberales destruyen lo construido y los gobierno populares nos pasamos reconstruyendo, reparando el daño hecho, en los derechos de la gente, en el estado, en la deuda externa, en la sociedad, en la cultura. En fin, implica sostener el rumbo democrático-popular por 20 años para construir las bases de un país más soberano, más igualitario.

Para ello necesitamos de un actor plural, diverso como es nuestro pueblo. La vieja consigna una vez más muestra su razón y potencia. Solo el pueblo salvara al pueblo.