Por Alejandro Mosquera

La toma de Kabul por los Talibanes inmediatamente después del retiro de tropas de EE. UU. y la OTAN no solo demuestra el fracaso de la política de invasión y ocupación de territorios en guerras profundamente asimétricas que ha librado, sino que avanza la reconfiguración del poder mundial, sus polos de poder y las tensiones viejas y nuevas que como placas tectónicas se mueven a veces a la vista de todos y otras no tanto.

El mundo multipolar con hegemonía estadounidense aliado a una obediente Unión Europea y a Japón dio lugar a otro escenario marcado por el declive de EE. UU., la perdida de peso de Europa, la recuperación de Rusia y la transformación de China en la principal potencia económica.

El fracaso militar, político y económico que representa la situación actual de Afganistán tendrá, como lo tuvo Vietnam, un duro impacto en los conflictos internos y de poder en Norteamérica.  El discurso del presidente Biden sobre que no era un objetivo la constitución en aquel país invadido de una democracia hay que analizarlo para ver si significa una puerta a que la nueva administración se vea obligada a descartar momentáneamente las políticas de intervención militar. A la vez el revés afecta a la OTAN ¿Cuál será la reformulación a la que se verá obligada?  ¿Cuál será el papel de Alemania y Francia? ¿Seguirán siendo los aliados de las políticas de seguridad nacional de las administraciones norteamericanas?  ¿Saldrán de su letargo, o esos son síntomas de una decadencia mas profunda que arrastrara a la Europa de Ángela Merkel?

Muchas preguntas en un mundo en reconfiguración.  Que no conviene apresurarse en sus respuestas.

Sin embargo, aparece claro para nuestra región que los cambios en marcha presentan una oportunidad si logramos reditar una estrategia de bloque latinoamericano. Las tensiones y conflictos del mundo multipolar con hegemonía norteamericana fue el telón de fondo donde se concreto los procesos autonomistas y de unidad por parte de los gobiernos de la primera oleada progresista.

El nuevo escenario, las luchas entre las potencias por el poder global, las tensiones de intereses económicos y de influencia geopolítica pueden ser si avanzamos en el bloque regional en una oportunidad para el desarrollo de nuestra región utilizando esas tensiones a favor de los intereses de nuestros pueblos.

En el caso de nuestro país exige una actitud profundamente soberana de Argentina. Evitar las tentaciones de las elites que solo ven las crisis mundiales como una forma de subordinarse mas a las estrategias imperialistas y conseguir migajas en otra reedición de las relaciones carnales. En lo inmediato no intercambiar una estrategia compleja e independiente de desarrollo en el nuevo escenario por un voto en el directorio del FMI. Sabiendo además que la estrategia del imperio nunca es liberarnos de la deuda sino poner mas candados para que no podamos hacerlo.

La necesidad de una estrategia regional autónoma que estamos planteando muestra también a las claras las razones por la cual los gobiernos de Macri, Bolsonaro, la ultraderecha colombiana entre otros gobiernos y sectores trabajaron para destruir los instrumentos de unidad latinoamericana que se fueron construyendo, porque se desbarato el Unasur y se intenta destruir el Mercosur. La subordinación que se les pidió desde el norte no implicaba solo sus gobiernos, sino desmantelar las bases para que una nueva oleada popular no pudiera utilizarlos en su desarrollo independiente.

La unidad latinoamericana, el resurgimiento de un bloque de poder autónomo necesita tanto recuperar los instrumentos estatales regionales como la coordinación de los partidos populares, de la centroizquierda y la izquierda. Superar la idea de una unidad planteada por la empatía entre dirigentes a una etapa de unidad de partidos y movimientos, de las centrales de trabajadores, de los empresarios nacionales, del movimiento juvenil y estudiantil para construir una estrategia común.

El aprovechamiento de las oportunidades que presenta la crisis internacional y el nuevo escenario por parte de los gobiernos y partidos populares es clave para romper el empate estratégico que vive la región entre los proyectos nacional populares y los de corte neoliberal. 

Estos objetivos nos pueden dar también fuerza para romper la derrota político-cultural que significa el posibilismo tan fuerte en dirigentes de nuestro movimiento. La idea de que no existe correlación de fuerzas ni camino para construirla para avanzar inteligentemente en las transformaciones que el país necesita no provoca un fortalecimiento de nuestro pueblo, por el contrario, produce un debilitamiento de su participación y protagonismo en la solución de las desigualdades existentes, y a la vez un fortalecimiento de la derecha y ultraderecha.

Cuando se oculta, se secundariza o directamente se elimina el debate estratégico del país que queremos, y todo se reduce a las tácticas electorales, la política huye y solo queda un remedo de ella que alienta la no-política. 

El mundo nos presenta una ocasión. Soberanía, bloque latinoamericano y un nuevo internacionalismo de los pueblos.