Por Alejandro Mosquera

La derecha y ultraderecha argentina intentan recrear un discurso que les permita la unidad y ser competitivo electoralmente.  La base de este es repetitiva. Por un lado, construyen un enemigo populista de centroizquierda al cual le atribuyen sus supuestas características autoritarias y sus designios de vaciar la democracia aún manteniendo las formas de elecciones. Y por otro lado tratar de ocultar la experiencia de cuatro años de gobierno tanto del punto de vista de la colonización de las instituciones democráticas y la justicia, como de las políticas económicas que derrumbaron el país y produjeron una catástrofe social.

Macri, sus socios de juntos por el Cambio promueven la idea de la importancia estratégica de la elección de medio término porque “si el kirchnerismo suma 7 u 8 bancas somos Venezuela”. Discurso viejo y apolillado, repleto de macartismo que parecen añorar los tiempos de la guerra fría.

En ese contexto un grupo de personas destacadas y macrista tratan de darle mejor redacción al discurso ( https://www.lanacion.com.ar/politica/el-kirchnerismo-vaciara-la-ultima-gota-de-democracia-advierte-un-grupo-de-intelectuales-nid24062021/) no solo porque muchos de ellos descreen de la capacidad intelectual del expresidente, sino porque están preocupados por quien será el portador de la estrategia de la desmemoria y la grieta si es que Juntos por el Cambio produce una rotación en los papeles de los candidatos.

El paso por el gobierno de la derecha y ultraderecha imposibilita construir un discurso sobre la realidad, un debate de lo realizado, y solo mentir sobre sus programas de futuro. Por eso construyen el enemigo, explican que es lo que haría supuestamente ese enemigo, y luego llama a unir a toda la oposición para detenerlo (¿infantil? Si, pero sigue convenciendo a muchos) . Como es seguro que no se refieren al Frente de izquierda, esta claro que es una carta para la interna de candidatos el Pro y Cambiemos.

Vayamos a lo importante. El relato de campaña, el discurso político de esta derecha y ultraderecha no puede discutir el pasado, pero tampoco el futuro. No puede plantearse como una opción de modernización del país por la catástrofe tan cercana que produjeron y por la misma razón no pueden llamar al voto ciudadano para rescatar lo que hicieron en su gobierno.

Ya quedó claro que las grandes empresas con medios de comunicación pueden destruir a personas, lograr asociarse con los sótanos de la democracia y la justicia colonizada para encarcelar, desprestigiar e incluso destruir personas, pero que no pueden aniquilar proyectos políticos que representan intereses de las mayorías.

Si esto es así, lo principal pasa a estar en el propio campo. Es decir, en la capacidad del gobierno y del Frente de Todos de expresar soluciones para la grave situación de pobreza que vivimos, para generar trabajo, para frenar la inflación y la recuperación de palancas imprescindibles del estado para recuperar soberanía y eficacia para el fortalecimiento del mercado interno, de re-industrialización, en definitiva, el desarrollo del país.  Y eso necesita decisiones de gestión y por otro lado capacidad de instalar un programa para el país pos-pandemia.

¿Un plan quinquenal? Donde quede claro que Igualdad, soberanía, democracia, libertad son los ejes del movimiento nacional y popular. Un plan que establezca un rumbo estable y previsible, no para las grandes corporaciones, sino para nuestro pueblo. Rumbo donde cada medida, ley, o gestión por modesta que parezca será parte del camino que los argentinos nos proponemos recorrer.

El movimiento y sus instrumentos políticos, si pueden basarse en la memoria, pero no alcanza.  Por ejemplo, si todas y todos no olvidamos el daño a la democracia, a empresarios, a los ciudadanos y a lideres sociales y políticos que hizo gran parte del poder judicial pero no se transforma en una verdadera justicia democrática nos falta lo esencial.

Si todas y todos recordamos la inflación del gobierno anterior que significó la perdida de 20 y 30 puntos (según la fuente) del poder adquisitivo de los salarios, pero no se logra detener la inflación actual sobre alimentos mientras las alimenticias maximizaron sus ganancias en pandemia, la memoria no alcanza.

Si tenemos memoria de la lucha por la democratización de la palabra en los gobiernos de Néstor y Cristina, y nos enorgullecemos por haber dado una de las batallas mas importantes por la libertad de prensa y la democracia, pero hoy nos refugiamos en el posibilismo y no se encara una transformación para la desmonopolización, el recuerdo no alcanza.

Tenemos un desafío. Solo se puede cumplir si nos apoyamos en la potencia creativa de nuestro pueblo. Si lo convocamos a repensar el país y a protagonizar para transformarlo.