Por Alejandro Mosquera

Una vez más, se demuestra que Juntos por el Cambio y el poder real, beneficiario de los ciclos neoliberales en el país, y la trama que fueron construyendo en instituciones y organismos, están trabajando para lograr que el cruce de dos crisis: la sanitaria y la inflacionaria, tornen la situación en ingobernable y sea la base para el retorno al poder de algunas de las variantes de la derecha.

Lo hemos reiterado en esta columna en diversas ocasiones. La decisión de la Corte Suprema, que intenta dañar la política nacional contra la pandemia y en defensa de la salud, es la expresión de que es parte, o por lo menos funcional, a ese dispositivo de desgaste al gobierno y retorno al gobierno del poder real.

El poder judicial es un poder clasista, patriarcal, colonizado por los intereses de los grandes grupos económicos y ello perjudica a toda la población. Establece así una justicia lejana de las necesidades de nuestro pueblo, tanto territorialmente como  en la empatía con sus intereses, y que garantiza la maximización fraudulenta de ganancias a los grandes capitalistas mientras hace gala de su clasismo contra trabajadores, pueblos originarios, jóvenes pobres y feminidades , que rechaza que el servicio de internet sea un servicio publico e incomunica a parte de nuestros niñas y niños, que se puso del lado de las maniobras fraudulentas contra el estado y los argentinos de Vicentín. Un poder judicial cuya cabeza: la Corte, por mayoría y con el liderazgo de su presidente actual Carlos Rosenkrantz, aprobó en un fallo, que no llegó a aplicarse por la inmensa movilización del pueblo argentino el 2×1 para los crímenes de lesa humanidad, que habría provocado la libertad de cerca de 2000 secuestradores y torturadores partícipes del genocidio. Es el mismo poder judicial que contuvo y sigue avalando a un grupo de jueces y fiscales que fueron parte del espionaje y la persecución ilegal a opositores al gobierno de Mauricio Macri.

Necesitamos transformar profundamente ese poder judicial. Algunos funcionarios del gobierno nacional supusieron que podría auto depurarse, estamos convencidos de que no hay chances de que

esto ocurra. No es solo convocando a los mejores juristas o debatiendo a puertas cerradas entre algunos dirigentes políticos que conseguiremos esa transformación, es necesario un gran debate y movilización popular.

Algunos dirán que no existe correlación de fuerzas, para una visión patriótica y valiente recomiendo leer el articulo del compañero Carlos Caramelo sobre las correlaciones de fuerza: https://lateclaenerevista.com/de-correlaciones-fuerzas-y-otras-cuestiones-por-carlos-caramello/.

Otros sostendrán que se tendría que haberse realizado en los comienzos del gobierno, que ahora es tarde.

Algunos compartirán el deseo transformador, pero tendrán miedo.

Siempre habrá quienes proclamen una “razón de estado” para no hacer lo que se debe hacer.

La democracia, la vigencia del estado de derecho, la protección de la libertad y los derechos necesitan de una transformación radical del poder judicial.

Se necesita voluntad política y coraje. Y apoyarse en la potencia participativa de nuestro pueblo.

La Unidad, el debate y la diversidad

 Si no fuera por lo dramático de la hora, uno podría sonreírse con la insistente visión del poder mediático: cuando la derecha y ultraderecha debaten sin escrúpulos entre ellos es, prueba de su republicanismo y vitalidad, y cuando el debate es dentro del movimiento nacional y popular, es expresión de una crisis destructiva.

Todos somos conscientes que el Frente de Todos se formó como una amplia Alianza para derrotar al Macrismo y detener el daño infringido por sus políticas. Lo que aún no se pudo, o no se quiso, es transformarlo en un frente político con organización, debate e institucionalización con todos los sectores sociales y políticos que lo fundaron. No logró, por lo tanto, elaborar un programa que expresara el rumbo para reconstruir el país y recuperar soberanía. Esto se ha transformado en una debilidad política del gobierno.

El Frente de todos demuestra responsabilidad y unidad para enfrentar la pandemia, sobre todo frente a la coalición de irresponsables que promociona JxC y algunos periodistas a su servicio.

A la vez, hay debates sobre los rumbos para recomponer el país. Y ello es manifestación de su vitalidad y no muestra de debilidad. La solución de los problemas del país necesita de la participación de millones de argentinos.

¿Es reduciendo el gasto público en medio de la pandemia, con el 42% de pobres y sólo con un rebote de la economía o es aumentando los ingresos de asalariados y jubilados, desarrollando nuevamente el Ingreso Familiar de Emergencia y produciendo un shock distributivo que recree y fortalezca el mercado interno como motor para generar más trabajo?

¿Necesitamos ceder al chantaje de las empresas privatizadas de servicios públicos aumentado las tarifas, o necesitamos tarifas justas según ingresos y tarifas para el desarrollo promoviendo las empresas nacionales y las pymes?  ¿puede haber tarifas justas mientras los servicios públicos estén en manos privadas, o necesitamos estatizar los servicios públicos para tener soberanía económica y fiscal?

¿Hay que recuperar la soberanía sobre el Paraná o hay que seguir con los planes de reprivatizar la llamada “hidrovia”?

¿Cómo hacer para desenganchar los precios de alimentos del consumo interno? ¿hay que poner derechos de exportación, o hay que seguir presos de la extorsión de los grupos concentrados del comercio de granos?

¿Los Derechos Especiales de Giro del FMI que entrarán al país (4.300 millones de dólares) serán para pagar al Club de Paris o para las necesidades de desarrollo nuestro pueblo?

Las respuestas a estos y otros ejes del debate nacional construirán el rumbo del gobierno del Frente de Todos. Lo peor que podemos hacer es silenciarlo, censurarlo. El debate abierto, transitado en forma popular y democrática, es imprescindible para empezar a construir la solución.

Nuestros lectores saben donde nos encolumnamos en estos debates. Solo la recuperación de soberanía, la construcción de una sociedad mas igualitaria, hacer crecer el trabajo, la educación y la salud publica, profundizar la democracia hacia mas participación y poder popular le da significado a la unidad que construimos y le dará trascendencia al Frente de Todos.