Por Alejandro Mosquera

Proteger a las familias de menores recursos con transferencia directa desde el estado.

Promover un enérgico plan para más trabajo con aumento del salario.

Impulso de un plan de infraestructura que permita dinamizar la economía en general.

Promover un compre nacional para estimular la producción, sustituir importaciones y proteger el trabajo.

Modificar el sistema impositivo para que los ultra-ricos (ese 1% tan poderoso) sean los que más paguen impuestos y no la clase media y los trabajadores, y que no sea por un impuesto por única vez sino un sistema impositivo más justo.

Aun en pandemia avanzar decididamente enfrentando enérgicamente la pobreza, y convertir a la salud en un derecho igualitario.

Dicho así, parece el programa de Compromiso Federal y de otros partidos y sectores del Frente de Todos que pugnan por profundizar el legado de los 12 años de kirchnerismo en el gobierno. Parece una proclama de los que se levantan contra las formas nuevas de posibilismo y el culto a la correlación de fuerzas.

Estas mismas proclamas en nuestro país son catalogadas como populistas de izquierda, autoritarias y confiscatorias por las derechas y ultraderechas, por Juntos por el Cambio. Aun dentro del frente de todos hay compañeros que piensan que quienes las profesamos no entendemos el mundo ni la región en que vivimos. Que no vemos el problema de gobernabilidad que se crea si las impulsamos. Sin embargo, hay dos tipos de gobernabilidad, una, la promovida por las clases y sectores dominantes, ese 1%, para ellos la gobernabilidad es que se acepte su programa total o parcialmente. La otra gobernabilidad es la que da el pueblo organizado, con la diversidad popular, cultural y política que tiene.

Se apoya en esa demanda creciente de nuestro pueblo que está sufriendo la pobreza, los bajos salarios, la inflación, la pandemia.

¿Qué dirán ahora cuando sepan que son propuestas que hizo el presidente de EE. UU. Joe Biden en su discurso del miércoles frente al Congreso de su país?

La discusión mundial, los debates que recorren la región, sirven para mirarnos y examinar nuestro camino.

Vale la pena recordar aquí para que nadie se confunda y se ilusione: “no se puede confiar en el imperialismo ni un tantico así” (Che)

El neoliberalismo ha sido un cáncer que carcomió nuestro país, debilitó extremadamente al estado, lo transformó, de instrumento del pueblo para construir desarrollo y distribución de la riqueza, en una maquinaria para garantizar la maximización de las ganancias de un grupo muy reducido de corporaciones nacionales y extranjeras. Destruyó la soberanía, la industria y la producción nacional, y con ello el trabajo. Corrompió a las instituciones, colonizó partidos.

El derrotarlo y superarlo no es solo una cuestión de perfeccionar las maquinarias electorales del campo del pueblo. Ha sido indispensable vencer electoralmente a Macri y su cofradía. Sin embargo, producir un nunca más neoliberalismo es la misión de toda una etapa política que exige sostener el rumbo de transformación, sin postergación, sino, nunca es “el momento”.

La legitimidad la dan los votos y el poder, la capacidad de expandir la democracia en participación y construcción de poder popular.

El país, el frente, el gobierno necesitan que este debate crezca, que se multiplique, para construir un rumbo que en muchos casos falta. La discusión, la pluralidad, la diversidad no son una debilidad del FdT es su fortaleza.  La idea de que el frente son solo algunos dirigentes, por importantes que sean, castra la fuerza real y la potencia revolucionaria de la democracia.

Los partidos, movimientos, agrupaciones, militantes, personalidades, intelectuales parte o que apoyan al FdT, que pujan por un programa y una política que lleve a cabo las transformaciones necesarias para una país más justo y más igualitario, se encuentran ante un desafío transcendente, construir un polo de fuerzas con estas ideas, con formas de participación abiertas, dando cabida a todas y todos los que quieran construir este rumbo. Este Frente dentro del Frente enriquecería al gobierno, ayudaría a construir un programa y un rumbo popular y pesaría de otra manera en el debate nacional.

La falta de unidad de este espacio también es una debilidad para todo el FdT y nuestro pueblo.