Por Alejandro Mosquera

La tensión en el mundo crece. La producción de vacunas contra el covid no alcanza a cubrir la demanda. Los países más poderosos utilizan esa capacidad para promover una desigual distribución. Los grandes laboratorios solo piensan en la maximización de sus ganancias.  La gravedad de las nuevas cepas por su contagiosidad no solo abre un nuevo ciclo de la ciencia para derrotarlas sino crea una tensión geopolítica por el papel de Brasil, del Gobierno de Bolsonaro en la falta de políticas de contención de la pandemia en la mutación de Manaos.

El mundo pos primera ola de la pandemia no es mejor como algunos soñaron o se ilusionaron. La pandemia tiene ganadores y perdedores. El capitalismo de catástrofe concentra aún más la riqueza y la desigualdad no se visibiliza más, sino que se profundiza.

La pandemia, las muertes acaecidas en todos los países no trajo mas cooperación entre los gobiernos. Por el contrario, trajo más competencia, las guerras comerciales no terminan.

La derrota de Donald Trump había traído alegría a los demócratas del mundo. Sin embargo, el nuevo presidente Joe Biden en una entrevista con la cadena de televisión ABC News ante la pregunta del periodista:

¿Cree que Vladímir Putin es un asesino?

Sí, lo creo –  respondió Biden

El contexto es el conocimiento de informes de inteligencia de EEUU referidos a la intervención de Rusia, Irán, Cuba y Venezuela para influir en el resultado de las pasadas elecciones presidenciales. Y a su vez continua el hilo de acusaciones a Rusia sobre intervenir en las elecciones presidenciales donde hace 4 años había triunfado Trump.

Biden con estas definiciones esta marcando su política internacional. Si el líder de Rusia es un criminal, la política vuelve nuevamente a  “o estás conmigo (EE.UU) o estás con el criminal o sea mi enemigo (Rusia)”.  Este tipo de política siempre ha servido de pretexto para la legitimación de las políticas de seguridad nacional, de intervencionismo del imperio en otras naciones. Y por supuesto también para socavar las decisiones económicas soberanas en un mundo multipolar.

Hace solo unos días el Primer ministro Inglés presentó su plan de defensa, y reiteró la decisión de mantener una presencia militar permanente en nuestras Mavinas.  El verdadero fundamento de esa decisión del Reino Unido responde a estrategias geopolíticas para acentuar el control a la Antártida, al canal bioceánico entre el pacifico y el Atlántico y en toda las riquezas que existen en toda la región, incluida nuestra plataforma.

La reafirmación colonialista del imperio británico hay que leerla tanto en la perspectiva histórica como en la lectura del mundo actual que analizamos más arriba. Las formas de dominación mutan, se establecen hacia los desafíos del porvenir pensado en décadas.

Las tensiones en el mundo, las acciones de los gobiernos imperiales, también exigen al país recuperar la soberanía en todas sus dimensiones. Las ideas de un “pragmatismo realista” albergan la idea de un sometimiento a las zonas de influencia de los países poderosos, e implican una forma de disfraz a la aceptación de la perdida de soberanía.  La soberanía pensada fuera de los nacionalismo reaccionarios, es a la vez construcción de la patria grande y de un internacionalismo de los pueblos.  Debe asumirse como una estrategia del desarrollo democrático e igualitario del país, de transformación del poder, del estado y la sociedad.

Qué significa en el día de hoy esta idea? Un rumbo. Que hay que construir y defender.

Las derechas y ultraderechas han intentado e intentan por todos los medios que fracasara el plan de vacunación con el objetivo de que no se construyera una voluntad colectiva del país porque eso legitimaria al gobierno nacional. La lucha por la vacunación más amplia antes que la segunda y tercera ola lleguen con toda su fuerza es clave para sostener el rumbo. Parte de ella es ejercer nuestro rol soberano para defender la vida, la salud, el trabajo de nuestro pueblo, y escuchar desde el gobierno la voz de tantos que reclamamos que es urgente tomar medidas para frenar o retrasar la entrada de las nuevas cepas y tener más gente vacunada, y mientras tanto, cerrar fronteras de forma temporaria.

Los acreedores externos, los devaluadores internos y externos pujan para maximizar sus ganancias a costa del interés y desarrollo del país. La inflación del 2020 y 2021 es también una forma de redistribución negativa del ingreso. El apuro del poder para que se renegocie con el FMI es un intento de que el país se rinda ante las recetas ortodoxas que tanto daño han producido. Defender la soberanía es negociar en términos y tiempos que convengan al país, que permitan el análisis judicial de las denuncias criminales presentadas contra el gobierno de Juntos por el Cambio (cambio… cambio será por lo que fugaron??) por la toma de deuda externa de manera ilegal, la fuga de capitales , y la utilización de la misma para beneficiar a los amigos del poder macrista.  Soberanía es defender el bolsillo de los argentinos.

Podríamos seguir mostrando la idea de Soberanía involucrada en la vida cotidiana de los argentinos. Pero los ejemplos muestran con creces la relación con la capacidad de enfrentar los problemas que nos dejó el neoliberalismo y que nos presenta un mundo globalizado, tan desigual y con tantos que quieren vampirizar las riquezas del país.

Es tiempo, es necesario, es urgente