Por Alejandro Mosquera

El país vive una crisis profunda. Datos contrapuestos muestran la realidad brutal. La soja toca los 610 dólares enriqueciendo aún mas a los grupos concentrados del mercado de granos y a un puñado de empresas y personas que detentan la mayoría de las explotaciones. Y por otro la inflación, sobre todo en alimentos, golpea especialmente a trabajadores, capas medias, y pobres.

El 1% se enriquece con la concentración de la riqueza y de la tierra, incluso, una parte, con la pandemia. Mientras, el salario real perdió 19,4% de su poder de compra desde 2017. Y les fue aún peor a los trabajadores informarles que en el mismo lapso perdieron 24,5% de su poder adquisitivo.

Un grupo muy pequeño, exportadores de carne, tienen una maximización de ganancias mientras el gobierno legitima que hay argentinos de primera y argentinos de segunda, delimitados por su capacidad adquisitiva, unos tienen acceso a todo y otros, la mayoría, a 11 cortes “populares” de carne.

El gobierno busca respaldo en el exterior para negociar con el FMI una deuda que no fue auditada porque la investigación sobre los mega-endeudadores del gobierno de Macri recién comienza. Mientras los primeros 100 fugadores de más de 24.000 millones de dólares están impunes.

Un país desigual. Un país injusto. El poder real se piensa impune y piensa que el pueblo tiene infinita paciencia.

Argentina en 1975, antes de la dictadura que instaló el neoliberalismo tenia 22 millones de habitantes y menos de dos millones de pobres, Alrededor del 9%.

Hoy somos 45 millones de habitantes y tenemos 19 millones de pobres. Es decir, el 42,5%.

Transformar esta realidad que sembraron los 4 ciclos neoliberales no es fácil, es difícil y es la batalla central del tiempo que nos toca. Esa dificultad debe transformarse en fortaleza en la batalla para que el Nunca Más a esas políticas crueles sea fundante de una argentina del desarrollo, de la igualdad, de un mejor y más radical democracia, no en una debilidad que nos paralice.

En tiempos de pandemia, que también golpea en forma desigual, con tantas necesidades de nuestro pueblo que reclaman ser saciadas, la emergencia es transformar el statu quo, que es solo la reproducción ampliada de la desigualdad.

El Frente de Todos, que nació para derrotar a Macri y su cría, mas allá de la falta de programa, implicó una unidad por el reclamo social de frenar, derrotar y superar ese modelo de país y de política. Hay un programa que se expresó en las calles, en las protestas, en los reclamos por trabajo, por los salarios y las jubilaciones, contra la inflación, en defensa de las pymes, contra la apertura indiscriminada de exportaciones. También por un respaldo popular para recuperar y profundizar los legados de los gobiernos de Néstor y Cristina.

Un aspecto central de ese mandato es recuperar una matriz distributiva que existía en el país previo a la instauración a sangre y fuego del primer ciclo neoliberal. Aquella matriz nacional y popular pensada en las condiciones actuales, una modernización que no pierda ni los valores ni los objetivos de aquella.

Necesitamos un shock de justicia social, un shock distributivo cuyas piezas fundamentales no pueden obviar:

Contención sería de los precios de la canasta alimentaria. Esto implica desarrollar y utilizar los mecanismos que el estado tiene para desenganchar los precios internacionales de los alimentos de los precios internos. En ese marco aumentar a tal efecto los derechos de exportación (retenciones) que defiendan la mesa de los argentinos. Promover el acercamiento de los productores a los consumidores rompiendo así monopolios que convierten en irracionales las formas productivas y de transporte y, obviamente, a los precios que luego pagamos.

Tarifas de energía para el desarrollo de la producción nacional. Lo cual implica que sean un instrumento de la política estatal en representación del conjunto social y no del beneficio de grupos empresarios concentrados. Esto implica la estatización de los servicios públicos.

Ampliación y protección del mercado interno con apalancamiento estatal a las pymes y empresas nacionales

Programa de sustitución de importaciones que impulse un compre nacional.

Aumento de sueldos y de jubilaciones, AUH y asignaciones familiares. Reparando la pérdida de poder en estos años de Macrismo y pandemia. Sería un motor dinámico del crecimiento de la demanda interna.

Impulso decidido a desarrollar fuentes de trabajo, a las cooperativas, convertir el trabajo informal en trabajadores con todos los derechos, garantizando también el aumento de sus salarios y el goce de la protección social.  Entender la economía popular como una forma permanente y necesaria del desarrollo económico y social del país.

Se nos preguntará, como es lógico, cómo financiar este shock distributivo. Y sostenemos que la redistribución de la riqueza también depende de cómo y de dónde se recaudan los impuestos que después se invierten en la sociedad. Es clave discutir el sistema impositivo y que el 1% más poderoso y concentrado pague más de lo que paga hoy. No es razonable que haya un polo tan rico y poderoso y tanta pobreza en el otro extremo y que, en un año de pandemia, que exige repensar el país, solo se haya logrado un “aporte extraordinario” por única vez.

Como sostuvimos, el aumento de los derechos de exportación, más la recuperación de la soberanía del Paraná y nuestros ríos, el desarrollo de una empresa estatal testigo en el mercado de granos usando como base YPF agro, evitando la evasión y elusión de los grandes grupos económicos. Mientras tanto, los 4.300 millones de dólares que entraran por los derechos de giro del FMI pueden ser una base importante para el financiamiento del shock distributivo.

Necesitamos no solo el rebote que está sucediendo de la economía, sino un impulso sostenido que dé previsibilidad a nuestras empresas, a las pymes y a los trabajadores del rumbo que estamos construyendo.

También que de una vez se derogue la ley de entidades financieras de la dictadura que abrió la puerta a gran parte de los males que nos afectan, y se impulse una nueva ley para el desarrollo, para la utilización del crédito destinado a la reparación productiva.

Una propuesta como esta que intenta transformarse en instrumento de un proyecto político necesita de la creatividad, de la participación, de la movilización de las organizaciones del pueblo, de sus centrales de trabajadores, de los empresarios nacionales, de las mujeres y femineidades que más sufren la pobreza y la desigualdad, de los jubilados y de los jóvenes, de los estudiantes y los científicos.

Esto exige al Frente de todos, como los venimos sosteniendo, convertirse en una fuerza participativa y organizada en todos sus niveles. Esa superación de la alianza electoral FdT a un frente institucionalizado en todos los niveles es el camino para convertirlo en una estrategia política profunda y apta para las demandas de nuestra época.

La clave de esta opción política es la de recuperar o fundar una matriz distributiva en las antípodas de la estrategia de la desigualdad que se instaló durante la dictadura y que los ciclos neoliberales en democracia profundizaron.

Nuestra propuesta sólo puede ser entendida como una estrategia de construcción de igualdad y de recuperación de Soberanía.

Si solo el pueblo salvará al pueblo ello implica construir el poder necesario para lograrlo.