Por Alejandro Mosquera

Una parte de nuestra sociedad desea escuchar que la situación no es grave, que no es necesaria la vacuna, que podemos seguir con nuestras vidas sin riesgo para la salud. Y un segmento minoritario pero intenso de la derecha y ultraderecha construye ese discurso a sabiendas de que pone en riesgo la salud, la vida y el trabajo de los argentinos.

Su interés es recuperar el poder para las políticas neoliberales, para los sectores más concentrados de la economía y para las empresas con medios de comunicación hegemónicos. Promueven una campaña para que se desarrolle la crisis sanitaria y económica, sobre todo la inflacionaria, sueñan que si no se logra controlar puede ser el plafón para desestabilizar al gobierno y retornar al poder lo antes posible.

Por eso cada paso de lucha contra la pandemia, cada medida progresista del gobierno, cada intento de encontrar caminos de financiamiento del estado basado en impuestos y regulaciones para los que más ricos entre los ricos contribuyan más, cada intento de control de precios, cada retención planteada a las exportaciones de granos y alimentos para desenganchar los precios internacionales de los precios del mercado interno y tantas cosas más, fueron boicoteadas.

Los errores y las debilidades del gobierno son utilizados al máximo para conseguir esos objetivos. El conflicto en la sociedad por el rumbo del país es un gran debate que deber ser de toda la sociedad y no solo de las élites de las 20 manzanas más poderosas de la ciudad de Buenos Aires.

Horacio Rodríguez Larreta quiere representar la coalición de derecha y ultraderecha, a la vez se ve claro que su gestión trabó y no controló el cumplimiento de las medidas que se fueron acordando para disminuir la circulación del virus. Se enmascara como blando frente a la ultraderecha de su partido, pero ha sido clave en el plan de gobierno de Macri que destruyó la producción nacional, que promovió el cierre de miles y miles de pymes, que genero inflación aún con una economía estancada y en retroceso.  

El Pro y Juntos por el Cambio se ofrecen como representantes de poderosos, de intereses de los grupos más concentrados de la economía y solo quieren el fracaso de los gobiernos del Frente de Todos, incluso cuando eso signifique una catástrofe para los argentinos.

El diálogo que propone el poder real, los representantes del comando Sur de EE. UU. y también JxC, solo es reconocido como tal cuando se acepta su programa, sus intereses.

Esa estrategia destructiva de la oposición neoliberal llevó a enfrentar la cuarentena el año pasado, luego a desprestigiar a las vacunas, a meter miedo al único instrumento que tiene la humanidad para vencer la pandemia. Los llevó a movilizaciones donde en nombre de una supuesta libertad dañada por las medidas de cuidados, se juntaban libertarios con adoradores del medioevo y fascistas.

La presidenta del Pro Patricia Bullrich sostuvo: “Presidente: decide en contra de los que trabajan, de los padres que llevan sus hijos a la escuela, de los comercios que se funden. Decide por los que tienen la vida resuelta contra los que trabajan. Esa es la grieta que usted ha generado. Ganó la oligarquía de los burócratas”. Lo sostiene quien fuera ministra del gobierno de Macri, el que nos endeudó por décadas, el que promovió la destrucción del trabajo nacional, el que desfinanció la educación y la ciencia. Aquella que hace unos años como ministra de la Alianza atacó a los trabajadores organizados y rebajó 13% las jubilaciones. Ella como ministra de seguridad ordenó reprimir trabajadores y promovió la protección de las policías y fuerzas de seguridad que llevaron adelante ataques violentos y gatillo fácil sobre jóvenes ,  y acciones que desencadenaron la muerte de Santiago Maldonado, de Facundo Nahuel entre otros casos.

Tiene razón Axel Kicillof cuando se pregunta cómo pueden hablar de diálogo si la presidenta del Pro promueve y encabeza una movilización a la quinta de Olivos que insulta al presidente por tomar medidas que corresponde a su responsabilidad y a que lo votó el pueblo.

El país necesita liderazgo

 Todos sabemos que el mundo y el país viven una grave situación. La pandemia y las políticas neoliberales dominantes desde hace 4 décadas han hecho estragos. El capitalismo realmente existente es incompatible con salvar a la humanidad, a la tierra y mucho menos con la construcción de igualdad.

El país necesita liderazgo para salir de la situación y crear las condiciones para reparar el daño y reconstruir una vez más la patria. En las condiciones actuales se necesita un liderazgo colectivo capaz de dar coherencia tanto a la acción de gobierno como a la acción popular.

No se puede surfear la situación. Hay que tomar las medidas que se necesitan. Ante tanta crisis no hay que quedar enredado en la agenda pública que nos quieren imponer desde el poder. Hay otra agenda que la necesita el pueblo, las y los trabajadores, los y las productores y empresarios,  las familias,  los y las jóvenes . Necesitamos un shock de justicia social, una política sostenida y profunda para que sueldos y jubilaciones recuperen capacidad adquisitiva. Que permita encender la economía y recuperarla. Más igualdad, mejor redistribución de la riqueza, fomentan un país con trabajo y producción. Necesitamos superar la pobreza que llega casi a la mitad de la población. Necesitamos enfrentar la inflación especialmente en alimentos con las medidas macroeconómicas adecuadas y justas , con el desenganche de los precios internacionales para la mesa de los argentinos. Necesitamos construir más soberanía.

Cuando estoy terminado de escribir esta columna faltan un par de horas para la reunión reclamada públicamente por Rodríguez Larreta al presidente, haciendo gala de picardía y capacidad comunicacional que no tiene el gobierno nacional. Y me viene a la cabeza esa palabra que siempre utiliza el poder: la gobernabilidad.

La llamada “gobernabilidad” de ellos, la conocemos, se basa en cumplir el programa del poder. Una gobernabilidad popular se basa en la participación y organización del pueblo. En la convocatoria a las centrales de trabajadores, a las empresarias  y empresarios nacionales, a los movimientos sociales, a los partidos del Frente de Todos, a las y los gobernadores, a las y los  científicas/os, a los movimiento de mujeres y estudiantes , a la participación abierta y libre de nuestro pueblo para construir un rumbo del país, del gobierno y del movimiento nacional y popular.

Vale la pena no olvidarlo…

Solo el pueblo salvará al pueblo.