Por Alejandro Mosquera

El desafío de la política es enorme frente a la situación que vive nuestro pueblo. El año electoral puede ser tanto un momento de crecimiento del debate de ideas, de programas, o solo un candado donde toda discusión o propuesta distinta pueda ser entendida como una “ayuda” al polo contrario.

El temor en muchos compañeros no es vano. Las experiencias de quienes renegaron de la pertenencia al Frente de la Victoria, mas allá de sus intenciones jugaron a favor de la estrategia de poder dominante que empujó un nunca más a las experiencias populistas. Un sueño eterno de las oligarquías argentinas que nunca se cumple.

Sin embargo, si el debate se cierra, si no se estimula la participación popular, si el pensamiento nacional y popular se reduce a un simple verticalismo, la derrota será por impotencia del movimiento para pensar el presente y el futuro.  Para dotarse de riqueza propuestas y creatividad.

Las ideas de tantos “consultores” de colores variopintos parecen repetirse y tratan de imponerse como razonamientos científicos. Con semblante serio, con el que ratifican que la realidad se encuentra en sus números, sostienen que la elección es la disputa por el centro. Y convidan a todos a conformar un pensamiento único partiendo de la base que poco se puede hacer y plantear soluciones de fondo solo nos aleja del poder.  

Quizás se pueda sostener con cierto criterio que es un buen consejo para la alianza de la derecha neoliberal y la ultraderecha. Pero para el Frente y el gobierno el desafío es construir futuro. Es proponer y llevar a cabo los cambios necesarios para sacar al país del atolladero en que nos metió el Macrismo y la pandemia, e incluso los propios límites que hemos tenido.

¿Cuáles son esos pilares para reconstruir el país y ponerlo en el camino del desarrollo con justicia social? Seguramente  están en cantidad de los documentos militantes que se fueron debatiendo en estos tiempos.

Entre ellos, destaco como central la necesidad de un shock distributivo para reactivar la economía productiva. Que por supuestos contiene las políticas de ingresos, precios y tarifas como instrumentos de soberanía estatal para el desarrollo.

A la vez, la clave de ese shock es la reconstrucción del trabajo.

El trabajo recuperará las heridas no solo de injusticias, sino en el tipo de relaciones sociales tanto en la producción, en las familias, en la educación.

Cuando las derechas neoliberales hablan de creación de trabajo en realidad proponen desregulación del mercado de trabajo, destrucción de derechos de los trabajadores, contratos basura, baja del salario real y rebaja de impuestos para los grandes empresarios. Formulas viejas probadas infinidades de veces en el país y en el mundo cuyo resultado ha sido catastrófico para las sociedades y beneficio solo para el 1% más poderoso del mundo.

En cambio, nuestra propuesta debe ser exactamente lo contrario. El trabajo como la mejor política social, con recuperación del salario, con trabajadores y trabajadoras en blanco, como uno de los instrumentos esenciales en la redistribución de la riqueza.

Pero el trabajo no es solo eso. La gestación de trabajo cambiará con el tiempo nuestros barrios, será un organizador social, recompondrá las familias, nos ayudará a recuperar a cada chico que por hambre o pandemia se alejó de la escuela. Las trabajadoras y trabajadores organizados tendrán más peso en los rumbos del país. Se ensanchará el mercado interno, crecerá la demanda, la inclusión no será como consumidores sino esencialmente como trabajadores. El crecimiento de la demanda interna dará vida a nuestras pymes. Volverá aquella vieja idea tan extendida en nuestro país, antes de los cataclismos neoliberales, en la que el padre y la madre se rompían el lomo trabajando, pero nuestros hijos e hijas estarán mejor gracias a la educación pública y gratuita.

El plan quinquenal que proponemos y que está en la mejor memoria del pueblo argentino, tendrá su complejidad, su diversidad. Pero la política debe imponerle el alma a ese proyecto: trabajo, trabajo, trabajo.

Nuestro pueblo necesita trabajo. Donde hay una necesidad nace un derecho.