Por Alejandro Mosquera

América latina es un terreno de disputa y resistencia a las imposiciones de grandes intereses económicos y geopolíticos desde EE. UU. No es nuevo. Golpes de Estado, asesinatos de lideres populares, bloqueo a Cuba, agresiones económicas a los gobiernos populares y progresistas. Las transformaciones en nuestra patria grande no solo tienen que saber realizarse y sino también defenderse. La soberanía nacional y popular no solo se ejercita cuando se acuerda consensos entre países, sino y sobre todo cuando hay que negarse a la dominación, a la subordinación a los intereses de las grandes corporaciones.

Es claro que cada proceso popular ha enfrentado dificultades por las agresiones que recibe de los que quieren quebrar esos mandatos mayoritarios y también por los limites y errores graves de cada etapa de las oleadas transformadoras. No todo es responsabilidad del enemigo de nuestras naciones, mirar de frente esos problemas ayuda a la renovación del pensamiento y la acción revolucionaria. Pero negar al enemigo es un error estratégico que desarma la potencia transformadora de la democracia y los pueblos.

Cuba esta bajo ataque, el bloqueo, las acciones desestabilizadoras de todo tipo y también desde acciones mediáticas desde el extranjero que trata de utilizar las dificultades económicas, energéticas y de la pandemia.

El gobierno de Trump aprovechó la situación la pandemia y la crisis económica para hacer casi imposible el ingreso de divisas en Cuba en un momento en que La Habana se desangra financieramente. El presidente Biden ha mantenido la asfixia económica como la heredó de su antecesor, además de intensificar la política subversiva hacia la isla bajo una gran presión de la extrema derecha de Miami.

Los extremistas de EEUU como el alcalde de Miami Francis Suárez abogó por un ataque militar contra Cuba. En declaraciones a la conservadora televisora Fox News: “EE.UU. debe considerar ataques aéreos contra Cuba.  Y luego en otros medios sostuvo que hablaría con el presidente Biden  para pedirle que considerara una intervención militar en Cuba.

El plan contra Cuba es parte inseparable del plan sobre américa latina para quebrar las experiencias de soberanía que se desarrollaron. Es indivisible de las agresiones, persecuciones y detenciones de lideres populares, de los intentos de demoler vía fake news o denuncias falsas judiciales y mediáticas su prestigio ante sus pueblos, o de los golpes blandos y el lawfare, como de los golpes abiertos como en Bolivia o. los levantamientos policiales desestabilizadores como el sufrido por Correa, o las agresiones constantes y la guerra de desgaste sobre Venezuela.

En nuestra región se formó una internacional de ultraderecha, que coopero y se unió alrededor de un nuevo plan Cóndor para desestabilizar y derrotar a gobiernos de signo popular, y para tratar de eternizarse en el poder donde habían logrado volver a los gobiernos.  Ejemplos de ello son el grupo de Lima formado para apoyar y promover un golpe o agresión militar en Venezuela, o la conocida recientemente operación de apoyo militar con armas a los golpistas bolivianos por parte del Gobierno de Macri y Bullrich, o los sueños de Bolsonaro de convertirse en un instrumento militarizado contra el “comunismo” en la región. O las provocaciones de los ultras Colombianos en la frontera con Venezuela para provocar una intervención militar abierta de los norteamericanos.

Estados Unidos se enfrenta al lento debilitamiento de su poder global, los bloques  en conflicto, las tensiones con Europa y sobre todo con China y Rusia, dibujan los contextos de las políticas de EEUU sobre nuestra región. Sobre ella interactúan tanto la voracidad de las grandes corporaciones norteamericanas que como graficara hace años refiriéndose a nuestros recursos naturales  como el petróleo, agua y biodiversidad “la región es un gigantesco mercado para las empresas estadounidenses”.

Las presiones sobre los gobiernos para que no negocien acuerdos estables sobre todo con China son una constante. Y explican los grados de agresión que sufren algunas naciones.

El ejemplo moral de la resistencia cubana a 90 kilómetros de sus costas sigue siendo una chispa que quieren apagar.

En todas partes de una américa latina dolorida resonó aquel grupo de muchachos entrando en la Habana y el discurso de Fidel el 8 de enero de 1959, donde la historia y la leyenda nos hace recordar aquel momento donde el líder hace un alto y  mirando a Cienfuegos le pregunta: ¿voy bien Camilo?.  En el hoy me impacto ver las imagines de miles defendiendo la revolución y el grito era ¡¡esta calle es de Fidel!!. Sentí que el grito por Castro era un grito de identidad por Cuba, por su Patria. Entonces recordé la respuesta de Camilo su amigo y combatiente:… Vas bien Fidel.

Defender a Cuba, reclamar contra el cruel bloqueo, ayudar a su pueblo tan solidario con los pueblos del mundo, es también defendernos y ejercer nuestra soberanía.