Por Alejandro Mosquera

A medida que avanza la vacunación el país mas concentra sus preocupaciones en los temas socioeconómicos: tales como la inflación, la falta de trabajo o el miedo a perderlo y las dificultades para llegar a fin de mes.  Mas allá de la voluntad de los actores políticos esto estará en el centro del debate mayoritario hacia las elecciones.

El Macrismo intenta esconder al fundador de Juntos por el Cambio. Y el oficialismo intenta convocarlo a la escena para tratar de mantener en la memoria popular la responsabilidad sobre la catástrofe que crearon con sus políticas neoliberales.

El expresidente parece más buscando refugio en algún lugar del extranjero que preocupado por el país. La investigación alrededor de las maniobras fraudulentas para perjudicar al estado y beneficiar a Correos argentinos, las ilegalidades producidas en la mega fuga permitida y estimulada por su gobierno de la gigantesca deuda externa que contrajeron y ahora la denuncia de su participación en el apoyo a los golpistas bolivianos con armas de represión al pueblo que se manifestaba por las instituciones republicanas de aquel hermano país, son alertas rojas sobre que puede terminarse su impunidad. Para lograr algún tipo de asilo denuncia persecución política, venganza, que Argentina esta camino a no tener estado de derecho. Mentira y mucho. Y teme que la fuerza que creo lo abandone, en lo que él llama el posible parricidio.

Por su parte Rodríguez Larreta parece consolidarse como líder de la coalición de derechas y ultraderechas. Y diseña una campaña electoral basada en que la población ve una responsabilidad compartida en la situación agobiante que vive entre el gobierno anterior y el actual. Por lo cual intentan alejarse de las responsabilidades que le cupieron y se presentan como una renovación.

Sin embargo, está tan cerca la memoria del desastre económico que provocaron que les cuesta plantearse como constructores de futuro. Por lo cual concentrarán su esfuerzo en una campaña negativa, agresiva hacia el gobierno, por supuesto con mucho de falacias, pero también apoyándose en las propias limitaciones y errores del oficialismo.

Para propios y extraños el gobierno no aparece con un rumbo claro, muchas veces zigzagueante, y haciendo equilibro. entre las demandas sociales, el poder de las grandes corporaciones, los organismos como el FMI, el Banco Mundial y las luchas de poder geopolíticos entre las grandes potencias.

Con una positiva agenda respecto de la expansión de derechos individuales, pero en deuda con los derechos colectivos, en especial respecto a la soberanía nacional, el desarrollo productivo, el trabajo y salarios dignos, el Frente de todos necesita construir una propuesta que, de esperanza, camino y proyecto a los argentinos.

Por la otra vereda el poder y Juntos por el Cambio vuelven a convocar a la anti política para apoyarse en el descrédito en parte de nuestro pueblo hacia ella como forma de solucionar sus problemas. Por el contrario, el FdT nace con el mandato de nunca más neoliberalismo, con la función de superarlo, su necesidad es politizar el debate.

Es cierto que el programa que no se discutió entre los partidos que fundaron el frente, que la unidad es muy amplia y tiene enorme diversidad. Como también es cierto que hay un programa que se escribió en las calles de la resistencia y en el respaldo a las transformaciones que con aciertos y errores se aplicaron en los 12 años de gobierno kirchneristas y que merece profundizarse. Apoyo que se verificaron en las urnas y que le dan la legitimidad suficiente al gobierno y el Frente para tomar las medidas que la hora reclama.  En esa memoria, y en las demandas de nuestra sociedad esta la savia para construir el modelo nacional del siglo XXI.