Por Alejandro Mosquera

El país ha vivido, desde que la dictadura impuso a sangre y muerte el modelo neoliberal, cíclicamente, momentos de resistencias populares y recuperación de espacios de autonomía nacional, la reinstalación del modelo neoliberal, resistencias, triunfos de gobiernos populares y nuevos ciclos neoliberales, hasta llegar a nuestros días.

Ninguno de los proyectos en conflicto: el neoliberal ni el popular han logrado un triunfo permanente, aunque ambos lo intentan. El empate estratégico parece mantenerse en la región y en el país.

Y así la historia reciente tiene algo de un eterno retorno al mismo lugar. Gobiernos populares a los cuales se les desata una guerra desde el poder con feroces ataques, políticas de desgaste, provocaciones desde afuera y, además, conflictos por el rumbo dentro del propio campo. Esto los pone ante la disyuntiva de profundizar las políticas transformadoras y sellar la alianza y su compromiso con sus bases de sustentación, a riesgo de sufrir la desestabilización desde el poder concentrado e incluso perder el apoyo de sectores de centro derecha de su propia coalición, o aceptar la gobernabilidad ofrecida por el poder que no sería más que cambiar el rumbo por una aceptación de partes del programa neoliberal. Miremos para atrás y veamos cómo ésta ha sido (con matices) una de las características de los gobiernos democráticos del país.

El poder real, las empresas concentradas que tienen medios hegemónicos, la derecha y ultraderecha neoliberal o filo nazi, sostienen una diversificada campaña contra el gobierno, el Frente de Todos y en particular contra los sectores que representan en su seno las políticas más transformadoras. En medio de un ataque que no cesa, ofrecen gobernabilidad, es decir la aceptación de su programa, o, en caso contrario, profundizar su agresión y prometen concretar la unidad de toda la derecha, la división del movimiento nacional, y un nuevo triunfo electoral de los “amigos del mercado”.

Cuando el movimiento nacional, el Frente, sus sectores transformadores reaccionan ante la escalada y luchan por recuperar el rumbo comprometido en el contrato electoral, los acusan de estalinistas, de profundizar la grieta, de querer ser Venezuela y más . Solo basta leer todas las cosas que dicen de CFK desde siempre, y las que recibe Alberto después de su discurso de apertura de sesiones del Congreso Nacional.

Unas de las claves de la tensión gira en torno a la necesidad de transformar el poder judicial y algunas de las leyes que el presidente sostuvo que se presentarán este año basadas en las propuestas que sobre aquella hizo el grupo de expertos. Y la otra por la investigación criminal sobre los funcionarios que contrajeron la deuda externa para fugarla y sostener la campaña electoral de Macri.

Gran parte del circulo rojo y el Macrismo cierran filas para evitar cualquier reforma del sistema judicial, más allá de los discursos,  el sentido principal de esos discursos se encuentra en la intención de preservar al grupo de jueces y fiscales que protegen la impunidad del poder y de Macri, sus funcionarios y ceos.

El expresidente está activo en reuniones cuyo objeto es aventar su preocupación por los posibles avances de las causas donde está imputado, por encontrar los caminos para ser candidato y obtener fueros, y por cómo fortalecer al sector de ultraderecha del PRO para condicionar desde allí a toda la alianza de Juntos por el Cambio.

La movilización a Plaza de Mayo con sus aberrantes actitudes de corte autoritario y antidemocrático fue examinada por los principales analistas como una acción contra el gobierno. Lo cual es cierto, sin embargo, a la vez es parte de la tensión dentro de la coalición neoliberal. El sector que encabeza Patricia Bullrich en representación de Mauricio Macri quiere imponer condiciones y candidatos a Juntos por el Cambio, saben que ellos solos no ganan la elección, pero les dicen sin nosotros seguro que se pierde.

Rodríguez Larreta, montado en el blindaje mediático que tiene, tanto por sus acuerdos con las empresas concentradas que tienen medios, como por la pauta publicitaria de la Ciudad de Buenos Aires, se presenta como distante de esos extremos para preservar su imagen de gestionador. De ese modo trata de disimular que él y su equipo de gestión de la Ciudad de Buenos Aires son parte central de la coalición neoliberal y también responsables de la catástrofe que dejó el gobierno anterior. En ese intento muchas veces lamentablemente es apoyado por sectores del propio gobierno.

Los desafíos del Frente

Los principales análisis del discurso presidencial, el cambio de tónica y de mensaje fue leído centralmente como una respuesta a la agresión sostenida del poder real y el Macrismo y como acuerdo con un mensaje más a tono con Cristina.  Sin embargo, un elemento central para entenderlo es el crecimiento del malestar en las bases sociales del FdT que fueron reflejadas tanto por las encuestas de unos y otros, como por los termómetros social y político que integran el frente.

Después de un año tan difícil por la pandemia y el parate económico, de las idas y venidas en las medidas reformistas, de las muestras de debilidad de la gestión en varias áreas, y en el momento de comienzo de la recuperación productiva, del alza de los commodities, y de la llegada demorada de las vacunas (incluido el golpe de la vacunación fuera de protocolo), se comprendió la necesidad de relanzar el discurso del gobierno.

En ese marco la anunciada medida del gobierno y del estado de promover una investigación penal contra “quiénes han sido los autores y partícipes de la mayor administración fraudulenta y de la mayor malversación de caudales que nuestra memoria registra”, refiriéndose a la toma de deuda externa sin autorización del Congreso alentando la fuga de capitales es de cardinal importancia.

Retoma alli el presidente el reclamo de una parte importante del FdT, de partidos e incluso de senadores que pedían que su auditara la deuda, que era necesario terminar con la impunidad de los endeudadores seriales del país  que lo llevaron a sucesivas crisis de deuda. 

De llevarse a cabo esta investigación penal es una forma clara de recuperar soberanía y de construir justicia. Una gran parte del Frente y la sociedad tiene esperanza, aunque entre bambalinas rezamos para que no se retroceda ante las presiones del Macrismo y los grupos de poder.

Los alegatos de Cristina Kirchner y Axel Kicillof en la causa del dólar futuro muestran con claridad el funcionamiento de Lawfare, y tambien el conflicto real del país. Muestra a las claras porqué es necesaria una reforma profunda del poder judicial. Con una “justicia” que es parte de las operaciones ilegales del poder real para frustrar los procesos populares, para perseguir y detener a dirigentes populares, para garantizar la apropiación ilegal de la riqueza que producimos los argentinos por un pequeño grupo, para vulnerar los derechos de trabajadores,empresarios nacionales, ciudadanos de pie se hace imposible la democracia y la república.

El escenario electoral

El año político electoral está desarrollándose mas allá de los discursos de dirigentes del oficialismo y de la oposición que sostienen que hoy están concentrados en la emergencia sanitaria que vivimos.

Dos desafíos parecen abrirse paso para el oficialismo: Por un lado, contar con el partido justicialista más activo y movilizado, en especial dónde se va a dar la principal batalla electoral. En ese sentido la presidencia del PJ bonaerense en cabeza de Maximo Kirchner puede ser un gran dinamizador tanto politico como militante. Y a la vez un cambio importante en el escenario politico del FdT al pasar la Cámpora a ser clave en la estructuración del principal partido de la coalición.

El otro desafío es permitir y estimular toda la potencia del FdT como coalición diversa, plural.  Se necesita un nuevo contrato de los partidos y movimientos para construir un frente político y no sólo una alianza electoral.  Después de un año de gobierno todavia no hay una mesa permanente de todos los partidos que conformaron el Frente. Ese déficit debe ser resuelto en forma urgente. El desafío de la institucionalización del FdT implica su organización democrática en todo el pais y en todos los niveles. Quienes solo lo ven como un reclamo de tal o cual partido no están teniendo en cuenta la necesidad  estratégica de la unidad en la diversidad, de la potencia militante, de la necesidad de participación de nuestro pueblo en la construcción de los rumbos. No están advirtiendo que las batallas contra las derechas y ultraderechas, las batallas por derrotar al neoliberalismo, por construir un rumbo de soberanía necesitan de la mayor organización, de la mayor participación popular posible.

Conformar un Frente politico amplio y permanente, con democracia interna y participación popular es parte de la estrategia para lograr el Proyecto Nacional del Siglo XXI y no la mera discusión de candidaturas.

Este es el tiempo que vivimos y estas las batallas que debemos dar.