Por Alejandro Mosquera

El proyecto neoliberal es cuestionado en el mundo, aunque mantiene la hegemonía, parece decrépito y con poca potencia o ninguna para plantearse como alternativa de futuro tal como lo hizo en los años 80 y 90. Sin embargo, no emerge un proyecto alternativo de organización social que presuponga su superación sino una etapa de conflictos, caos, idas y venidas donde se han instalado debates mundiales que recogen una parte de la agenda progresista sin tocar las bases en las que cimenta el poder del capitalismo realmente existente.

En la región la nueva oleada progresista no llega con la potencia renovadora del ciclo anterior. Las luchas y movilizaciones de distinto grado y capacidad van logrando quebrar el retorno de un neoliberalismo mas arcaico, ultra reaccionario, no obstante, los gobiernos recuperados no recorren el mismo camino del ciclo progresista anterior. Las agendas son más moderadas y el culto conservador a la correlación de fuerzas tiene un espacio inmenso en las agendas públicas.

Sin embargo, los problemas sociales, la desigualdad, la pobreza, la falta de trabajo, una economía con dificultades para recuperarse, en nuestro caso el mega endeudamiento y la inflación son tan graves o en algunos casos mayores que en las condiciones que dieron origen al primer ciclo progresista. La pandemia elevó estos índices negativos a niveles trágicos.

En nuestro caso (quizás el de toda la región y el mundo) la cuestión central de superación del neoliberalismo y la catástrofe social, implica discutir cómo financiar la reconstrucción del país y su desarrollo soberano. Y ello implica edificar el rol del estado, discutir y transformar los niveles de concentración de la riqueza y poner rumbo a la construcción de igualdad no solo de los derechos individuales sino de los colectivos como sociedad y como pueblo.

La tendencia en años electorales a creer que la disputa es por el centro y por lo tanto a la moderación, le quita potencia al debate real que necesita el país sobre los rumbos. Acrecienta el apego a que la “política” se decide en la superestructura partidaria, económica y mediática. La delegación en las elites se profundiza. Sin embargo, el resultado es inverso al deseado o presumido. Sin activismo popular, sin millones politizando el debate de la vida cotidiana, el campo puede ser ganado por una de las excrecencias de la derecha y el poder: la no política y la anti política, que se expresa como desinterés. A su vez, la política se profesionaliza en su peor sentido.

Siendo la despolitización, la desmemoria, el silencio de una sociedad que acepta el status quo un objetivo de las derechas, la particularidad en el país es que el polo de la derecha imitando experiencias europeas apela a la movilización de sus bases militantes e invita a la sociedad a participar en sus internas. Por contrario, el otro polo del proyecto popular, el Frente de Todos, trata de decidir todas sus candidaturas sin abrir la participación ciudadana.  Se puede sostener que es un acierto táctico porque mantiene la unidad, sin embargo, la organización, participación popular, el crecimiento de la politización del debate, son parte esencial de una estrategia de transformación del país. Necesitamos volver al país incómodo para los dirigentes.

El polo de la derecha y ultraderecha no debe ser minimizado. La interna entre el Pro porteño Diego Santilli y el radical Facundo Manes tiene capacidad de convocatoria y ocupar el centro de la escena pública, acicateada y promocionada por los medios hegemónicos. Unos tratarán de presentarse como la renovación del PRO, y otros como quienes no tuvieron nada que ver con el expresidente. Intentarán captar no solo el voto de la derecha tradicional, sino el de la no política, del desencanto, ser el instrumento de muchos para marcar su descontento.

En la provincia de Buenos Aires, junto a buenos candidatos representantes de todo el arco político que contiene el frente de todos, se necesitará que Axel vuelva al Clío. A construir con la base social, con la militancia, con nuestro pueblo. A reconstruir la esperanza en un proyecto, de que vamos a realizar las transformaciones que se necesitan. Capitalizar la batalla contra la pandemia y centrar en la propuesta de reactivación económica, de crear trabajo y de recuperación de soberanía. 

Se siente un deterioro de la política. La pérdida de la mística de las grandes batallas. Es nuestra obligación recuperarlas.

Hay un proyecto alternativo de la Igualdad para construir. Se construye sin permiso. Hay una unidad a lograr que no se inscribe en las batallas de grupo por las internas, es una unidad transversal. Son los igualitaristas. Es tiempo de sembrar, es hora de que se escuche su voz.