Por Alejandro Mosquera

La derecha trata de utilizar a fondo la vacunación de “privilegiados” que fueron inoculados contraviniendo los protocolos que el propio gobierno estableció ante la escasez de vacunas en el mundo y en el país.

La intención de deslegitimar las vacunas y la vacunación existe desde hace meses y su objetivo va mas allá de los grupos anticientíficos y/o del medioevo. Lo que interesa al poder real, al imperio, es erosionar la credibilidad del gobierno de coalición, debilitar la organización popular y el frente de todos. Por supuesto que no podemos dejar de ver además, la guerra por las vacunas entre los laboratorios que buscan maximizar su ganancia aún a costa del dolor de los que necesitan inmunizarse. Esta guerra es la expresión palpable del Capitalismo realmente existente, cruel, antihumano.

Pero no es sobre esto último que quiere centrarse esta columna. Si no en la intención del poder real y la derecha de debilitar la experiencia política y social que en 4 años pudo derrotar electoralmente al experimento neoliberal de Cambiemos.

Aprovechan la amplitud hasta contradictoria que tiene el Frente de todos para paralizar las medidas que intentan, incluso moderadamente, desmontar las políticas macristas. Toman la vocación de diálogo del gobierno como una debilidad y como un instrumento para imponerles su programa. Tratan por todos los medios de alejar al gobierno y el frente de su base social.

En ese contexto de fondo con una disputa social sobre quién paga la pandemia, y quién se queda con la parte del león en la posible recuperación económica, en especial de la energía, los comodities y los alimentos, en un conflicto que abarca las pretensiones de ajustes en el gasto público o sobre la ganancia o no de los salarios y las jubilaciones a la inflación, hay que inscribir los últimos acontecimientos.

El gobierno está pagando y pagará un costo alto por la insoportable medida de vacunar por fuera del orden lógico que se había establecido. En una nota del próximo número podremos exponer cómo la naturalización de la desigualdad es la contracara del privilegio que es necesario desterrar de la cultura del país.

Seguramente a un gobierno neoliberal o de derecha como el Macrismo no se le exige tanto como a un gobierno popular. Pero ello no se puede convertir en una morigeración de las responsabilidades sino en un esfuerzo de dar una batalla sistémica contra la desigualdad, incluso en la que se incrustó desde los 90 en el movimiento popular. 

La derecha económica y mediática logró en muchos casos poner al gobierno a la defensiva y los funcionarios se pasan dando explicaciones. Por supuesto que en casos como este los responsables deben dar las explicaciones necesarias con toda la paciencia. Pero no me refiero a ello.

¿Y ahora qué? Salir de la defensiva. No confundir modales con una estrategia de cambio profunda que necesita el país y que sus propios votantes le reclaman a su gobierno.

El domingo leía a Mario Wainfeld que escribió: “Una agenda progresista no borrará el pasado, pero lo colocará en contexto. «Hay que concretar como mínimo una medida pro gente por día» predicaba el presidente Néstor Kirchner, vale la pena retomar la consigna.”

Concuerdo con Mario. Hay que poner en el centro las grandes causas que gestaron la voluntad mayoritaria de construir el frente, derrotar al Macrismo y construir un país más igualitario. Entre ellas las causas que nos permitirían, en caso de encararse, reconstruir la soberanía y la capacidad de desarrollo planificado, entre ellas y a título de ejemplo:

  • Causas como la recuperación de los servicios públicos  y en especial de la energía para impulsar un modelo de desarrollo del país, palanca fundamental para que las tarifas estén de acuerdo con ese impulso y no con las megas ganancias de unos pocos.
  • Conformar una empresa estatal o una Sociedad Anónima con Participación Estatal Mayoritaria  de Comercialización de Granos para transparentar el mercado y atenuar la acción de los especuladores sobre los precios internos. Dicha empresa nacería de la fusión de YPF Agro, los puertos y la Aceitera de Vicentín SAIC.
  • Y a la vez un sistema de control y fiscalización de las magnitues de lo que se exporta, junto a la recreación de una Marina Mercante Nacional.
  • Recuperar la Soberania sobre el Rio Paraná

El gobierno tiene que salir de cierto letargo, tomar las medidas que necesita la economía e iniciar las transformaciones profundas necesarias para recuperar la soberanía y el trabajo de los argentinos.

Es necesaria una conducción del proceso que enarbole esas grandes causas nacionales para que puedan convertirse en energía militante, en movilización de las centrales de trabajadores, de los movimientos sociales, de los partidos populares, de los estudiantes, de las mujeres, de los empresarios pymes, de los jubilados, es decir de la gran mayoría.

Debemos salir del culto posibilista de la correlación de fuerza. No hay que asustarse de que el poder real, mediático y Cambiemos haga todo lo posible para trabarlas. Aunque el gobierno es inmensamente cauto para no irritarlos, esos actores erosionan toda vez que pueden al gobierno, a sus funcionarios, a dirigentes del frente y denostan a la militancia popular.

Intentan desarrollar en el movimiento nacional y en el gobierno el síndrome de fortaleza sitiada, donde nada puede hacerse más que mantener las murallas. Es una táctica de la manipulación, donde se pierde la capacidad de construir alternativas, la práctica se vuelve sectaria e inmovilizante. 

En situaciones difíciles, en crisis superpuestas como las que vivimos es necesario recurrir al pueblo, a su movilización, a su creatividad, a su participación. Al movimiento tal como es, con sus debilidades y fortalezas.  Aunque tantos rinden culto de todas las orillas al individualismo, al Quijote que solo quiere de testigo a Sancho, en mi opinión es urgente volver a Oesterheld el autor de El Eternauta junto con Solano López, cuando decía: “El único héroe válido, es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, el héroe solo”.