(Huele a jazmín y es morena, como Milagro Sala)

 

“Yo no puedo manifestar a V.E. cuánto ha sido el regocijo de las tropas y demás individuos que siguen este ejército: una recíproca felicitación de todos por considerarse ya revestidos con el carácter de hombres libres, y las más ardientes y reiteradas protestas de morir antes de volver a ser esclavos, han sido las expresiones comunes con que han celebrado tan feliz nueva y que deben afianzar las esperanzas de cimentar, muy en breve, el gran edificio de nuestra libertad civil”. 

Manuel Belgranocuando la Campaña del Norte

por Mirella Canu

El Altoperú suena exótico para algunos. Pero está ahicito nomás, en nuestra Patria morena. Nuestro Noroeste fue, es, Altoperú en sus orígenes.  Y hace dos siglos, la garantía de nuestra independencia. Pueblos que jamás oyeron la palabra utopía pero  la pelearon.

Algunos nombres lograron emerger del fango en que la historia de los conquistadores externos e internos quiso sepultarlos. Belgrano, castigado y vituperado por no allanarse al mandato extranjero; Güemes, despreciado y combatido por sus pares de clase, detenidos en la burla de si el balazo que lo mató entró por el culo o por el pecho; de San Martín ya sabemos, al exilio. Héroes castigados por triunfar,  que “equivocaron” los intereses a defender. Pasado el tiempo y conjurado el peligro, vienen el bronce y los desfiles; nada más inofensivo que un libertario de mármol. Entre esos héroes, ella, la nacida en Chuquisaca  mientras se expandía la rebelión de Túpac Amaru. Juana Azurduy, colaboradora de Güemes con el grado de teniente coronel con uso de uniforme. La que dio sangre, bienes, hijos y terminó como lo que el poder blanco mandaba: india sucia, pobre y abandonada. Hoy la Flor del Altoperú, la que huele a jazmín. Como dice Bayer, en la historia siempre termina triunfando la ética.

El Altoperú es hoy.

Un Jujuy a manos de Morales y los suyos. Una Tacita de plata en la que desde hace 200 años se atisanan las hierbas de la oligarquía, la prosapia y el latifundio que, con la alquimia de los tiempos van tomando el punto justo, el color del poder y del dinero. Los apellidos se mezclan y se condonan según los beneficios:  Aráoz, Blaquier, Morales, Ovando, Almagro, Bernárdez o Fellner. El bipartidismo macerado en  colonialismo es un buen té para las cinco.

En ese Altoperú, una negra rotosa decidió encabezar unas hordas que, “por considerarse ya revestidos con el carácter de hombres libres,  quisieron ejercer el nombre digno de la libertad”. ¿Y no va que la batalla es romper el negocio bipartidista?

Con mucho menos de la mitad del dinero con que los gobiernos destinan a la obra pública del estado jujeño, el cooperativismo de los negros construyó el triple. Basta ver Alto Comedero, localidades del interior provincial como Humahuaca. 

¿No va que da trabajo digno a 4.000 de estos crotos que deciden “morir antes que vivir esclavos”?

¿No va que en lugar de importar viviendas  encastrables de China –delirante proyecto de nuestros “modernizadores”- las casas son sólidas, los barrios incluyen escuelas, postas sanitarias, centro cívico, parque recreativo con ¡¡¡natatorio!!! Y en el mismísimo centro de la Ciudad Capital instituto de rehabilitación, escuelas primeria, secundaria y terciaria.

Esto ya es demasiado.

La Negra Milagro presa, primer acto de gobierno. Presa de un inquisidor al servicio de un virrey de la corona del norte.  Ya va por la tercera sentencia y le faltan unas cincuenta y siete, según las sesenta causas que se le tienen preparadas, como anunciara el carcelero Morales en su segundo día de mandato. No importa si el Superior Tribunal de Justicia de Jujuy fue ampliado a dedo, integrado por diputadas del partido de Morales  hasta el día anterior. No importa si el último fallo  lleva la firma de una jueza  bochada en cada concurso que rindió  para el cargo; lo ocupa igual. No importa si los testigos cambian la declaración primera pasando los términos por el diccionario de antónimos y la que vale es la segunda. No importa si las pruebas dadas por fehacientes son simples fotocopias. Nada importa, porque el escarmiento a una “negra humienta ” es la advertencia a todo “negro humiento” que reclame dignidad. De paso  advierte a quien, prescindiendo del color de piel, sostenga las reivindicaciones de los últimos setenta años. Un modo posmoderno de plantar en la plaza la picota con la cabeza del caudillo degollado. 

El prejuicio colonial, la xenofobia y el patriarcado son el único cristal por donde un negro pobre es indefectiblemente visto como ladrón. Una negra pobre y rebelde, doblemente ladrona. La lucha por la equidad es un camino permanente. Inexorable como el final de todos los ciclos. El ciclo del patriarcado no será la excepción.

El Altoperú existe. Y los jazmines también.