por Alejandro Mosquera

Luego de la derrota del Gobierno en intentar aprobar el ajuste de las jubilaciones  a los empujones, con aprietes a los gobernadores y legisladores, y con represión abierta a los manifestantes, la furia del Presidente comando la salida que buscaba el oficialismo para retomar la iniciativa política. Quedo más en claro que dentro del gobierno los halcones con el apoyo y la dirección del mismo Macri está liderando las posiciones políticas.

El emborrachamiento de la derecha después del triunfo electoral, más la presión de las grandes corporaciones, de los mandaderos del capital financiero, y los gurúes neoliberales sobre que era la hora urgente de tomar las medidas estructurales que necesita el 1% es decir el poder real, les hizo cometer errores en cadena, que más allá del esfuerzo del periodismo oficialista no  pudo, por sus dimensiones, esconder.

A la vez compraron su propio relato, creyeron que sus deseos coincidían con la realidad compleja de nuestro país, y subestimaron a nuestro pueblo, casi en la misma medida que muchos dirigentes populares habían subestimado el reagrupamiento de la derecha argentina tras el PRO.

Macri aceptó el discurso mediático del círculo rojo: “ahora comenzaba el verdadero mandato de Mauricio Macri”, ahora se vería el verdadero plan de gobierno. Y así convocó a los consensos básicos, al achicamiento del gasto, del estado, de los derechos laborales, de las jubilaciones. Si en el primer año rebajó o anulo las retenciones, bajo los impuestos a las mineras, a los bienes personales, endeudó masivamente al país para que los ricos pudieran fugar capitales, ahora con el estado desfinanciado por esa política la cuestión es achicarlo porque no se puede pagar más de lo que entra.

Soberbios creyeron que con la billetera, la ex-side, la mayoría de los jueces federales, y el pacto de autogobierno con las fuerzas de seguridad, el peronismo se sometería, los gobernadores apremiados por la coparticipación y el déficit de cada provincia y otros por la coincidencia ideológica oportunista con el partido de gobierno aceptarían ser cómplices del latrocinio.

Sin embargo la semana no fue el sentido planificado. Al creciente malestar social por los 44 submarinistas del ARA San Juan, a las broncas y crisis de la propia Armada por ver como el gobierno quería responsabilizarlos a ellos sin asumir ninguna responsabilidad, se le sumó el fracaso de la reunión ministerial de la OMC, que Macri abrió con discurso triunfalista, a lo cual se debe agregar la falta de conclusión del acuerdo entre el Mercosur y la UE, que el presidente quería anunciar mostrando que el lideraba el proceso latinoamericano.

Y el hecho principal, es que más del 70% de la población, lo cual incluye a gran parte de su electorado, está en contra de la llamada reforma previsional, y que es no es más que sacarle 100.000 millones a los jubilados, para garantizar pago de deuda externa y/o el futuro electoral de María Eugenia Vidal.  Y una movilización imponente que la represión salvaje no pudo desalentar, ni quebrar.

La furia presidencial de la que todos hablan no es por el “juego” de los gobernadores, o por las posiciones de Carrió, o la actitud de algunos jefes de la CGT. Sino por la diferencia entre los planes triunfalistas, entre ellos  que el ajuste pasaba sin grandes resistencias, y la realidad más compleja del mundo, el país , y el incorregible pueblo argentino.

Hoy cuando se apresta una demostración masiva contra la reforma jubilatoria, el ajuste y contra la represión, vuelve el gobierno a operar para que los medios difundan sus “informes de inteligencia” de que hay una conspiración desestabilizadora, que utilizara la violencia contra las instituciones. Es lamentable que periodistas muy reconocidos como Joaquín Morales Solá compren y difundan los pasquines de la ex Side que le acerca el equipo de propaganda del oficialismo y repite en su columna del domingo en el diario La Nación: “La intención de gran parte de los manifestantes era tomar la sede del Congreso y destruirla”…”Una mayoría social esperaba atemorizada, además, ver la presencia del Estado en una ciudad sitiada por el descontrol y el delirio. ¿Es necesario, acaso, que le prendieran fuero al edificio del Congreso para que se considere oportuna la intervención de las fuerzas de seguridad? Fueron injustas las críticas y los insultos que recibieron legisladores oficialistas por defender la acción de los gendarmes. Era el Estado o la anarquía”

Increíble. Nada de eso paso. Por el contrario se reprimió a manifestantes, a gente que pasaba por el lugar, se disparó a mansalva tratando de meter miedo a presentes y a espectadores que miraban la cacería humana por televisión. Hasta la propia Elisa Carrió tuvo que salir a decir que la Ministra Bullrich debía parar.

Esta vieja idea, de acusar de un peligro violento, para después desplegar o utilizar a un grupo para simular una acción revoltosa, y luego reprimir abiertamente, es parte de la historia negra del país.

Parte del gobierno y del círculo rojo derrapa hacia un marcado autoritarismo y a estimular y justificar la violencia ilegal estatal. Detener este proceso de deterioro del Estado de derecho es necesario para todos. El despido o reemplazo de la Ministra Patricia Bullrich debe convertirse en el primer paso para abandonar la criminalización de la protesta social, la persecución de los opositores, y el estado gendarme.

La participación masiva, democrática y pacífica de nuestro pueblo es sustancial para defender los derechos, la República y la propia democracia que los auto proclamados “republicanos” están nuevamente dilapidando.