1. ¿Qué es la izquierda en la Argentina?

La izquierda representa un universo muy variado, nadie puede sentirse único representante de la izquierda. Hay diferentes visiones, concepciones. Yo tiendo a ubicar en ese plano a todos aquellos que toman una clave fundamental del ideario de izquierda que tiene que ver con pelea por la igualdad como una utopía factible de construcción de un modelo de organización distinto de sociedad. Esta pelea por la igualdad atraviesa corrientes diversas en nuestro país.

Hemos tenido pensamiento de izquierda dentro de las experiencias populares más importantes, tanto del peronismo como del radicalismo. Así como hemos tenido y tenemos un abanico de sectores con pensamiento de izquierda más ortodoxa, troskista, etc.

La izquierda es el universo teórico por el que transita el pensamiento revolucionario del siglo pasado. Hoy para mí es un desafío de construcción, de pensamiento y de acción política capaz de pensar un nuevo tiempo. Sosteniendo los principios del ideario de izquierda, las experiencias reales que nos ha devuelto el socialismo a nivel mundial y la experiencia histórica de los diferentes procesos de transformación que ha vivido la humanidad obligan hoy a revisión, porque las cosas no salieron como queríamos. En muchas ocasiones eso le ha quitado potencialidad al discurso de izquierda para conmover multitudes, como hizo durante mucho tiempo en muchos lugares, desde la comuna de París en adelante. Hace rato que eso ya no ocurre, hay una pérdida de eficacia teórica y política y que obliga a un proceso de revisión en todos los planos, del cual a nosotros nos interesa ser parte.

Hay que trabajar en esa dirección, no compramos la idea de la izquierda como una cuestión ya cerrada, sino como una experiencia histórica sumamente importante y valiosa que (repito) nos interesa mucho pensarla con la cabeza abierta.

El mundo requiere nuevas palabras, nuevos pensamientos y un accionar compatible con esa novedad.

 

2. ¿Cómo analiza y se posiciona ante los procesos populares en América Latina, en particular Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil, Uruguay , Chile?

América Latina ha vivido un proceso de avance popular, que le permitió profundizar sus procesos de democratización en común a toda la región. Y luego hay situaciones particulares, con casos más radicales y otros no.

Hay diferencia entre estas experiencias, quienes  han intentado reabrir el juego a replanteos institucionales compatibles con procesos crecientes de participación popular, por ejemplo, la puesta en marcha de proyectos constituyentes que habiliten la construcción de nueva institucionalidad. Y otros casos no. Venezuela, Ecuador y Bolivia han ido por esa variante, muy productiva en términos políticos, pero no ha sucedido en Brasil, Uruguay o en el propio Chile socialista hoy.

Nuestro país no ha modificado su patrón productivo heredado de los 90, más allá de que ha crecido. Es un desarrollismo extractivista. En el caso de Argentina y Brasil hay un Estado que subsidia a los capitales privados. Mientras que en Venezuela, Bolivia y Ecuador hay un mayor protagonismo del Estado.  Pero en ningún caso se perciben estrategias de cambio productivo

Tampoco se percibe en los modelos vigentes que hayamos podido salir de la matriz de “neodesarrollismo”. En algunos casos atado a la primacía del papel del Estado y en otros atado a fortalecer el papel de las transnacionales y grupos empresarios locales. Brasil y Argentina tienen una matriz desarrollista muy clara, perciben que el crecimiento resolverá los problemas. En estos neo desarrollismos que hablamos el lugar de la industria es menor que en la década del 50.  Está mucho más consolidada la idea del extractivismo, procesos muy fuertes de reprimarización de la producción, más que industrialización.

Nuestro país no ha modificado su patrón productivo heredado de los 90, más allá de que ha crecido. Es un desarrollismo extractivista. En el caso de Argentina y Brasil hay un Estado que subsidia a los capitales privados. Mientras que en Venezuela, Bolivia y Ecuador hay un mayor protagonismo del Estado.  Pero en ningún caso se perciben estrategias de cambio productivo. No se percibe en Venezuela donde ciertamente Chávez dio una batalla por la renta petrolera, pero no hubo un cambio en la matriz productiva. Sí sostuvo políticas sociales intensas que mejoraron la vida de buena parte del pueblo venezolano. Pero se reproduce la matriz productiva histórica de Venezuela.

Lo mismo pasa en Ecuador y en Bolivia. En Brasil y Argentina es más esperable porque es una lógica neodesarrollista que confía en la inversión del capital privado a partir del subsidio estatal. Esto lleva a un camino que no tiene perspectiva.  Y en Venezuela, Bolivia y Ecuador lamentablemente no hubo cambios importantes en este sentido.

Es un proceso de avance popular el que vive la región. Hay dos cuestiones centrales que definirán el futuro.

1 – la capacidad que tengamos de crear institucionalidad que promueva procesos crecientes de participación en la decisión. Para nosotros la democracia no es un sistema cristalizado ni un procedimiento electoral, es un estado de avance de la sociedad en su capacidad para decidir sobre cómo vivir. La institucionalidad constituyente es un tema central, que Bolivia, Ecuador y Venezuela lo han practicado de manera embrionaria. En otros países ni si quiera se ha puesto en marcha.

2 – modificación del patrón extractivista que hoy atraviesa a toda la región. Una región notablemente dotada de recursos naturales y por lo tanto fuertemente demandada por la voracidad de las transnacionales. No creo en un ambientalismo extremo. Se necesita un proceso de transición que aproveche las ventajas que nos da disponer de esos recursos, para cambiar de cuajo el esquema productivo que tenemos. Si persistimos en esta matriz es un problema gravísimo, sobre todo en Argentina.

Institucionalidad constituyente asociada a participación en la decisión y replanteo de la matriz extractivista son las dos claves que definen el futuro de América Latina.

Argentina se está especializando en la producción de actividades de carácter tóxico: la sojización, la megaminería a cielo abierto, el fracking. Cada vez más tenemos un horizonte estratégico, planteado por el régimen de dominación vigente, que es depender de la acumulación de dólares tóxicos para sostener una estructura productiva débil, con poca incorporación de conocimiento, poca generación de empleo y paga pocos salarios

 3. ¿Cómo analiza y se posiciona ante los 10 años de kirchnerismo?

La experiencia del kirchnerismo nace como resultado de un avance popular significativo cuestionando lo que fue el noventismo neoliberal. Creo que en la Argentina las organizaciones populares resistimos y cuestionamos pero no fuimos capaces de construir una experiencia política propia que nos permitiera gobernar. El kirchnerismo expresa la adecuación a una nueva coyuntura de lo que es un sistema político viejo. Un sistema político estructurado en torno el viejo bipartidismo que ya no tiene nada que ver con las tradiciones populares del peronismo y el radicalismo. Un bipartidismo que ubica al PJ como un engranaje central para la gobernabilidad del sistema. El kirchnerismo es el PJ, no es otra cosa. Más allá de que en su desarrollo y como consecuencia del proceso que le da nacimiento y de que se coronan reivindicaciones populares por la propia pelea que la sociedad hizo y que las clases dominantes tuvieron que reconocer porque de lo contrario no hubieran podido gobernar. Hay un clima que acompaña pero el núcleo de la decisión en la experiencia kirchnerista es el PJ. Se ve con más claridad en el final del ciclo porque quedan claro quiénes son las experiencias que pueden darle continuidad en términos políticos. El final, porque no hay un Kirchner que continúe, tiene como contrapartida un escenario político donde aparece por un lado Scioli, por otro lado Massa y por otro lado una suerte de entramado articulado al radicalismo como el UNEN, indica que el kirchnerismo en lugar de profundizar los procesos de organización popular reconstituyó la clave de gobernabilidad del viejo sistema político argentino. Mientras se mantenga ese tablero queda una opción entre: un PJ que es capaz de llevar la revolución neoliberal en los 90, declamar una revolución que no hace durante la década del 2000 versus la ingobernabilidad asociada al esquema del radicalismo.

La Argentina tiene el desafío de romper con el pasado, zafar de esta opción trágica entre oportunismo e ingobernabilidad y alentar una estrategia de transformación.

El desafío principal del 2015 es que pueda aparecer una fuerza política que ponga en debate el rumbo de la Argentina con peso suficiente como para condicionar la próxima década. Este es el desafío político de quienes creemos que la izquierda tiene algo que decir en el país. Entendiendo la izquierda como todos aquellos que están situados en diferentes continentes políticos y que tienen una clave de transformación en su cabeza.

Lo más grave de este sistema político es que no se banca pactar explícitamente el ajuste, porque en realidad, el partido del ajuste está en todos lados, dentro y fuera del gobierno. Tampoco se banca un acuerdo político transformador, porque quienes anhelan cambios están dentro de continentes electorales donde los que mandan no quieren transformar nada o están colocadas en el terreno de la marginalidad. EL 2015 es importante, necesitamos que la experiencia de cambio comience a ser legítima y viable; que es lo que este sistema político trata de impedir.

  El final, porque no hay un Kirchner que continúe, tiene como contrapartida un escenario político donde aparece por un lado Scioli, por otro lado Massa y por otro lado una suerte de entramado articulado al radicalismo como el UNEN, indica que el kirchnerismo en lugar de profundizar los procesos de organización popular reconstituyó la clave de gobernabilidad del viejo sistema político argentino

4 –  ¿Cómo dialogar y articular con los sectores populares de  tradición peronista?

La mejor forma de hacerlo es entendiendo que lo que se denomina “de izquierda” tuvo en el peronismo una experiencia fundamental. La manera de articular con ellos es reconociéndolos. Tienen una historia, tienen una cultura, la construyeron. Aquellos que desde la izquierda miran con desdén o consideran que todo eso es inválido, que en realidad fue una confusión de los sectores populares, tienen serias dificultades. Nosotros venimos del peronismo, hace tiempo rompimos con él. Creemos que hoy hay partido justicialista, que es otra cosa. La experiencia del peronismo tenía que ver con transgredir el orden dominante en la Argentina. Y fue la experiencia más grande de organización de una sociedad con reconocimiento de derechos que tuvieron los sectores populares.

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Muchas veces la izquierda trabaja sobre un modelo de sociedad ya predefinido. Y sobre ese modelo teórico se juzga lo ocurrido. No creemos que alguien pueda tener un diseño completo de una sociedad planificada. Eso inmediatamente saca a la sociedad de la decisión y la reemplaza por algún nuevo tipo de “vanguardia iluminada” que dice cómo deber ser las cosas. Eso termina siendo la madre de cualquier autoritarismo. La construcción de una sociedad distinta, es la posibilidad de que la sociedad decida sobre sus condiciones de existencia.

Ser capaces de que haya un pleno estado de democratización, de crear institucionalidad que ponga a la sociedad con sus problemas para resolverlos en función de mejorar la vida es lo que define la posibilidad de una discusión distinta.

No se va a poder articular con los sectores de tradición peronista diciéndoles que estuvieron equivocados y que ahora llegó la solución de sus vidas. Por esta razón, la izquierda más convencional, tradicional, ha tenido un divorcio histórico con las mayorías populares. Con más y con menos, nunca pudo cuajar porque siempre pensó que las mayorías estaban equivocadas.

5- ¿Qué opina del FIT?

Ha hecho una muy buena elección reciente. Es el premio por haber mantenido de manera tozuda su posición cuestionando un sistema de gobernabilidad que claramente no da respuestas. Creo que para que no sea sólo una experiencia coyuntural, está obligado a darse una discusión más amplia. Ellos sabrán si quieren hacerlo o no.

Tuvieron una posibilidad muy ligada a la deserción, el fracaso y el final de lo que se denominó centro-izquierda, de la cual nosotros fuimos parte. Fuimos fundadores de Proyecto Sur y del FAP. Lo hicimos siempre sosteniendo que debían ser experiencias nuevas, distintas a las estructuras tradicionales y así podían conformar una propuesta política de democratización de la Argentina.

Se demostró que nos fue muy bien con Proyecto Sur, hasta que a Pino Solanas se le ocurrió abrirse, fracturando el Frente que estábamos conformando y que involucraba un espacio mucho más amplio. Cuando hicimos el FAP con tradición radical, tradición peronistas y tradición de izquierda que permitía pensar en una nueve síntesis política en la Argentina, que recuperaba lo mejor de cada experiencia para construir una propuesta diferente. Fuimos la segunda fuerza política nacional en el 2011. Lamentablemente los compañeros decidieron repetir cosas que ya fracasaron. Decidieron seguir la lógica de siempre que es abandonar la tarea política de construcción de una fuerza nueva desde abajo, en todo el país. Capaz de articular con las organizaciones populares, sin reproducir la lógica del referente que decide todo por encima de cualquiera.

La desaparición de Proyecto Sur y del FAP le dio a la experiencia del FIT un lugar importante en el electorado.

¿Qué opina del FAUNEN?

Repite una construcción política que nosotros creemos que no lleva a ningún lugar. Tiene puntos de coincidencia con la experiencia de la Alianza. Quienes creen que hay que hacer otra cosa en la Argentina, ahí están absolutamente condicionados por estructuras de poder concreto. En diferentes distritos reproducen los niveles de corrupción institucional y de mantenimiento del régimen vigente a lo pavote. Pienso en la reunión de Pino con Cobos, cuando ha sido el adalid de la segunda vuelta de privatizaciones en la provincia de Mendoza. Eso no va a ningún lado en términos de construcción de una alternativa transformadora para la Argentina. Aún así, puede ser una propuesta electoral que tenga éxito, pero eso es otro tema.

El FAUNEN es un armado muy parecido a lo que hizo Capriles en Venezuela. Tienen la idea de que acá hay una dictadura populista y por lo tanto “los republicanos” deben combatirla. En ese marco entran todos juntos. Por un lado, acá no hay una dictadura; y por el otro, muchos de los que aparecen ahí han violado la República en diferentes gestiones. Es impresentable como formulación. Y reproduce antagonismos del peor elemento. Porque se presentan como el único espacio no peronista, como si esa fuera una virtud. No veo ahí ni un gramo de novedad ni que conduzca a ninguna perspectiva interesante.

6 – ¿Cómo pensar en las condiciones actuales alguna estrategia anticapitalista?

El tema de fondo es que nadie crea que es el dueño de la verdad. La segunda cosa es seguir alentando los procesos de organización y participación popular. Y poner la conflictividad social en debate con el sistema político. Debatir en qué medida este sistema político resuelve o no el futuro de la Argentina. Tengo la impresión en que hay grupos interesados en hacer algo distinto en todos lados. Nadie puede suponer que solamente en su experiencia anida la posibilidad de solución. Debemos convocar ampliamente a discutir en serio qué Argentina queremos, cuál es la construcción política que es capaz de resolverlo y en qué medida podemos articular las experiencias de las organizaciones populares con una estrategia electoral exitosa.

Debemos buscar no dividirnos fácilmente por cuestiones programáticas secundarias. Tener grandes definiciones sobre los problemas principales de la Argentina: El modelo productivo, cómo democratizar en serio y facilitar la participación popular, cómo garantizar un piso de ingresos y derechos para todos los hogares que permita terminar con la pobreza.

Tema Igualdad: cómo construir un piso de garantías de ingresos y derechos para todos los hogares que permita un shock de distribución del ingreso y de inversión en infraestructura social para sacar a los pobres de la pobreza. Y eso cambia la discusión sobre el tipo de perfil productivo que necesitamos. Este modelo productivo reclama una Argentina de la desigualdad. Abastece un consumo asociado a los sectores de más altos ingresos, la recuperación económica se basa en la producción automotor y el negocio inmobiliario. Esta realidad se cambia haciendo que los que demanden más sean los que menos tienen, que necesitan buen transporte público en lugar del último modelo de auto.

Para poner en marcha un proceso de transformación, para dejar una Argentina de la producción de toxicidad.

Esa matriz más igualitaria debe dar lugar al debate de un esquema productivo distinto que permita poner en marcha el proceso de transición de la Argentina del agronegocio a una Argentina más saludable con un desarrollo productivo que abastezca las necesidades populares.

El debate que tenemos que dar es el debate que de alguna manera no pudimos dar en el 2001, es el debate de la construcción de una nueva experiencia política en la Argentina. Las organizaciones populares pudimos cuestionar, pudimos poner en jaque el régimen político vigente, pero no teníamos resuelta una experiencia política común que nos permitiera abrirle la puerta al gobierno de todos los argentinos. Eso que no pudimos hacer es lo que está puesto como interrogante hoy.

 Hay mucho espacio para que crezca una fuerza nueva. El principal enemigo de todo esto somos nosotros mismos, me refiero al espectro de cuadros militantes con responsabilidad en las opciones políticas que dicen querer transformar la Argentina

7 – ¿Cómo ves el escenario 2015?

Si tenemos la suficiente inteligencia para poder caminar en esta dirección, creo que hay espacio para que una fuerza importante con perspectiva transformadora pueda ser parte de la discusión. Hoy veo un escenario de homogeneidad que atraviesa las principales fuerzas políticas, que debaten las cuestiones más secundarias. Cuando escuchamos a los opositores del Gobierno Nacional pareciera que por la primacía de la institucionalidad, sin tocar absolutamente nada y simplemente proponiéndose como otra gestión, que no va a ser tan discrecional como este, creen que los problemas de la Argentina se van a resolver. Muchos de los que se proponen como nuevos, son viejos conocidos. La discrecionalidad no ha sido sólo patrimonio de las “experiencias populistas”. Ha habido experiencias republicanas sumamente discrecionales. Creo que eso tiene poco vuelo.

Hay mucho espacio para que crezca una fuerza nueva. El principal enemigo de todo esto somos nosotros mismos, me refiero al espectro de cuadros militantes con responsabilidad en las opciones políticas que dicen querer transformar la Argentina. Muchas veces caemos en discusio.nes absolutamente secundarias, donde la disputa de personalidades es demasiado elevada para los pocos que somos. En 2015 hay una partida fundamental que ganar que es convencer a la sociedad argentina que esto puede ser de otra manera. La idea de que se puede gobernar de otro modo, que puede pasar otra cosa, que no todo siempre va a ser igual, que la gente pueda sentirse parte de un proyecto de sociedad de un país. Ganar esa batalla es lo fundamental. Hay que hacer un esfuerzo en esa dirección porque lo que está en juego es el futuro