por Rosana Herrera

Por estos tiempos de clima tan cambiante, de paraguas y de protectores solares, de chaparrones y de insolaciones, en estos pagos tan norteños como amados, por cada Santa Rita florecida hay una loratadina ingerida. Y ¡nojodamo!, no es lo mismo el aroma de una azalea que el de una betametasona, un agapanto en flor que una pseudo efedrina en cápsula, ni mucho menos un trago largo que un puff… Queselevasé, la vida de nosotrxs, los alérgicxs en primavera, lejos de transcurrir en los viveros, nos encuentra paseando por las farmacias.

La de mi barrio es muy cálida, es una casa vieja reciclada donde el simpático local comercial se yergue distendido en el garaje, tiene canteros en la vereda y una abuela sentada frente al plasma enorme que pasa imágenes de TN todoeltiempotodoeltiempotodoeltiempo. Pero ayer, cuando fui a buscar el antialérgico alta gamma, ella, muy sentadita en el banco pegado a la ventana, clavadita la vista en la caja boba (como siempre), me sorprendió con lo que repetía muy compungida: ¡¡¡esto no da para más, son demasiado atorrantes, no los voto más!!!este…no sé, ché, pero escucharla tuvo un efecto inmediato, porque ni me habían alcanzado aún el vaso de agua para tomarme el Frenaler Cort y ya respiraba mejor…

El caso es que Emma es la misma “adorable viejecilla” que hasta no hace mucho nos amenazaba a lxs parroquianxs -vulneradxs por los mocos y la nariz trancada y ella con la impunidad que le da la localía-: ¡¡¡ahooooooora sí que van a saber lo que es canela!!! (sic) ¡¡¡¡todos estxs delincuentes van a ir en cana, ya van ver, especialmente la mechuda esa y sus hijxs!!!Y es la misma a la que –malditalahora-una vez le contesté allá por enero del 17 pero a la que luego de que enloqueciera, desde entonces escuchaba sin responder, en respuesta a su edad avanzada y a su discurso atrasado.

Qué pasó ayer? Qué hizo que Doña Emma me sonriera con cara de carnero degollado y decidiera entablar conversación? Y… “pasaron cosas”. Y recordando esas cosas, es que siento que tengo que amigarme con la señora, mamá de mi colega, (¿o suegra o tía? bah…esa sería una info que no interesa), adicta a la televisión y arrepentida confesa.

Porque entre otras cosas que sí interesan, pasa que en apenas 28 días más se termina uno de los años más intensos de los que yo tenga memoria. Con sensaciones muy angustiantes ocasionadas por el complicado escenario político, por la creciente conflictividad social y por el errante rumbo de la economía. Y pasa que el próximo octubre, -en apenas 10 meses más- tendremos la oportunidad de demostrar y demostrarnos que no estamos dispuestxs a seguir siendo funcionales a todas estas políticas neoliberales expulsoras y clasistas que nos están endeudando por varias generaciones y que tanto conocíamos lxs más memoriosxs.

En el 2019 podremos saber si estamos  convencidxs de la necesidad de recuperar la historia de dignidad y de grandeza -capitalizando y  enmendando  los errores cometidos durante más de una década kirchnerista- o si preferimos seguir siendo cipayxs y sometidxs. Cada  unx de  nosotrxs, -lxs  que no lo elegimos y lxs que sí lo  hicieron- sabíamos qué representaba la derecha. Y que especialmente esta derecha era el despojo de derechos, la exclusión de lxs más necesitadxs, la ausencia de oportunidades, la oscuridad del pensamiento crítico, la represión de la voz desobediente, la anestesia de los sueños, el individualismo salvaje, la doble moral,  y tantísimos etcéteras. La derecha que representa a este modelo  de  país  que disfruta  el puñadito  de  ricos  y poderosos de siempre y al que sostiene el esfuerzo del gran puñado que representamos lxs laburantes.

Y pensando en esta señora, mientras espero que “vuelva el sistema” y puedan facturarme la compra, me convenzo de que hay que diferenciar muy bien a quien optó por este presidente en segunda vuelta de quien eligió este modelo de exterminio. Esta última categoría de electores lo sienten a su voto como una revancha, como el“ahora nos toca a nosotrxs”, como el “dejamos de mantener planerxs”. Porque ellxs y su odio congénito fueron, son y serán irrecuperables. Pero lxs otros, como mi ahora íntima amiga Emmita, -que quiere que vuelva más seguido a charlar con ella- optaron por el cambio, muy enojadxs, decepcionadxs, aterrorizadxs,  como  lógica consecuencia de algunas malas medidas que tomó  -o que no tomó, debiendo hacerlo- el Gobierno anterior. Esas medidas que los medios masivos de comunicación reproducían una y mil veces a imagen y semejanza de sus intereses económicos, sumadas a las millones de imágenes editadas, de titulares inventados, de testimonios truchos, de acusaciones falsas, de sensaciones instaladas. Porque a estas alturas, es una verdad de perogrullo decir que el neoliberalismo contó siempre con la invalorable colaboración de esa parafernalia periodística que aturde a lxs Emmas y que lxs mantuvo ilusionadxs con que el mejor equipo de los últimos cincuenta años, lxs iba a salvar de los que se robaron todo.

 Y pensando en que su desazón actual se parece mucho a la mía de los 90, como este individuo ojitozazulez a un riojano siniestro,es quedisfrazada con el traje de adolescente rebelde e idealista -que no hace mucho encontré intacto en el baúl de la recuerdos- entrevero las obligaciones laborales, con las rutinas familiares, con las reuniones políticas, con la lectura y me siento en el teclado a contar estas mágicas historias que me regala la micromilitancia.

¿Les chusmeo algo? Al salir ayer de la farmacia, luego de esa primera y hermosa charla que empecé y terminé con la abuela lloriqueando y sin mirar la tele, me acerqué sin ningún miedo al escenario multicolor que me regalan las petunias, aspiré profundamente su perfume y luego me fui… silbando bajito, hasta el próximo estornudo.