Por Oliverio Jitrik

Ya es febrero y casi echamos de menos el sonsonete tilingo y pastoso del Domador e’ Reposeras, ahora premiado por el pelado Infantino en un cargo en la FIFA que le permitirá moverse con chapa por todos los países afiliados a este organismo pangaláctico. Pasados los renovados y tibios caceroleos por Nisman, conviene seguir enfocándose en nuevos pataleos de la reacción, que es ése 40% de personas cuya definición alcanza desde macristas sinceros, radicales à la Negri y cordobeses de todos los colores hasta -creemos que la mayoría- meros simplones alienados, estos que se expresan mezclados con trolls en las redes sociales festejando, digamos, chistes de Nik o desvelándose ahora por el salario de funcionarios del gobierno, el viaje de Alberto a Europa, o el de Cristina a Cuba.

Este colectivo, que puede llamarse gorilaje versión 2020,  por razones demográficas o de mera ignorancia ya no sabe en su mayoría quién fue el “Viejo” o lo que hizo pero no descansarán en engrosar este batifondo reaccionario. Y como es imposible analizar este tipo de «modo de ser» exhibiendo individuos ignotos pero arquetípicos de la masa gorila, nos vemos obligados a remitirnos una vez más a sus fieles representantes, en particular a un par de columnistas del tres veces cincuentenario La Nación que, entendemos, no tienen mucho margen para abjurar -si lo quisieran- de tantas «opiniones» por las que se jugaron por más de 10 años y se solazaron con intensidad en los últimos cuatro.

Un primer caso de estudio es Santiago Kovadloff, cuyas obsesiones intelectuales giran permanentemente sobre los males del «populismo». Sería un ejemplo importante de un discurso docto en escritura y mucho mejor en su empaque verbal pero vacuo pues no invierte ni dos palabras en intentarlo o dar fundamento a cualquiera de sus afirmaciones. En una de sus última intervenciones, esta vez no en La Nación sino en el programa del fanático mediterráneo autodenominado “Leuco”, el escritor afirmaba que “si no podemos disociar la satisfacción de las necesidades básicas de un proyecto de organización republicana, el poder queda en manos de los demagogos”.

¿Qué quiere decir Kovadloff con esto? «Hermano pobre: aprende de una vez por todas que debes soslayar tus carencias materiales y advertir que el populismo es peor, es algo que -se ha probado en innumerables ocasiones- te engaña, puesto que te usa de escudo para tener vía libre y quedarse con todo. En cambio, debes creerme y seguir un “proyecto de organización republicana” (risas, sí, ¡debe quedar claro que Kovadloff cree que ese entrecomillado define al macrismo!), pues los desastres que sólo supones que produce son detalles sin importancia para el futuro de tus hijos (puesto que tú ya no tienes futuro, aclaremos)».  En esta retórica, don Santiago promueve, ponderado, que es muy importante que un trabajador despedido recuerde frente a la urna que, aunque ese proyecto le prometa su despido, le habría convenido votar a Juntos por el Cambio porque, así, el peligroso populismo se podría haber conjurado una vez más.

Curiosos razonamientos de Kovadloff, ignoramos por qué razones «lo que representa” Cristina es para tanto, como para llevarlo a destruir implacablemente el edificio de la lógica, malgastando tanto buen uso del idioma en apoyar a verdaderos tontolotes conceptuales (García Ferré, el inmortal creador de “Hijitus”, dixit), apelativo aplicable a cualquier elemento del autonombrado “Mejor Equipo de los 50 años”.

Hace pocos días el mismo mayéutico, siempre preocupado por la República, dibuja una nueva antinomia entre la que sería «palabra devaluada» de Alberto Fernández y la revalorizada palabra de Macri, porque éste «dijo cosas que después no ocurrieron pero no dijo, estrictamente, cosas contradictorias».  ¿Será posible que crea lo que está escribiendo o estamos en presencia de un nuevo Alonso Quijano argentino?

En una línea parecida de «republicanismo» pero sin el toquecinho brasileño de don Santiago, semana a semana el diario de marras nos regala los artículos y entrevistas en el canal homónimo de internet de Pablo «toc toc» Sirvén, uno de los que más se refociló -rozando la impudicia- con el macrismo y del que no se sabe a ciencia cierta si le gusta tanto esta corriente política o la Vidal, como aborrece a Cristina; en fechas recientes admitía que el macrismo había generado un 40% de pobres, pero se lamentaba a la vez que esta triste consecuencia solamente “opaca los avances sustanciales que logró en energía, infraestructura, conectividad, reordenamiento burocrático del Estado, reducción de subsidios, recuperación de estadísticas y una menor estridencia en la administración del propio relato oficial” (debería quedar muy claro para sus lectores que reducir subsidios es, en sí, bueno como el pan) evidenciando, se huele a kilómetros, que lo que por sobre todo molesta a este hiperacúsico columnista es la estridencia, verbigratia, Cristina.

Ahora -no le queda de otra, es su trabajo- pescó al vuelo la frase que le lanzó Alberto a Macron sobre el merecimiento de ser peronista que habría gozado Alfonsín. Desde lo para él sacrílego de esta proposición, Sirvén afecta indignación puesto que nada más lejano San Alfonsín del peronismo que propició a las Tres A, etcétera. No le alcanza para aplaudir por esto al macrismo, pero vuelve a usar la dictadura -«uso» que aborrecían de Cristina- como si nos creyéramos que el macrismo actuó en una línea paralela a la CONADEP y que lo que hizo Cristina fue «puro electoralismo vil». Sirvén es firme candidato a la Conadep, pero la del periodismo, como plantea el amigo Brieva.

La batalla cultural apenas empieza. Estos propagandistas del macrismo, con sus diferencias, tendrán sólo dos caminos. O van virando y se hacen los buenitos, o apuestan al regreso de la reacción que representan. Aunque encuentren, echándole ganas, críticas válidas al gobierno actual, no podrán (pues importa quién hace las críticas) disfrazar que en realidad lo que defienden son los actos de traición a la patria cometidos por sus patrones. La misma dinámica le espera a la bancada opositora en el Congreso: ¿con qué cara van a discutir proyectos de medidas económicas si no reconocen antes el saqueo que promovieron y defendieron?