por Alejandro Mosquera

 

  • Dos años de gobierno de derecha elegido por el voto popular, que utiliza el respaldo en la elección para desarrollar sus políticas neoliberales, achicar la democracia, restringir derechos sociales y políticos, tratar de gobernar por decreto ilegales, perseguir a los opositores políticos y sociales, y desarrollar el aparato represivo estatal tanto desde la justicia como en las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia. Sumado a la participación en el poder ejecutivo de los Ceos o representantes de las grandes corporaciones y las grandes empresas propietarias de la tierra, ha provocado innumerables intercambios y discusiones para calificar adecuadamente tanto al gobierno como la etapa que vivimos. El carácter del gobierno de Cambiemos implica a otras discusiones sobre el tipo de alternativa a construir, la unidad y políticas de alianzas necesarias en la etapa de resistencia y oposición, las formas de luchas aptas, y por supuesto los caminos hacia las elecciones del 2019.

 

  • La etapa de globalización mundial con el predominio de las políticas neoliberales y el surgimiento de fuerzas de derecha y ultraderecha de variadas características va demoliendo al proyecto democrático. Las decisiones fundamentales sobre la vida cotidiana de las personas, de las ciudades y naciones se toman en los centros de poder financiero, en las grandes corporaciones transnacionales, en los Bancos. Los supra poderes están cada vez más autonomizados de la soberanía popular, y los poderes institucionales nacionales se vacían de contenido o se convierten en gendarmes del  proceso de cambio a favor del poder económico concentrado.

  • La democracia tal como la conocemos se deteriora tanto como reglas comunes de convivencia y elección-opción como en su carácter social, económico, cultural. El neoliberalismo impone un discurso único, la censura y autocensura, restringe la libertad de expresión bajo la presión de la concentración económica en las empresas de comunicación, persigue opositores y utiliza a jueces y fiscales como disciplinadores sociales y políticos. Ejemplos tan variados como las persecuciones a los dirigentes independentistas de Barcelona por parte del gobierno español, los intentos de detención a Julián Assange frustrados por la solidaridad ecuatoriana, la persecución de Edward Snowden, y principalmente en nuestra región la persecuciones judiciales a Lula, al vicepresidente Ecuatoriano Jorge Glas, al ex Presidente hondureño José Manuel Zelaya, a decenas de detenidos luchadores, militantes y funcionarios del gobierno anterior y a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner,  muestran que es una táctica extendida y utilizada por el poder, que se ha denominado Lawfare, concepto tomado de la estrategia militar, una guerra jurídica para lograr objetivos militares, en este caso políticos.

 

  • La democracia liberal entendida como un sistema de reglas y contrapesos, con una ley por arriba de todos que iguala en la desigualdad, se convierte en su contrario. El poder es utilizado uniendo tras la voluntad del poder real a los ejecutivos, el judicial, los medios de comunicación, las fuerzas de seguridad. La Republica desaparece bañada de discursos que la enaltecen.

 

  • Las formas de elección se han transformado en campañas para ricos, donde las propuestas, la idoneidad y el proyecto político ceden ante los millones de dólares que cuestan. Es una democracia de ricos para ricos. Las leyes electorales y de financiamiento ponen límites de tiempo para las campañas y controles a las formas de recaudación de los candidatos, todos saben que no se cumplen, todos saben que se manejan sumas multimillonarias, todos hacen como que controlan. La democracia tal como la conocemos cede ante el poder real.

 

  • Las políticas neoliberales de transferencia de riqueza de los sectores del trabajo y la producción a los grupos concentrados, al capital financiero y los bancos se corresponden como la mano a un guante con el cercenamiento de derechos, el debilitamiento de las garantías constitucionales y procesales, el crecimiento del estado gendarme o policiaco, con el control ilegal de redes, mails, y formas de comunicación.

 

 

 

 

 

  • El pacto de representación entre electores y elegidos, que fue en parte  siempre una ficción que alimentaba las ilusiones populares, ahora está roto. No hay programa que respetar, la impunidad de la mentira es la regla casi sin costo. La manipulación mediática, la velocidad y masividad omnipresente de las corporaciones de medios demuele el pensamiento autónomo y crítico. La “verdad” es una construcción del relato del poder.
  • El achicamiento y desnaturalización de la democracia no es un efecto colateral del proyecto neoliberal sino su corazón, su núcleo clave.

 

  • La historia de las formas que ha tomado la dominación de algunos hombres sobre los hombres, incluso en sus formas más autoritarias nos da indicios y saberes para analizar la realidad actual, trae la memoria para entender el presente y proyectar el futuro. Sin embargo la etapa necesita un examen crítico propio, no son las semejanzas con el pasado las que definen la situación actual, sino sus características propias.

 

  • ¿La ofensiva de la derecha en Argentina Es una revolución de los ricos? En cierta manera sí. Es un intento de desmontar no solo las medidas de regulación de la economía, la creación de derechos, las formas de empoderamiento democrático,  de estos últimos doce años, o si se quiere de la reconquista de la democracia hasta aquí. Si no también plantea desmantelar el proceso del rol del estado, de las organizaciones, de los partidos, de la sociedad civil que se generó a lo largo del siglo pasado. Es un intento de cambio del sentido común, del umbral construido por los argentinos. Y es a la vez una apropiación de la riqueza y  el poder por parte de una alianza entre el capital financiero, los grandes propietarios de tierras, y los grandes medios hegemónicos.

 

  • La forma de esa alianza, la desnaturalización de la soberanía popular y su apropiación, la censura y autocensura impuesta desde el poder real y político, la utilización del poder judicial como instrumento clasista y de persecución social y política, el uso cotidiano del chantaje o la amenaza hacia opositores, legisladores y gobernadores; el escrache público como método de disciplinamiento, la promoción de un estado policial y formas de represión creciente, el estímulo a las formas de racismo y discriminación presentes en la cultura nacional, son los contornos principales de un Régimen autoritario y antirrepublicano. Un gobierno de las corporaciones.

  • El Régimen acompaña la crisis de desigualdad extrema mundial incluso con las formas de agravamiento que ha tomada hace décadas representada por la evasión y elusión fiscal, el lavado de dinero, que sucede a través de los llamados paraísos fiscales. Millones de personas obligadas a vivir en la pobreza en el mismo momento que las personas y empresas más ricas, se aprovechan de la oscuridad de esas guaridas fiscales para como mínimo no pagar impuestos. En el caso argentino esos ricos y ceos ahora en el gobierno son los que a la vez que se bajan los impuestos hacia ellos, sostienen discursos sobre pagar deudas e impuestos, mientras se conocen como ocultaron sus capitales en esos paraísos. Respaldados por los grandes medios, que acallan hasta sus periodistas de investigación, tratan de imponer a la sociedad que ello es lo “natural” que no hay delito, que no hay nada que reclamar. El régimen macrista es también un régimen de impunidad para la cofradía del poder.

 

Hacia Una Nueva Democracia

Los ideales de igualdad, libertad, solidaridad necesitan una renovación profunda para poder confrontarlo con la oleada de derecha y ultraderecha. Hay que renovar el proyecto democrático.  Hay que desatar la potencia revolucionaria de la democracia.

El relanzamiento del proyecto democrático para ser tal necesita pensarse y proponerse como una concepción de poder democrático popular integral, de participación y contenido de la sociedad y el Estado. Es decir no solo restringido a la tradición democrática burguesa liberal basada en la delegación en las elites de los asuntos públicos.

El concepto constitucional sobre que “el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes” además de negar la realidad de que los argentinos nos pasamos la vida deliberando, es la piedra basal de una forma de delegación extrema, consustancial con las formas de organización primaria del país-nación, donde la “política” era patrimonio de las elites.

Otras fórmulas constitucionales marcan la misma tendencia delegativa:

Artículo 39 in fine…No serán objeto de iniciativa popular los proyectos referidos a reforma constitucional, tratados internacionales, tributos, presupuesto y materia penal.

O el artículo 1° de la ley 25.432 que reglamenta la consulta popular donde quedan excluido entre otros temas: impuestos, Consejo de la Magistratura, coparticipación federal.

De la sola mención de estos ejemplos se puede ver que la “buena doctrina” de esta democracia existente es la prohibición de la participación ciudadana en los principales temas que inciden en la vida del país. Ni el presupuesto, ni los impuestos, ni la elección de los jueces, ni las formas de elección de los representantes.

Una mirada que no restrinja la vida democrática solo a los momentos de votación sino al grado de incidencia y participación popular en la cosa pública, debe inexorablemente analizar cómo se expresa esa capacidad según la clase social o el poder económico que se detente. Veamos algunos ejemplos.

Las micro, pequeñas y medianas empresas representan el 99,2% de las empresas existentes en todo el país, sin embargo el poder sobre las decisiones económicas, financieras, fiscales es casi nulo, y el 0,2% que son las grandes empresas tienen un poder de lobby sobre las elites políticas gigantesco. En el Régimen macrista esto sufrió un cambio cualitativo primordial ya que las grandes empresas, las multinacionales y las privatizadas han prestado sus Ceos para que se hagan cargo del ejecutivo.

En el país, el 0,94% de los dueños de las grandes extensiones productivas maneja el 33,89% del total del territorio argentino. El 99,06% restante controla apenas el 66,11%. El 83 por ciento de las explotaciones agropecuarias tiene sólo el 13 por ciento del territorio. La capacidad de los grandes terratenientes, de las grandes empresas extranjeras propietarias de tierras en el país, de los pools de siembra, en el accionar político, en las definiciones económicas, en el tipo de cambio, en la selección de candidatos de los partidos, en las campañas es evidente. Llegando en el Régimen macrista a que el Presidente de la SRA se convierte en Ministro, para expresar en el gabinete la voluntad de ese 0,94% de dueños de gran parte del país.

El seguimiento de las principales medidas del gobierno nacional muestra como el capitalismo neoliberal en la experiencia nacional, concentra el poder decisorio en la elite económica y social, esta forma de democracia limitada se va reduciendo a una escenificación para el ejercicio naturalizado de su poder.

El proyecto democrático se ha presentado asimismo como aquel que puede generar condiciones de igualdad, o como señalan liberales y progresistas: Igualdad de oportunidades. Sin embargo no resolvió el problema de la igualdad real. Ahora en las condiciones de la democracia existente como instrumento del neoliberalismo, y la colonización cultural, busca la naturalización de la desigualdad. En este concepto no es el desconocimiento de las formas aberrantes que toma la desigualdad en nuestro mundo: si no lo inmutable de las causas que la sostienen. El discurso dominante presenta como realismo la renuncia a cambiar la sociedad en clave de igualdad.

Los datos de las principales organizaciones y expertos  revelan que el 1% más rico de la población concentra en sus manos más riqueza que el resto del planeta. “Ocho hombres poseen la misma riqueza que otros 3.600 millones de personas”

La desigualdad económica alimenta e impulsa la desigualdad cultural, educativa, en la seguridad ciudadana. La desigualdad es el disolvente de los lazos sociales, de la paz social. Una sociedad tan desigual como la nuestra es una sociedad más violenta. La meritocracia como motor egoísta del desarrollo individual parte de la aceptación perenne de la desigualdad.

La pérdida o el extravío de la igualdad como proyecto posible, corroe al proyecto democrático. Así la regla es la desigualdad de clase, de educación, de seguridad, de incidencia en la vida política y social comunitaria.

El régimen macrista asienta su relato de derecha no en el cambio como pregonan, sino en la aceptación acrítica de la injusticia, y en la desigualdad no como efecto colateral y momentáneo, sino como el tablero donde es posible la continua concentración de riqueza del llamado “reformismo permanente”.

El neoliberalismo y el régimen son represivos frente a los débiles, y sobre quienes expresan una política, ideas y acciones diferentes. Las detenciones de luchadores como Milagro Sala y sus compañeros, de opositores así lo demuestran. Cuando en un país hay un preso político, un preso por sus ideas, significa que todas las ideas están presas. Los funcionarios del Régimen podrán llenarse la boca de discursos sobre la calidad educativa, sobre la cultura y la libertad, sin embargo cuando las ideas están presas, la filosofía, la educación, la cultura basada en la libertad están detenidas.

El proyecto de Nueva Democracia es el intento de solucionar la crisis de la democracia, su achicamiento y envilecimiento, con más y mejor democracia. Con más libertad, con más igualdad. Con más comunidad.  Es a la vez una de las formas del pensamiento crítico.

Es también una forma de lucha por construir poder democrático de nuestro pueblo, hacia formas societarias radicalmente distintas. Es por lo tanto un proyecto basado en la igualdad, la libertad, la solidaridad, el eco-socialismo[1].

Es una idea bastarda, nace por fuera de los matrimonios y los pactos de las elites conservadoras y neoliberales.

Lo injusto por sí, no crea el movimiento por la justicia. La conciencia de lo injusto y la desigualdad si es solo observación no cambia la realidad (naturalización)  La conciencia convertida en acción crea la posibilidad de la justicia, la igualdad y la libertad. Por eso el proyecto de Nueva Democracia debe ser a la vez ideas fuerza, pensamiento crítico, movimiento cultural y movimiento político.

Una nueva democracia necesita el compromiso, la convicción individual y colectiva de que la construimos con nuestras ideas y con nuestra acción.

Los ejes de la transformación que proponemos

Nueva Democracia Política

Construir una nueva democracia es romper los límites de la actual, radicalizarla en el sentido de privilegiar el surgimiento del poder democrático del pueblo. Ello implica un nuevo pacto social traducido en una nueva Constitución. Es la lucha y la gestación de una nueva mayoría plural la que va creando la nueva democracia que permite el surgimiento de la nueva Constitución, y la nueva institucionalidad popular. La transparencia, la revocabilidad de mandatos, la prohibición de funcionarios con cuentas en guaridas fiscales, la igualdad en las campañas electorales y el control popular son parte esenciales del futuro que queremos construir.

Nueva Democracia Social

La democracia existente con su malversación macrista consagra la desigualdad como la forma cotidiana de las relaciones humanas. Privilegia la propiedad, la concentración de la riqueza y para ello santifica legal y prácticamente la desigualdad. En sus antípodas se encuentra nuestra propuesta que parte de la igualdad: igual trabajo igual remuneración, igualdad de derechos para todos, garantía social y estatal del trabajo. Defensa y promoción del sistema público de salud, educación, previsión social. Garantía de la libertad, democracia y renovación sindical, de la no intromisión estatal en las organizaciones libres del pueblo.

 Nueva Democracia Económica

La democracia existente y el régimen macrista sostienen la profundización de la desigualdad. El estado del Régimen y la mayoría de las leyes aprobadas en estos dos años tienden a una gobernabilidad que no es otra cosa que la garantía hacia adentro y afuera, que el proceso de concentración de la riqueza y la propiedad es y será inmutable. Una Nueva Democracia es esencialmente antimonopólica, expresa  la promoción, protección y reconocimiento de poder a las micro-pymes,  de los productores del campo, de las empresas nacionales y el trabajo, la investigación, la innovación productiva de todos.  Es centralmente el reconocimiento de poder democrático a la sociedad en los temas que las elites clasistas expropiaron a nuestro pueblo, es decir construir la ingeniería institucional para poder decidir sobre temas como presupuestos en todos sus niveles, impuestos, deuda externa, mercado interno y externo, desconcentración y nacionalización de la tierra y los recursos naturales.

Nueva Democracia con igualdad de género

La democracia existente y el Régimen, en conjunción con el capitalismo utilizan el patriarcado como forma de dominación. La desigualdad de género es parte del sistema que hay que cambiar. Así la Nueva Democracia será feminista en el sentido de las luchas por la igualdad y la liberación de toda la sociedad. La potencia revolucionaria de la democracia tendrá que ser capaz en la transformación del país de romper la cultura dominante machista, garantizar la igualdad de género y promover relaciones sociales e interpersonales ajenas a las ideas de propiedad.

La discriminación positiva para promover desde el Estado formas de igualdad debe trasladarse a todos los ámbitos sociales. Las direcciones de las fuerzas de seguridad y armadas, las grandes y medianas empresas, la administración de justicia.

Nueva Democracia ecologista

El paradigma dominante del capitalismo salvaje y el neoliberalismo lleva a la destrucción del medio ambiente y la casa común que es la tierra. Una mirada como la que proponemos de defensa de la tierra, de sus especies y dentro de ellas del ser humano, de defensa del hábitat sostenible, igualitario, de lucha contra la pobreza y por la igualdad, es esencialmente anticapitalista. Los países más poderosos y el sistema de producción y ganancia que promueven y sostienen son los responsables del peligro de la extinción. La responsabilidad de sus gobiernos, de sus elites y de las grandes corporaciones es máxima frente a la posibilidad de la catástrofe climática. Una Nueva Democracia debe construir una idea del desarrollo distinta al modelo depredador, extractivista y consumista, sin por ello lesionar el derecho de los países no desarrollados a promover el trabajo, la industria, y el bienestar de sus pueblos.

 

[1] La idea de ecosocialismo parte de que la crisis ambiental, detener el calentamiento global, salvar a la especie humana y las otras con la cual convivimos en la casa común implica crear otro modelo social. El capitalismo con su regla esencial de maximización de la ganancia lleva al mundo a la catástrofe, la lucha por la tierra y nuestra sobrevivencia esta unidad a la lucha anticapitalista.