Por Julio Arrieta

No todo pasó en los cuatro años del gobierno macrista. Durante las sucesivas etapas de  neoliberalismo –gobernando o en la oposición-  fueron sedimentando residuos culturales, formadores de sentido común con matriz de centro derecha. Estos conjuntos de valores, creencias, mitos, se propagaron con mayor fuerza entre los sectores medios y medios altos por la incesante e inagotable operación mediática del periodismo adepto: tapas de diarios, editoriales, redes sociales, líderes de opinión televisivos, entre otras poderosas vías de control social. Suelen presentarse bajo formas superficiales de felicidad y armonía.

Este discurso público del neoliberalismo plagado de slogans, frases hechas, lugares comunes, fake news repetidos hasta el cansancio, ha ido formateando una mentalidad mercantil, reaccionaria, racista, antipopular, antiperonista, y ahora ¡anticomunista!

¿Cómo es posible este fenómeno de persuasión y autopersuación? ¿Es solamente por el miedo, el odio,  la necesidad de diferenciación?

Hay algo más. También es una cuestión de identidad y autoconvicción. Las frases emblema, también son utilizadas como contraseña de identificación entre los sujetos afines. “Se robaron todo”, profiere uno, a lo que otro responde:“todos en cana tienen que estar”. Repitiendo un mantra anti “K” para zombies, se  inicia  un diálogo irreflexivorobótico y circular: “los K se robaron un PBI” o “Macri es millonario, no necesita robar”.  Ante un argumento en contra,  la reacción es de extrema terquedad: “no me importa lo que Ud. diga, para mí es cierto”;  “me lo dijeron” o “todo el mundo lo sabe”.   Pueden surgir también respuestas verbales y físicas muy agresivas contra periodistas, como las vistas en actos macristas ante preguntas como “¿por qué está Ud. en este acto?”. Frente la confrontación, sucede el berrinche gorila.

Se puede agregar un componente más de la mentalidad aludida: la escasa o nula información y cultura política. Dice Ignacio Ramonet que la información sin esfuerzo (breves visitas a TN, C13, radio Mitre, o unas miradas a las tapas de Clarín) es ilusoria y deja al sujeto a merced de la acción mediática[i]. El resultado es el de una construcción incompleta de la ciudadanía.

La adhesión a la antipolítica contribuye a la proliferación del discurso antipopular. Con frecuencia se escucha hablar “por boca de ganso” y se hace evidente la pobreza  de las “fuentes”:   “me lo dijo un cliente, al que se lo dijo un amigo…”.La despolitización cultural ocasiona una simplificación de la  palabra.

Las creencias recurrentes y la pertinaz adhesión a los temas de la agenda anti K

Detrás de las repetidas frases hechas y los lugares comunes subsiste una ideología sustentada en un sistema de valores. Por ejemplo, la porfiada creencia de que lo que les está faltando a ellos como capacidad de consumo o déficit de patrimonio, está en los gastos inútiles del Estado.

El “pagamos impuestos para mantener vagos” de los ´planes sociales, subsidios, etc. es  repetido como si  los pobres no pagaran impuestos. ¿Qué es el IVA entonces? Otro: “los que no trabajan es porque no quieren”: se mira el desempleo como si fuera solo culpa del desempleado y, por otra parte, también del excesivo peso de los impuestos en la taquilla del empresario,

Otra obsesión alineada a la idea del fastuoso gasto del Estado, es la de “bajar el costo de la política”. También aquí aparece la recurrente ilusión casi física, de la mano del Estado escurriendo arbitrariamente monedas de sus bolsillos. Parafraseando a Javier González Fraga, podría decirse que “se creen que con sus modestos emolumentos pueden solventar los gastos fiscales”

Sostenido en los patrones del más extremo individualismo neoliberal surge el estandarte de la “meritocracia”, o sea, un ideal de crecimiento personal, de éxito en la lucha por la supervivencia basado exclusivamente en el esfuerzo propio, independiente de la desigualdad de oportunidades y de la existencia de las relaciones de clase.

La necesidad de encarcelar opositores, la escena mediática y la “doctrina Irurzun”

La política de lawfare, fue utilizada durante el gobierno macrista con el propósito de saciar el hambre de ver opositores presos y provocar un repudio popular contra el adversario, manipulando procedimientos judiciales con apariencia de legalidad. La llamada “doctrina Irurzun” permitió aplicar prisión preventiva sin condena firme por suponer que el acusado dispone de un inventado  “poder residual”, capaz de entorpecer la marcha de la causa). Comunicación y acciones basadas en la “lucha contra la corrupción” –un clásico antipopulista- fueron desplegadas por el ejecutivo de manera sistemática y sin límites. La escena mediática de la policía  y los detenidos con casco y chaleco antibalas o apresados en su domicilio con ropa de cama, reproducida hasta el cansancio en tapas de diarios y noticieros de TV fue recibida con regocijo por todo el público anti K.

Para aguarse la boca. El proyecto de extinción de dominio, resultó mientras duró, un jugoso manjar para los insaciables paladares anti K. Significaba la posibilidad de pasar a favor del Estado la titularidad de los bienes presuntamente obtenidos ilícitamente por los acusados de delitos de corrupción, narcotráfico y otros, -pero sin necesidad de condena, otra vez- mientras estuvieran siendo procesados. Por suerte no prosperó. En síntesis, el DNU con el que se quiso imponer no fue aprobado y el tratamiento parlamentario del proyecto de ley se fue diluyendo con el tiempo. Aunque se presentó como instrumento de la justicia en la lucha contra el delito, esgrimiendo innumerables y loables fines benéficos para el destino de los bienes incautados, fue quedando en evidencia el  verdadero propósito de persecución política en el sistema judicial. Habría que imaginarse qué hubiera sido este instrumento en manos del juez Bonadío.

Otra fuerte adhesión del público en cuestión, a temas de la agenda macrista lo evidenció la política de mano dura o de demagogia punitiva. El caso Chocobar, el policía que mató por la espalda a un presunto delincuente se convirtió en ejemplo nacional y heroico por el apoyo del propio presidente Macri quien lo recibió en su despacho y la prédica de la entonces ministra Bullrich. Este hecho fue tapa de los diarios y logró reforzar una creencia fuertemente arraigada en los adeptos macristas y las fuerzas de derecha en general. 

La amenaza conspirativa y la consagración del delirio

Al inicio del gobierno de Alberto Fernández, y acentuadas por la cuarentena, desde la oposición M comenzaron a difundir-apelando al casi ancestral miedo a lo popular- especies lindantes con el delirio de un supuesto “autoritarismo chavista” y una suerte de  marcha hacia el “comunismo venezolano”. Se supone que la derrota electoral del macrismo ante el Frente de Todos condujo esta estrategia de desgaste y esmerilamiento continuo, como forma de oposición ante la carencia de argumentos valederos.  Una muestra de este estilo opositor fueron las ya conocidas declaraciones de la senadora de Cambiemos, F. Beccar Varela.

Durante y luego de los conocidos episodios de la persecución y muerte de Santiago Maldonado y Joaquín Jones Huala, el macrismo levantó la existencia y presunto accionar de la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), una misteriosa guerrilla de la que poco se sabe sobre su operaciones y su verdadera dimensión, aunque desde el gobierno macrista la señalaban como un gran peligro en el sur argentino.En un artículo publicado por Clarín,el periodista Jorge Lanata llegó a decir de la RAM: Según el Ministerio de Seguridad, la RAM recibe financiamiento y apoyo logístico de las FARC colombianas y de grupos extremistas kurdos de Turquía”. La entonces ministra de seguridad Bullrich había declarado al canal TN que la RAM estaba financiada por una organización inglesa, y luego que era apoyada y financiada por el Partido de los Trabajadores de Kurdistán, la ETA, el IRA irlandés, las FARC colombianas, la agrupación La Cámpora y la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo.

Por supuesto que en las filas del macrismo existe una minoría de  cuadros políticamente formados, en general en posiciones de liderazgo o militantes. Con estos sujetos  es posible la discusión y el anhelado “intercambio de ideas”. Dentro del disenso, hay argumentos. Pero no se trata de la incomprensible masa votante del neoliberalismo.

 

[i] En: Sebastián Plut,, “Cinismo, hipocresía y fake news” (16-01-2020). Página 12. Chomsky, N. y Ramonet, I.; (1995) “Cómo nos venden la moto. Información, poder y concentración de medios”, Ed. Icaria.

Graciela Amescua, “Hegemonía y neoliberalismo: construcción de sentido común durante el gobierno de cambiemos”, (2019). Sociales y virtuales.UNQUI.