Por Gonzalo Alliegro

En 1963 se presentan los carabineros en un local del «Cine Corso»con una orden del Procurador de la Republica de Roma, el Doctor Giuseppe De Gennaro, para incautar una copia del film colectivo «RO.GO.PA.G»(El título del film responde a las siglas de sus directores: Rossellini, Godard, Pasolini, Gregoretti) y contiene el episodio «La Ricotta» por el cual, Pier Paolo Pasolini es condenado  a 4 meses de prisión por «vilipendio a la religión del Estado», condena de la que será absuelto en instancias de apelación. Cuando el poeta escucha la condena en primera instancia desata la polémica en público, acusando al Magistrado de condenarlo por ignorancia, por no comprender la religión y lo desafía a un debate público. Muchas eran las escenas del film que indignaron a los censores y están prolijamente detalladas en el expediente judicial , pero la herejía que había desatado tal furia por parte del poder asociado a las altas esferas eclesiásticas era la crucifixión de su personaje principal: «Stracci» es un subproletario Romano que se las ingenia de mil modos para llevar el pan a su familia. Como figurante de una producción cinematográfica en las afueras de Roma debe interpretar a uno de los ladrones condenados junto a Jesús, pero su destino trágico lo hará protagonizar la «Pasión de Cristo» en carne propia, y mientras trata de recordar sus líneas muere en la cruz ante toda la troupe y la mirada indolente del Director. Este último, interpretado por Orson Welles, sentencia sobre el final: «Pobre Stracci, morir era el único modo de demostrarnos que también él estaba vivo»

 

La visibilización de un subproletariado del que nadie daba cuenta en tiempos de milagro económico era el tema primordial en Pasolini,  primero de su obra literaria y luego de su  cinematografía. La persecución a la que fue sometido desde siempre, tanto en esferas judiciales como políticas, enmascaraba bajo las formas de indignación moral o religiosa, una preocupación mayor por la contundencia de su mensaje político. La clase de los «olvidados» que representaba Stracci debe morir crucificada para dar cuenta de su existencia mientras en la centralidad se erige un nuevo Imperio , el de la modernización de los medios de producción, la glorificación del consumo de masas y  la homologación cultural del pensamiento. Lejos de amedrentarse ante sus acérrimos y poderosos enemigos, el poeta Friulano profundizará a posteriori su formidable, original y profundamente sentida interpretación de las sagradas escrituras, hasta el punto de aventurarse, sin medir consecuencia alguna,  a predicarlas en el desierto.

Llegará entonces en 1964 «El evangelio según Mateo», tal vez el mejor film jamás realizado sobre la vida de Jesucristo, dedicado a la memoria de Juan XXIII, y con gran aceptación popular. Millones de Italianos salen del cine conmovidos por esta lectura canónica del Evangelio en clave Neorrealista, que en proyecciones privadas ya habían  visto algunos sacerdotes y teólogos, sorprendidos por el tono verás y humano con el que Pasolini había interpretado conceptos y palabras  antiguas y sacras, perturbados por la identificación con ese Cristo que proponía un intelectual Marxista, ateo y de dudosas costumbres morales. Pasolini aniquilaba toda posibilidad de pensamiento dicotómico en cualquier tema que abordase, su genio reside allí y su actividad cinematográfica se hace fuerte en ese mismo lugar, más aún que su actividad literaria. Sus apariciones mediáticas casi siempre eran pelotones de fusilamiento que Pier Paolo revertía con su dialéctica exquisita, pronunciando un Italiano florido, con voz suave y contundente. Aquí desarrollaba una de sus mayores habilidades, la de instalarse en el centro del Poder a cuestionar al Poder, instalado en Cinecittá, el «Corriere della Sera», la televisión, accionaba estando dentro y fuera, contemporáneamente.  En ese contexto, su confianza en el éxito que podría tener el film se basaba en el conocimiento del público al que pretendía llegar, que nunca fue la elite «clásica» si no la masa, ese obrero que por obra y gracia de la televisión,  advertía él que comenzaba a utilizar un lenguaje que no  era el propio y a adoptar  costumbres de automatización consumista y alienada. De tal modo , «El evangelio según Mateo» (y no «San» Mateo) es la historia de un hombre que nace pobre, víctima de una sociedad indiferente y triunfa a pesar de todo, en un mundo de ricos, adquiere fama y devoción por parte de su pueblo y del mundo entero, trasforma las conciencias en pos del bien común e impone nuevas reglas a quienes detentaban ser los inventores de códigos y leyes. Su Cristo tiene mucho de héroe cinematográfico y de líder popular, vital y dinámico, enfrenta obstáculos, los supera, nunca se detiene mientras la gracia de la resurrección aporta el final feliz que consuela al espectador.

El más Gramsciano de los pensadores se define entonces como el más relevante intelectual Católico, comprendiendo al mismo tiempo la esencia del pensamiento religioso, y los limites de la filosofía materialista. En el mundo Pasoliniano esto no es una contradicción, en tal caso lo es internamente y de modo personal  en  los años de su juventud, allí resuelve que  la insuficiencia del marxismo para reflexionar en torno al problema de la muerte, el «sentirse cadáver» como él mismo se expresaba, lo acerca de manera inevitable a interpelar a Dios. Más allá de la fascinación literaria que lo atrae a leer el Evangelio, más allá de las razones socioculturales que lo emparentan al sentir católico, claro está que Pasolini es Italiano y eso siempre es indisoluble de la tradición Cristiana, mas allá de todo esto, la reflexión en torno al pensamiento espiritual desarrollada especialmente en el periodo inicial de su obra cinematográfica, coincide con la esencia más profunda del sentimiento católico: no es el hombre el que va en busca de Dios, si no que es Dios quien va en la búsqueda del hombre, y hay que estar preparados para recibirlo. «Está escrito que mi casa será casa de oración, pero ustedes la han transformado en una cueva de ladrones», exclama con firmeza el Jesús del film de  Pasolini , tratando de despertar las conciencias de un pueblo abúlico y mercantilizado. Es allí donde el primero de los cuatro libros sagrados se deja narrar en clave contemporánea, donde la identificación de Cristo con el autor se vuelve inevitable, en la solitaria pero fervorosa militancia intelectual y política del poeta durante los procesos de trasformación de la sociedad Italiana, en la temprana década del 60. La perdida de lo «sagrado» es una de sus mayores preocupaciones, entendido esto como una mirada religiosa de las cosas, no confesional ni mucho menos eclesiástica, pero siempre contrapuesta a la ferocidad con la que el progreso imponía desde la televisión nuevos valores asociados al consumo, al conformismo de un pequeña burguesía que adoptaba según él, a la publicidad como un nuevo Mandamiento.

 

El 2 de noviembre de 1975, Pier Paolo Pasolini protagoniza finalmente su propia crucifixión. La fisicidad con la que había protagonizado sus múltiples actividades, una corporeidad que potenciaba la fuerza de su discurso, tanto en sus apariciones cinematográficas como en sus tantas y memorables alocuciones mediáticas, está también exacerbada en el trágico episodio de su muerte. La persecución social , judicial y política a la que había sido sometido a lo largo de su vida se extiende en las morbosas exposiciones de su cuerpo masacrado brutalmente y en el oscuro tratamiento del caso policial que investigó su espeluznante asesinato. A su muerte la precedió una larga agonía, el peso de su cruz se había vuelto insoportable y su último aliento lo encuentra sumido en el barro de las calles de la periferia de Roma, allí donde había comenzado su predica en favor de los más desprotegidos, su búsqueda de la belleza en el mundo del subproletariado y donde se habían hecho carne sus pensamiento y sus actos. No sabemos cuanto tiempo tardó exactamente en resuscitar,  pero sin lugar a dudas  su espíritu está hoy más vivo que nunca en un mundo que, avergonzado, reivindica la lucidez de su pensamiento filosófico y observa impávido el cumplimiento inexorable de sus más temidas profecías.

 

Gonzalo Alliegro se desempeña como Editor, Productor audiovisual docente ,historiador y divulgador de temáticas relacionadas con la historia del cine, que incluyen la realización de cursos y ciclos de cine debate. (UBA Facultad de Derecho – Extensión universitaria, Sociedad Italiana de Tigre, Espacio Cultural García)