Por Oliverio Jitrik

Las imágenes tomadas por el equipo de C5N, refugiado momentáneamente en su vehículo del embate de los energúmenos que merodearon el Obelisco el 9 de julio, permitirían que la ley identifique e improbablemente les haga pagar por los daños a los vidrios de la furgoneta, porque la sonada amenaza proferida de miedos futuros no pasa de eso, de una amenaza verbal. No esperaremos siquiera una citación a que el obnubilado sujeto que la emitió declare, identificado –aparentemente- como un concejal del PRO pero que únicamente sostiene, como posibilidad de coartada, haber estado justo en la marcha de “odiadores seriales” homóloga en su progresista Entre Ríos.

De paso, el auténtico concejal acusa a la sobada “La Cámpora” de ser instigadores de esta injustificada puesta en evidencia, pues todo se trataría de una infeliz coincidencia: el ser especular del Obelisco sería solamenteun sosías inverosímil, con el que nomás coincide en la forma de la cara, la distancia interocular, las patillas y en sus orientaciones ideológicas, resultando en realidad el vociferante mucho más tibio,a juzgar por el prontuario del verdaderoOdiard,ése es su apellido, un importante alcahuete de Macri en Entre Ríos, entre otras lindezas.

Se comentó profusamente la graciosa contigüidad de su apellido con las conductas que inevitablemente afecta esta banda de anticuarentenas new age, macristas, y demás limitados de toda laya que ahora compartían su ardor en la plaza de La República.

Es muy posible que Mempo Giardinelli tenga razón y sea de mayor provecho desatender a estos grupitos de alborotadores que siguen siendo ínfimos en comparación con los que realmente pueden tomar las calle en la Argentina cuando sea estrictamente necesario. Pero no se trata de únicamente evaluar su escaso número sino de la difusión de sus actitudes a una capa más amplia cuyo límite teórico sea, grosso modo, el 41% de votos de Macri en octubre. A juzgar por los escasos repudios a la violencia del 9 por parte de la oposición, no parece que sientan que Odiard o el pseudo Odiard no los representa cabalmente.  Lo confirma una vez más la carta de los periodistas M, una oda al cinismo más obsceno, y compite con la de los 300 “intelectuales” M –que, efectivamente,incluía a la autopromocionada Sandra Pitta, es verdad- o la carta de Cambiemos producto del madruguete de Patricia Bullrich.

Esta vez aparecen nuevamente “preocupados”, conmovidos por “la República”, porque se está “atentando contra la libertad de expresión”; esta estrategia,ya muy evidente en estos comunicadores, delata la intención de instalar una especie de relatividad galileana que supone que todos los sistemas de referencia de valores son equivalentes, y que lleva como corolario al infantil postulado de que “todos los políticos son iguales”.

Laje -conductor del canal A24-, cuasi virginal y etéreo se altera por la designación de “mafia macrista” (se descubre que le molesta porque es un oxímoron) que le cuelga el diputado Tailhade al grupo que, por justificar sobradamente tal designación, se ha cansado de denunciar, pero Laje no alude ni por error a estas causas, ya sea porque pone nuevamente sus extrañas afinidades por delante de la ética periodística o ya como firme cultor de una franca bufonada delirante: es muy condenable para él decir “mafia macrista”, pero los dichos irrepetibles del diputado Fernando Iglesias están amparados sobradamente por la “libertad de expresión” y “formas de pensar”, etcétera (…).

Táctica similar es la que enarbola Majul: Cristina ahora viene por todo, está claramente ejecutando una venganza. Nunca discute Majul si esta hipotética venganza es gratuita e injustificada o sólo un malentendido. Expone el acto de vengarse como perverso en sí, sin discusiones, y califica de abominable la reacción por sobre las acciones que, en consecuencia, tácitamente reconoce. La venganza desempeña el papel de “la mafia macrista” de Laje. Majul prácticamente está reconociendo todas las bajezas del macrismo, de sus difusores y de sus cómplices, y se cura en salud porque tiene miedo. Una venganza ejecutada motiva al buen policía a buscar qué fue lo que la causó. ¿Será la traición a la patria?